Después de la ruta y una reconfortante comida era el turno de dar una vuelta a ver que encontrábamos. Estábamos en la playa de Villardeciervos participando, como cada verano, en las XXVII Convivencias Medioambientales que se celebran en Puebla de Sanabria (Zamora) tituladas este año “Isla tuerta: la venganza de Henry”, organizadas por la Asociación De campamento por Puebla, en las que la naturaleza siempre está muy presente y, ese día, no iba a ser menos.
Nos movíamos por la playa en busca sobre todo, de libélulas o caballitos del diablo, cuando vi un ave que llegaba volando casi a ras de agua desde el centro del embalse. “¿Qué es eso?” atiné a decir según la vi acercarse cada vez más hasta la playa llena de gente, rápidamente me acerqué hacia donde estaba a punto de aterrizar para verla llegar: “¡¿Un morito?!”.
Era un joven morito que, exhausto, se posó en una de las esquinas de la playa ante la indiferencia de bañistas y paseantes que seguían a sus quehaceres veraniegos. Hicimos un pequeño semicírculo de seguridad para que no se acercara nadie demasiado a molestar al cansado morito que no hacía nada, solo descansaba.
Nos quedamos en la orilla y comenzó el descubrimiento por parte de los niños del campamento que hasta allí se habían acercado, de lo que era un morito. Las preguntas comenzaron a surgir raudas y veloces de sus despiertas mentes: ¿Qué pájaro es ese? ¿Qué hace aquí? ¿Para qué quiere ese pico? ¿De dónde viene? Acompañadas de frases de sorpresa o intriga “¡Qué colores tiene cuando le da el sol!”. “¡Vaya patas que tiene!”. “¡Y el pico tan raro!”.
Mientras tanto el morito había comenzado a comer todo lo que podía encontrar. Estaba hambriento. Muy hambriento.
Según les iba explicando todas sus preguntas la gente comenzó a darse cuenta que algo pasaba y los curiosos comenzaron a acercarse para ver a ese extraño pájaro que comenzó a despertar la intriga de los que hasta allí se aproximaban. Las preguntas que acababa de contestar a los niños comenzaron a ser contestadas por estos a la gente que curiosa se acercaba. Era fascinante ver como explicaban contentos lo que estaba ante sus ojos.
Qué importante es la divulgación. Qué importante es dar a conocer la naturaleza más cercana, ese maravilloso tesoro que tenemos a nuestro alrededor y que muchas veces pasa completamente desapercibido.
Educación ambiental. Dos palabras maravillosas que deberían de formar parte de nuestra vida así, como están, juntas. Educar a los niños y jóvenes en el respeto y cuidado del medio ambiente se puede hacer desde muchos puntos de vista y desde diferentes ángulos. Educar es una tarea apasionante y educar en el medio ambiente que nos rodea lo es más.
La educación ambiental es enseñar, a todo aquel que quiera escuchar, todo aquello que nos rodea, es hablar de una forma clara, sencilla y comprensible para todos los que escuchan de lo que tenemos a nuestro alrededor y de su importancia. Eso estaba sucediendo. Ver que los niños contaban entusiasmados a los adultos que preguntaban por aquel extraño pájaro también es educación ambiental.
Ver cómo les decían “Es un morito”. “Aquí no hay. Viene del sur de España”. "Mira para arriba porque ha pasado un milano y puede ser una amenaza". “El pico lo utiliza para comer metiéndolo en la arena”. “Esos tonos verdes son por los reflejos del sol”. “Mira como está comiendo después de descansar. Necesita coger fuerzas y seguir su viaje”. “Es un joven que se habrá despistado”. “Las patas y dedos tan largos los utiliza para moverse en las orillas entre hierbas”. “Después de comer se está lavando y acicalando el plumaje”.
El morito continuaba tranquilo, los niños no dejaron que nadie se le acercara demasiado y lo molestara o espantara. Muchos de estos niños nunca van a olvidar ese día. Vieron a un morito por primera vez en su vida, muy cerca y ayudaron a que nadie lo molestara y a contar lo que era, lo que estaba haciendo y por qué había que dejarlo tranquilo. Eso también es educación ambiental.
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