sábado, 31 de marzo de 2018

Urracas y críalos.

La urraca es una de las aves más conocidas. Es una de las aves más odiadas y más admiradas a partes iguales. Es un ave inteligente, despierta, activa. Es un ave que genera todo tipo de controversias con una enorme mala fama que ha derivado durante siglos en su persecución. Es un ave que aprovecha todo lo que tiene alrededor para sobrevivir, todo lo que tiene a su alcance lo utiliza para sacarle provecho, es su manera de salir adelante.
En esta época está en plena construcción de sus nidos. Nidos que son una pequeña fortaleza inexpugnable que construye con un enorme cuidado y esmero siguiendo un diseño que ni el más afamado estratega militar hubiera planeado.
La urraca es desconfiada y protegerá a sus crías de los depredadores (incluidas otras urracas) con todo lo que tenga a su alcance y, la primera manera, es la construcción del nido.
Elegirá un lugar alto en un árbol que, en unas semanas, se cubrirá de una espesa capa de hojas ocultándolo lo máximo posible. Cuando ha encontrado el lugar idóneo comienza la construcción. Al principio parecerá otro nido más, es decir, construirán una especie de cazoleta con palos y ramas entrelazados para darle la característica forma de media esfera, como un cuenco que tapizaran con lo que tengan más a mano, desde barro hasta boñigas de vaca. Hasta aquí todo normal, sería un nido más, muy bien construido y rematado pero, las urracas, tiene una estrategia que va más allá.
La siguiente fase de construcción es empezar a cubrirlo por los laterales, comienzan a levantar una especie de columnas a los lados que van subiendo hasta convertirse en un arco quedando el centro al descubierto, ya tienen la base de su siguiente fase, cubrirlo con una cúpula.
Sobre este arco van cerrando toda la esfera con una cúpula para que el nido normal, como el de cualquier ave, quede completamente cerrado y cubierto como si fuera una gran bola esférica de un perfecto entramado de ramas entrelazadas.
Pero aún hay más ya que la entrada y salida del nido es secreta, es decir, no hacen una entrada que se vea como sucede con la entrada al nido de un moscón. No. Ellas camuflan la entrada para que no se sepa por donde se entra y, solamente la pareja de urracas, conocerá cuál es el acceso y salida de su pequeño castillo-fortaleza-bunker-nido.
Han construido una inexpugnable fortaleza en la que sus pollos permanecerán a salvo de cualquier depredador además de estar cubiertos del frío, del viento o del calor.
Solamente hay dos posibles problemas a tanto esmero, cuidado y perfección en la construcción de su nido. Dos aves pueden poner en peligro a sus pollos: el críalo y otra urraca.
El críalo, curiosa ave que, junto con el cuco, son las dos únicas que no hacen nidos y no crían a sus pollos, sino que se los dejan a otras para que se los críen. El críalo (de nombre premonitorio. “Críalo tu que yo me canso”. Su nombre no es por eso, sino por el sonido que hacen) suele poner sus huevos en los nidos de las urracas. Si tiene la oportunidad intentará dejar un huevo en el nido de las urracas. Urracas que permanecen alertas y en tensión desde el momento que los ven aparecer por su zona.
En una ocasión pude observar la sofisticada estrategia de una pareja de críalos para conseguir su objetivo.
Una pareja de urracas se afanaba en la terminación de su nido, entrando y saliendo en un constante ajetreo mientras, un críalo, las observaba atentamente. Estudiaba todos sus movimientos. Esperaba su oportunidad. En un momento determinado se aproximó y, las incordió tanto, que salieron volando detrás de él.
Me sorprendió que cuando lo perseguían no hacían ruido, algo muy raro para estas escandalosas aves; más tarde, leyendo libros di con la solución. Lo hacen para no llamar la atención de otras urracas o córvidos y así no indicarles que están dejando el nido sólo, dejándolo vulnerable con vistas a un posible ataque.
El caso es que las dos salieron tras el críalo y, mientras, otro críalo salió de su escondite (ni siquiera lo había visto). Entró en el nido de las urracas. Era la hembra y, seguramente, puso un huevo. Terminó y salió a toda velocidad. Cuando volvieron las urracas ya se había ido. La estrategia había sido perfecta. Habían conseguido su objetivo: despistar a las urracas para conseguir dejar en el nido su preciado huevo.
Huevo que las urracas acogerán como suyo y cuidarán hasta que eclosione. De ese huevo nacerá un pollo de críalo antes que los pollos de urraca, de tal manera que cuando las pequeñas urracas nazcan, el críalo tendrá suficiente tamaño, peso y fuerza como para eliminarlos ya sea aplastándolos o impidiéndoles comer, quedándose solamente él, el único superviviente que recibirá todos los cuidados de sus padres adoptivos.
Padres adoptivos que les seguirán cebando incluso fuera del nido como hacía la pareja de urracas con este joven críalo de las siguientes fotografías.
Los críalos, aparte de ser un poco jetas, cumplen con la función de regular a las urracas ya que limitan los pollos que puedan criar. En definitiva un ave que junto con el cuco utiliza a otras para que les cuiden los hijos.
Un nido de urraca abandonado es una buena estructura para un posible nido de otras aves, como sucede, en muchas ocasiones con el búho chico. Ave que no hace nido sino que reestructura un nido abandonado de urraca para poder criar a sus pequeños, como en la siguiente fotografía en la que aparece uno de los pollos de búho chico que nació en un antiguo nido de urraca.
Las urracas. Esas aves conocidas, odiadas y admiradas que se encuentran en estos días terminando la construcción de sus pequeñas fortalezas de cara a la inminente temporada de cría.

viernes, 16 de marzo de 2018

Jóvenes lobos a punto de dispersarse.

Seis preciosos lobos jugaban tranquilamente entre los brezos. Eran jóvenes lobos que estaban afianzando relaciones, estatus y jerarquía entre ellos. Se perseguían. Saltaban unos encima de otros. Se mordían simuladamente. Corrían de un lado a otro en un maravilloso espectáculo.
Agradezco enormemente a Fernando García prestarme
 sus fotografías para ilustrar esta entrada.
Eran jóvenes lobos que comienzan la época más crucial de su vida. El momento en el que van a empezar a dispersarse, un momento muy peligroso en la vida de un lobo. Momento en el que son muy vulnerables. Momentos en los que la mortandad es muy alta. Momentos en los que las cacerías y carreteras afectan de una manera fatídica a la vida de estos jóvenes lobos.
Los seis jóvenes lobos emprendieron la marcha por un camino. En hilera. En una fila muy lobera en la que todos siguen la misma senda, en la que sus huellas se confunden y es difícil saber cuántos ejemplares van caminando.
De repente, comenzaron a desplegarse en abanico, ¿que hacían? Nos dimos cuenta que a unos cientos de metros un pequeño grupo de ciervas estaban atentas, con las cabezas levantadas y las orejas tiesas. Olían el peligro. Olían a los lobos que se habían desplegado de dos en dos. Dos fueron por la izquierda de las ciervas. Dos a la derecha y los otros dos dieron un rodeo por encima de un pequeño pinar. La estrategia estaba diseñada. Comenzó el intento de caza. Los dos lobos de la izquierda fueron los encargados de acosar a las ciervas para llevarlas hacia los dos lobos de la derecha que las esperaban a la entrada del pinar. La persecución se desarrolló a toda velocidad. Los lobos querían que las ciervas no entraran en el pinar o si lo hacían sacarlas rápidamente de allí hacia los otros dos que estaban esperándolas fuera, por la parte alta.
Las ciervas corrían guiadas por la hembra experta, la mayor, la que marca el plan de fuga; gracias a esa cierva se salvaron ya que se les adelantó y se refugiaron en el pinar, donde es muy difícil que pudieran cogerlas; además, las ciervas, no salieron por donde querían los lobos, sino que corrieron por dentro del pinar para salir a campo abierto unos cientos de metros más a la izquierda, donde los lobos no podían alcanzarlas.
Los lobos habían fallado. Algo lógico en ejemplares jóvenes que están aprendiendo. Cazar se aprende. Las técnicas de caza se enseñan por parte de los lobos adultos y entre ellos, el macho reproductor, que es el que elabora y dirige toda la estrategia, ese macho dominante, no estaba en este grupo.
Los grupos de jóvenes lobos aprovechan las oportunidades. Habían visto una oportunidad en las ciervas pero no tenían la suficiente experiencia como para derrotarlas. A estos lobos jóvenes es normal verlos cazar topillos en cualquier pradera. Lo hacen de una manera muy similar a la forma de cazarlos de un gato montés o de un zorro. Se quedan quietos, se tensan y dan un gran salto para caer en picado sobre el topillo que, en la mayoría de las ocasiones, se escapa. También persiguen conejos o liebres que comprueban la tremenda velocidad de un lobo a la carrera.
Estos jóvenes lobos, cuando continúan unidos, conforman un grupo que se mueve por el territorio. Territorio por el que cazarán en compañía de los adultos, aprendiendo de ellos, o irán solos y aprovecharán cualquier oportunidad o debilidad de ciervas, corzos o jabalís; un fallo es su sentencia de muerte como la acción que tuvieron ocasión de ver dos grandes amantes de la naturaleza y amigos, Fernando y Alegría que nunca habían visto cazar a los lobos y tuvieron la suerte (suerte que buscan porque sino no aparece; es como la famosa frase de que la inspiración te tiene que pillar trabajando) de presenciar como seis lobos jóvenes levantaron a una cierva con su cría del año y, tras una persecución corta, rápida y fulgurante la cría cometió un error que le costó la vida, se tropezó en su huida, cayendo al suelo. Un fatal error que el grupo de jóvenes lobos aprovechó sin dudarlo. No fue una cacería organizada, fue aprovechar la ocasión y en eso, los lobos, son verdaderos expertos.
Continuaron su camino. El reconocimiento de su territorio. El lugar que próximamente la mayoría de ellos abandone para siempre y comience una época peligrosa de vagabundeo que puede durar meses, años o toda la vida. Unos tendrán la suerte de conseguir un territorio propio. Otros de entrar a formar parte de otra manada. Algunos vagabundearán toda la vida y otros morirán en el intento. Así es la vida de un lobo joven. Incierta y peligrosa.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Un buen día: nutria y búho real.

Se han ido los ánsares y las lagunas de Villafáfila se han quedado sin su principal atracción del invierno. Ha sido la peor invernada de ánsares desde que se tienen recuentos, oficialmente no han llegado a los 3.000 pero, seguramente, hayan rondado los 5.000. Aún así la invernada de ánsares caretos ha sido espectacular; se han visto las mayores concentraciones de estos preciosos ánsares con una cifra record de 91 ejemplares vistos por J. Alfredo Hernández y yo el día 29 de diciembre de 2017.
Estamos en un periodo en el que los invernantes se han ido y todavía no han llegado la mayoría de las aves veraniegas así es que, el movimiento, era muy escaso en las lagunas. Ánade friso, rabudo, silbón y azulón, cerceta común, avocetas, tarro blanco…Toda mi atención la centraron los pequeños pajarillos. 
Pinzón real.
De entre todos me centré en un precioso grupo de unos 200 pinzones reales que se movían nerviosos de unos arbustos a otros; otro de más de 500 pardillos y un pequeño y variado grupo que se encontraba comiendo cerca del observatorio de Otero en el que se mezclaban pardillos, pinzones vulgares y reales, trigueros, jilgueros, gorriones chillones, estorninos, colirrojo tizón, lavanderas y unos 10 zorzales reales.
Zorzal real.
Nunca los había visto aquí y estuve un buen rato observando como se ocultaban entre las hierbas y buscaban su alimento. Se movían temerosos, en ningún momento salieron de la seguridad de las hierbas. Se agachaban, introducían el pico, escarbaban un poco y sacaban una larga lombriz que rápidamente se tragaban.
Como no había mucha actividad decidí cambiar de lugar y me fui hasta un enclave cercano en el que, seguramente, hubiera más movimiento. 
Por el camino no faltaron las preciosas e imponentes avutardas.
Vaya si hubo movimiento. Cerceta común, ánade friso, azulón, zampullín chico o focha común nadaban tranquilamente mientras garcetas grandes y garzas reales se tensaban en las orillas para lanzarse como verdaderos arpones en pos de cualquier pez que se les pusiera a tiro.
Garceta grande.
Cornejas y cormoranes pasaban volando mientras una pareja de arrendajos bebía agua en la orilla, un roquero solitario se asomaba curioso o alguna gaviota sombría se desplazaba por la zona. Las verdaderas estrellas fueron dos especies emblemáticas y preciosas: la nutria y el búho real.
Más de dos horas y media disfrutando de una pareja de nutrias es una auténtica maravilla. Verlas moverse, perseguirse, jugar, pescar, revolcarse en las hierbas o nadar alegremente es una verdadera gozada. Son animales activos, alegres y juguetones pero de fuerte carácter.
Siempre permanecieron juntas. Posiblemente fueran macho y hembra en su celo. Las nutrias tienen un celo especial ya que se les puede retrasar o adelantar en función de la climatología y la comida disponible; así el invierno pasado ya había nutrias que habían tenido a sus pequeños en febrero como sucedió con la triste historia de la pequeña nutria quemada (podéis recordarla pinchando aquí).
Anocheció y las cornejas se empezaron a poner nerviosas. Cada vez que pasaban volando por la ladera se lanzaban empicadas a un punto concreto. Allí debía de estar. Era automático. Corneja que pasaba se lanzaba a los árboles del otro lado de la ladera. Igual sucede con otros córvidos que marcan a un depredador, como cuando las urracas te están marcando la posición de un lince en mitad de la sierra.
Anocheció por completo y apareció volando desde una encina a otra. El búho real se mostró por fin.
Se posó en unas ramas altas y comenzó a mover su cabeza. Comenzaba su día, nuestra noche. Nuevas cornejas le molestaron y levantó el vuelo nuevamente pero esta vez nos sorprendió y vino directamente hacia donde nos encontrábamos. Con fuertes aleteos combinados con pequeños planeos y un silencio absoluto nos pasó por encima y se situó a escasos 30 metros de nosotros, en una repisa. No lo veíamos. Pasados unos instantes se volvió a levantar y deshizo el camino para volver a su ladera.
Es increíble verlo volar. Es un ave muy grande. Poderosa. Elegante. Fuerte y…silencio absoluto. El búho real es la mayor de las rapaces nocturnas. Su envergadura es de más de un metro y medio y es impactante verlo pasar muy cerca de ti.
No pudimos verlo nítidamente. Era de noche pero si disfrutamos de su presencia, de su poder, de su majestuosidad. Su silueta se marcaba en el cielo nocturno. Allí estaba. Comenzaba su día…nuestra noche. Fue un gran día.

lunes, 26 de febrero de 2018

Gangas ibéricas y avutardas.

La estepa zamorana es un paisaje llano, con ligeras ondulaciones, abierto y extenso que se ve salpicado de campos de cereal, girasol o colza con barbechos en los que los árboles y arbustos son muy escasos (hemos arrancado todos para favorecer las grandes extensiones de cultivo); en este ambiente nos encontramos con las aves esteparias. Aves que poco a poco han ido retrocediendo. Aves que se ven relegadas y amenazadas por unos factores que afectan en mayor o menor grado a todas; factores como la destrucción de polladas al trabajar la tierra (siega, roturación), disminución de barbechos, aumento de los regadíos, utilización incontrolada de productos químicos, la caza o la desaparición de las linderas en las que se podían refugiar o criar hacen que su cantidad haya descendido a números preocupantes y, su amplia distribución de hace años, se haya visto reducida muy sensiblemente a zonas muy pequeñas en las que intentan sobrevivir. La presencia de estas aves esteparias es un indicador fiable de que un territorio es más sano y equilibrado.
De dos de estas aves esteparias pude disfrutar a la vez, juntas, algo que, por desgracia, cada vez es más difícil. Es una reminiscencia del pasado. Una imagen que en otros tiempos podía ser habitual ahora mismo es francamente muy extraña: gangas ibéricas y avutardas.
Sabía por la zona en la que se movían las gangas así es que comencé la búsqueda meticulosamente, observando los campos planos y pelados salpicados por montones de piedras que se han ido retirando, durante generaciones, de los campos de cultivo, que ahora sirven de atalaya o refugio a diferentes aves como mochuelos, busardo ratonero, cuervos o milanos.
No aparecían. Volví por el mismo camino y nada. Me dirigí hacia otra zona y no aparecían, así es que decidí marchar, no podía estar más tiempo pero, la naturaleza te sorprende en cualquier momento y, justo cuando me iba, el grupo apareció en una de las tierras por la que había pasado dos veces anteriormente.
Allí estaban. Comiendo. Tranquilas y, para mayor sorpresa, un grupo de 36 avutardas estaban pasando justo por detrás de ellas. Una imagen sorprendente y, por desgracia, de otros tiempos, recordemos que se encuentran en el Libro Rojo de las aves de España con la categoría de "vulnerable".
La ganga ibérica parece creada por un diseñador de renombre. Su gama y disposición de colores la hace especial, diferente y muy vistosa. Estaban entre las pequeñas hierbas, agachadas, a ras de tierra. Se desplazaban pegadas al suelo; machos y hembras se entremezclaban en una ida y venida en busca de comida mientras varias calandrias cantaban en las cercanías o se perseguían correteando.
En esta fotografía, tomada en otra ocasión, en el mismo lugar,
se puede apreciar su belleza.
Esta preciosa ave esteparia solamente se puede encontrar en una zona muy pequeña de Zamora, lugar que es como un santuario ya que ha pasado de estar ampliamente distribuida a una pequeñísima zona al suroeste de la provincia. Entre 8.000 y 11.000 ejemplares se estiman en toda España; entre 250 y 400 ejemplares es la población estimada en Castilla y León, y entre 30 y 50 la estimada para Zamora (Según los datos de la Junta de Castilla y León), pues bien, pude ver un total de 47 ejemplares en dos grupos: uno de 35 y otro de 12; es decir, casi la totalidad de la población de la zona.
La luz era muy mala y la distancia considerable pero verlas
es una auténtica maravilla.
Verlas es una auténtica delicia para los sentidos; sus colores, su disposición y su escasez hacen de su observación un auténtico privilegio y más si se ven junto con la gran ave, la más pesada que puede volar, la avutarda.
La reverberación era tremenda.
En esta zona había visto avutardas pero tantas juntas, nunca. 36 grandes avutardas se movían buscando comida. En nuestro país se encuentra más de la mitad de la población mundial.
En España se estima una población de entre 24.000 y 26.000 ejemplares, de los cuales alrededor de 10.000 se encuentran en Castilla y León y, de ellas, 4.000 en Zamora.
Los números de las avutardas son mejores que los de las gangas ibéricas. Estas aves se mueren, las estamos dejando desaparecer. Cometeríamos un error imperdonable si dejáramos que continuaran bajando sus números hasta su extinción. ¿No podría haber un programa para que estas preciosas gangas ibéricas no desaparecieran? ¿No se podría hacer algo?

miércoles, 7 de febrero de 2018

Árboles singulares en la provincia de Zamora

En los primeros tiempos de este blog hice un pequeño recorrido por aquellos árboles que, por unas razones u otras, consideraba singulares o importantes dentro de la provincia de Zamora. Árboles que tenían historias peculiares, curiosas o que estaban abandonados u olvidados. Árboles importantes. Árboles de cientos de años que han visto pasar la vida a su alrededor. Árboles que han sobrevivido a mil y un avatares de la historia. Árboles que son unos verdaderos supervivientes y que merecen ser recordados o puestos en valor. Era hora de recordarla y de ampliar o adaptar su contenido.
Un árbol es vida. Un bosque es un mar de vida. Los bosques ocupan el 30% de la superficie de La Tierra, en ellos se contiene el 80% de la biodiversidad de nuestro planeta y, cada año, se pierden 13 millones de hectáreas, casi la totalidad de las hectáreas arbóreas existentes en España (tenemos 14,4 millones de hectáreas).
Un bosque es un conjunto de biodiversidad, un conjunto de seres interrelacionados que dependen unos de de otros y, si alguno tiene alteraciones graves, el resto sufrirá las consecuencias. Dentro de este conjunto de seres vivos quiero centrarme en los árboles y, en este caso, en los árboles singulares que tenemos en la provincia de Zamora. Árboles que debemos de conservar, proteger y cuidar ya que forman parte de nuestra existencia.
Cuando me encuentro ante un árbol milenario siento una mezcla de admiración, sorpresa y respeto. Es un árbol que ha vivido cientos de años, que se ha mantenido en pie sorteando incendios, talas, enfermedades, falta de sensibilidades o simplemente la ignorancia de su importancia.
Me gustaría enumerar algunos de los que considero árboles especiales en la provincia de Zamora. Unos están catalogados como árboles singulares de Castilla y León, por tanto protegidos y otros no, pero, por diversas razones, para mi, son singulares. Singulares por diversas razones, que me impactan y me causan una tremenda admiración, que debemos cuidar, divulgar y aprender a respetar, además de intentar que los demás también lo hagan.
Castaño de San Román de Sanabria.
El castaño de San Román de Sanabria: En el pequeño pueblo sanabrés se encuentra un castaño imponente, de 24 m de altura y 18 m de perímetro a ras de suelo. Está en un huerto, y la primera vez que lo vi quedé impresionado por su porte. El muro que rodea el huerto estaba caído en un punto por el cual todos los curiosos entrábamos para acercarnos al él. Según te acercas compruebas su majestuosidad. Lo rodeas en silencio. Cuentas los pasos que forman su perímetro y calculas la gente que lo rodearía agarrados de las manos. Muchas veces he hablado con el dueño de la finca y se siente orgulloso del viejo castaño y tiene una gran paciencia con todos los que vamos a admirarlo. Siempre que vuelvo paso mi mano por su corteza arrugada, lo abrazo e imagino lo que ha visto. Pensad que ya estaba ahí hace más de 600 años según unos, 800 según otros e incluso 1.000 según los más lanzados. Este superviviente. Este viejo árbol se ha roto. Hace un par de años no aguantó mas y se partió...ahí sigue...sobreviviendo.
Castaños de La Alcobilla.
La Alcobilla es un bosque de castaños que se encuentra cerca del pueblo de San Justo, junto al santuario de Nuestra Señora de la Alcobilla. Los antiguos pobladores de nuestras tierras ya consideraban el lugar especial, luego los romanos y después los cristianos lo tomaron como algo sagrado, leyenda incluida; la ermita actual es del s.XVI, y entre los muros de una construcción cercana se pueden ver diversas estelas romanas pero, lo que destaca por encima de todo, es el conjunto de castaños de todas las edades que rodea la ermita.  Los más viejos rondan los 400-500 años depende de a quién consultes. Castaños que se retuercen formando dibujos y formas singulares que parecen caras de duendes o de monstruos. Castaños ahuecados por rayos o retorcidos sobre su base con ramas que por si solas serían árboles imponentes.
Señor Argimiro Crespo contando la leyenda del Roble del cementerio.
El roble del cementerio de Codesal: hay árboles que forman parte de leyendas y este viejo roble de 400 años, es uno de ellos. Nadie contaba la leyenda como el Señor Argimiro. Hombre increíble, arriero, comerciante, músico, contador de historias y romances. Un hombre bueno que destilaba honestidad por los cuatro costados, que con su voz cansada pero entusiasta contaba el romance de la historia de amor que rodea al roble del cementerio. Roble al que quería y respetaba. Roble de 20 m de altura, 25 m de copa y casi 5 m de perímetro en la base que se asoma al muro del cementerio de este pequeño pueblo de La Carballeda. El señor Argimiro Crespo murió pero todos aquellos que lo pudimos escuchar, que pudimos hablar con él, que pudimos deleitarnos con sus historias que contaba con un entusiasmo que le brotaba de las entrañas siempre lo recordaremos con nostalgia, respeto y un profundo cariño. Gracias señor Argimiro por todo lo que nos enseñó.
Mi añorada perra Nala junto al castaño de Vime de Sanabria.
El castaño de Vime de Sanabria: árbol retorcido, agarrado al muro, de tronco rugoso y aspecto imponente que parece defender o acompañar a la iglesia que se sitúa tras él. Por cierto, en el muro de la iglesia hay incrustada una calavera que sirve de nido a una pareja de colirrojos tizones. Árbol especial para mi ya que a Nala, mi añorada perra de aguas, le encantaba tumbarse entre sus viejas raíces de más de 300 años.  
Casa del Fenal apoyada en la roca.
El Fenal: en el precioso pueblo de Muelas de Los Caballeros se encuentra una finca muy especial. En ella podemos encontrar un conjunto de más de 500 especies vegetales plantadas a principios del s. XX por un comerciante llamado Maximiliano Santiago Prieto que cada vez que volvía de uno de sus viajes por el mundo traía semillas o esquejes y los plantaba. Así podemos encontrar, entre otros, un pinsapo de 16 metros de altura y 3,50 m de perímetro (de los más grandes de España) y, destacando por encima de todos, 8 secuoyas que impresionan por su porte y altura. 
La primera vez que entré fue hace muchos años. Años en los que la finca estuvo abandonada y había que saltar el muro por uno de los laterales para poder entrar. Una vez dentro todo estaba sucio, lleno de malas hierbas, con la impresionante casa colgada de unas rocas en un estado lamentable. Daba lástima que tanta riqueza vegetal se estuviera perdiendo.
Secuoyas en El Fenal.
Años después la finca cambió de manos y los nuevos propietarios, junto con un programa de ADISAC, arreglaron caminos, limpiaron malas hierbas y dejaron a la vista la tremenda belleza e importancia de las especies que allí se encontraban. Restauraron la casa principal y la casa del guarda donde se instaló un semillero de especies autóctonas. Se hacían visitas y había una persona que explicaba todo su contenido. Todo eso terminó y actualmente vuelve a estar en unas condiciones nada deseables para la calidad de lo que allí existe.
Bosque del Tejedelo.
El bosque del Tejedelo: cerca de Requejo en la comarca de Sanabria se encuentra un bosque mágico, especial, en el que parezca que vaya a salir un duende o un hada en cualquier momento. Hasta llegar a él seguimos un camino que asciende lentamente hasta encontrarnos a 1.350 m de altura con un valle de origen glaciar que una de sus empinadas laderas se encuentra cubierta por un bosque de robles, abedules, acebos,…y los tejos.
Más de 600 ejemplares entre los que podemos encontrar alrededor de 100 tejos con más de 1.000 años. Son impresionantes, de troncos abiertos los más viejos, y ramas caídas, de aspectos y formas extrañas surcados por una luz tenue que entra en el bosque por los huecos de sus ramas, de luz mágica y encanto de cuento.
El Tejedelo. Bosque mágico. Bosque de cuento.
El Tejedelo es un bosque especial, en el que en invierno sube la temperatura respecto a la de fuera del bosque y en verano baja siendo refugio de innumerables pajarillos, micromamíferos, reptiles y corzos. Su importancia es enorme. Prueba de ello es que forma parte de la Red Natura 2000 y está catalogado como zona LIC (Lugar de Importancia Comunitaria). Aparte de su importancia, es su belleza, encanto y magia lo que te atrapa cuando caminas por él.
Olivo del Sancti Spiritus de Toro.
Olivo del Convento de Sancti Spiritus de Toro: la última vez que entré ha sido hace menos de un año. Lo hice con un grupo de alumnos que visitaban el convento. Convento majestuoso, precioso e imponente pero, en ningún momento, la guía nos habló del árbol. No sabía nada de él. Tuve que contar a mis alumnos la importancia de este viejo olivo. Un árbol que también es un monumento pero un monumento vivo por el que se debería de tener más respeto y admiración y, por lo menos, mencionarlo en las visitas guiadas. 
Es un olivo de casi 700 años que se encuentra en el claustro del convento toresano. Se sabe su edad a ciencia cierta porque se encuentra un escrito de Manuel Espías Sánchez que dice: “el olivo cercano al pozo del claustro fue plantado durante la fundación del monasterio”. El monasterio fue fundado a principios del s. XIV, lo cual nos da cuenta de su edad.
Majestuoso olivo del Sancti Spiritus de Toro.
Morera de Cozcurrita. Detalle de las piedras que sujetan sus ramas.
Los árboles sagrados: antes de la llegada de los romanos los antiguos pobladores de nuestras tierras tenían la costumbre de reunirse en lugares especiales, que ellos consideraban sagrados, en los que normalmente había un árbol centenario, un símbolo de la madre tierra. Los romanos acogieron esa costumbre y después, el cristianismo, absorbió esos lugares sagrados construyendo iglesias en ellos. Los habitantes de los pueblos tenían por costumbre celebrar reuniones o concejos con un árbol como testigo, como símbolo. Muchos de esos lugares y algunos de esos árboles continúan en el recuerdo de las gentes.
La morera de Cozcurrita es uno de esos árboles centenarios situados junto a su iglesia románica. Árbol de  ramas cansadas que se ha ido abriendo, desgajandose como una naranja. Los habitantes del pueblo para no perder ese símbolo han colocado enormes piedras que sostienen las ramas para que la vieja morera no se rompa y no pierdan su símbolo.

Bosque de Valorio.
Bosque de Valorio: es el bosque de Zamora ciudad. Tiene una extensión de unas 80 hectáreas distribuidas a lo largo de casi tres kilómetros de longitud, en el que nos encontramos 159 especies de vertebrados (según los datos del gran conocedor de la fauna del bosque, J. Alfredo Hernández Rodríguez) destacando una gran variedad de mariposas y de aves, en función de la época del año.
Pinos piñoneros del bosque.
Bosque en el que los zamoranos paseamos, hacemos deporte, merendamos o buscamos a sus habitantes. Bosque en el que de su flora autóctona: robles y encinas; quedan  muy pocos ejemplares. Lo que más encontramos son pinos y dado su carácter de aprovechamiento forestal tenemos datos de repoblaciones sucesivas en el bosque. La que más me interesa es la que se realiza en 1762, en la cual se plantan los pinos piñoneros que pueblan el centro del bosque en la actualidad y que conforman su estructura principal. Enormes pinos piñoneros que continúan erguidos y poderosos observando como muchos de los zamoranos que pasan junto a ellos no se dan cuenta de que están junto a unos verdaderos monumentos naturales de 255 años.
Imponentes pinos piñoneros del bosque de Valorio.
No están todos. Faltan otros árboles y bosques singulares de nuestra provincia. Árboles, lugares y bosques que tienen un denominador común: su importancia biológica, cultural y social que debemos de poner en relieve para así poder respetar y valorar.

lunes, 29 de enero de 2018

El zorzal real.

Hacía varios días que Cristian Osorio había descubierto un grupo de zorzales reales al final del bosque de Valorio, ese bosque tan querido por los zamoranos (si queréis saber algo más de él pinchar aquí). Cuando tuve la oportunidad me dirigí hasta el lugar en compañía de mi amigo, gran fotógrafo y amante de la naturaleza, Fernando García. Llegamos y nos pusimos manos a la obra, había que buscarlos.
El zorzal real llega hasta la península ibérica en el invierno, procedente del norte de Europa (Península Escandinava y Rusia) donde la crudeza del invierno le hace bajar hasta nuestras latitudes.
Agradezco enormemente a Manuel Segura cederme algunas de sus
magníficas fotografías de zorzal real para ilustrar esta entrada.
La mañana estaba agradable, no hacía viento y el frío no se dejaba notar. Comenzamos a escrudiñar el prado en el que debían de encontrarse. En él: urracas, grajillas, cornejas, algún cuervo y estorninos negros y pintos se alimentaban sin descanso mientras un alcaudón real observaba desde su atalaya esperando una oportunidad; una perdiz cantaba al viento, un pito real emitía su característico sonido y varias parejas de tarabillas se perseguían de arbusto en arbusto mientras algunos milanos reales no perdían detalle de todo lo que sucedía en el prado.
No aparecían. Buscamos hasta que, pasados unos minutos, un precioso zorzal real apareció tras una depresión del terreno. Allí estaban.
Es muy raro ver un zorzal real tan próximo a la ciudad, es más, J. Alfredo Hernández (quizás el mejor conocedor del bosque de Valorio) confirmó que era la especie número 151 para el bosque.
Comenzaron a aparecer. Estaban ocultos en varias pequeñas vaguadas. 1,2 3…hasta 37 pudimos contar pero había más. Un tiro en la ladera cercana fue como un resorte que los levantó y pudimos ver que había alrededor de 50 ejemplares, poco tiempo después J. Alfredo y Maribel contaron 56.
El zorzal real es un ave preciosa, elegante y espectacular que, normalmente, no tenemos la oportunidad de poder ver y disfrutar. Algo que Fernando y yo hicimos durante los siguientes minutos viendo sus evoluciones cuando se volvieron a posar, lástima que un poco más lejos.
Se posaron en diferentes arbustos, ocultos. Son aves tímidas y huidizas que siempre están alerta, en ello les va la vida ya que son aves que se cazan tanto en España como en Europa.
Las rutas de entrada en la península ibérica son dos: a través del País Vasco y Navarra o por la costa del mediterráneo. Seguramente los que llegan hasta aquí vengan por la ruta vasco-navarra.
Cuando se tranquilizaron bajaron nuevamente al suelo y comenzaron a comer. Cogían lombrices de una forma que me recordaba a los gatos monteses o a los lobos cazando topillos en cualquier pradera de montaña. Se quedaban quietos. Se tensaban y se lanzaban en picado en busca de la lombriz o gusanillo que sacaban colgando en el pico para comérselo inmediatamente.
Dentro del grupo se diferenciaban perfectamente dos tipos. Había ejemplares con el pecho blanquecino y otros, en cambio, tenían el pecho rojizo y espectacular. Los primeros eran jóvenes y los segundos adultos, a más rojizo más edad.
Entre los zorzales reales había otros zorzales infiltrados. Varios zorzales charlos y comunes comían junto a ellos.
El zorzal charlo es el más grande de nuestros zorzales, seguido del zorzal real, el zorzal común y, por último el alirrojo. Los cuatro se han visto en el bosque de Valorio.
Zorzal charlo.
Zorzal común.
Zorzal alirrojo.
Estuvimos varios minutos y continuaron guardando las distancias; se alimentaban y se erguían, estaban en alerta. Un nuevo tiro resonó en la ladera pero esta vez no volaron sino que se agacharon. Se pegaron al suelo como si intuyeran que el tiro no era para ellos sino que venía de la lejanía y sólo debían de ocultarse.
Vimos tres especies de zorzales juntos. Sería increíble poder verlos a los cuatro a la vez, en el mismo lugar y más, en un lugar tan emblemático y querido para todos los zamoranos.