domingo, 5 de abril de 2020

La vida del águila calzada (desde mi ventana IV).

Sobrevuela la catedral. Planea lenta, parsimoniosa, como si con ella no fuera el paso del tiempo. Observa meticulosa. Gira en círculos. Su objetivo está abajo. Nervioso. Las palomas se alteran. Un palpable y acrecentado nerviosismo se huele en el ambiente. Las palomas están nerviosas. Miran al cielo. Su enemigo está ahí. Esperando su oportunidad. Esperando el momento en el que alguna paloma cometa un error. Momento en el que una de las asustadas palomas se distraiga, se separe o cometa el más mínimo fallo.
El nerviosismo se acrecenta. La poderosa águila calzada está ahí. Esperando. Vigilando. Una paloma se mueve y el resto la siguen en un gran revuelo. Es la oportunidad. Una paloma ha quedado despistada. El águila calzada se gira. Recoge las alas y…
...otra águila calzada se lanza sobre ella. Aparece de la nada. Quiebros. Agarradas. Giros. Las dos águilas luchan. Se pican. Se agarran. La atacante no ceja en su empreño, quiere expulsar del cazadero a una competidora, estas palomas son suyas y no tolerará a una intrusa. La expulsa. Triunfante se alza volando en círculos sobre la catedral. Vuela alta. Orgullosa. Altiva.
Las palomas han vuelto a la seguridad de la sobria torre y de la majestuosa cúpula. Pasan los minutos y el águila calzada va descendiendo nuevamente. Es su hora. Ha conseguido ser la que tenga derecho a cazar en este antiguo lugar. Lugar repleto de palomas que nuevamente están alerta. Esta águila calzada utiliza otra estrategia. Se aleja un poco, hacia la zona del castillo, desde allí vigila. En un momento determinado se gira, repliega las alas y se lanza, no en picado, si no de forma oblicua, en diagonal sobre su objetivo, las palomas del tejado de la catedral que no la ven llegar porque el águila se ha lanzado desde detrás de la torre ocultando su trayectoria.
Según va bajando extiende sus poderosas patas calzadas, sus fuertes pies se abren, sus largos dedos se separan y sus poderosas garras se disponen a capturar a una paloma que no ha sido capaz de detectarla. No la ha visto venir. El águila ha triunfado. Ha conseguido su objetivo. La paloma es suya. El cazadero es suyo.
Saciada, al cabo de un tiempo, vuela orgullosa y con el buche lleno hasta un abeto cercano sobre el que se dispone a descansar. Nada más lejos de la realidad. Una pareja de urracas no están dispuestas a dejarla tranquila. Es su árbol y cerca está su nido. El águila no puede estar allí.
El águila se limpia, descansa pero las urracas son tenaces y van a comenzar con su estrategia de hostigamiento sobre la llena calzada. Una a una, como si de un sincronizado baile se tratara se van lanzando, desde una seca rama cercana, sobre el águila.
Le pican. Le tocan con las uñas. No paran de molestarla. Una tras otra no cejan en su empeño durante minutos y minutos. La calzada no se inmuta. En ningún momento les ataca ni se defiende. Aguanta estoicamente las arremetidas de las persistentes urracas que tienen un único objetivo: expulsarla de allí.
Pasan los minutos y el águila calzada levanta el vuelo. Las urracas lo han conseguido. La incomoda y peligrosa intrusa ha sido expulsada. El águila asciende cuando un pequeño misil anaranjado le cae encima. Un cernícalo vulgar no está dispuesto a que vuelva a la catedral. Cernícalo que con su pareja anidan allí: en la vieja catedral. El cernícalo vuelve en un nuevo intento de expulsarla de la zona. La calzada se aleja. Ha comido. Está tranquila. No tiene ganas de ningún altercado pero volverá.
El cernícalo vuelve a su recio posadero y una nueva calzada aparece en escena. Es su turno. Le toca cazar a ella, o por lo menos, intentarlo.
Cierro mi ventana. La vida de las águilas calzadas de ciudad se muestra ante mis ojos. Se muestra en una ciudad tranquila, como adormecida, una ciudad que espera su lento resurgir. Una ciudad que observo desde mi ventana.

martes, 31 de marzo de 2020

111 especies desde las ventanas de muchos zamoranos (desde mi ventana III).

Una semana mas. Una semana mas desde mi ventana. Desde la ventana de muchos zamoranos. Desde la ventana de 38 zamoranos de 17 localidades desde las que hemos visto ¡111 especies!, ni más ni menos que 111 especies desde cada una de nuestras ventanas. 
Precioso escribano soteño fotografiado por M. Segura en Calabor.
Trepador azul fotografiado por H. Hernández "Poli" en El Puente de Sanabria.
Desde especies comunes como el colirrojo tizón, el mirlo común, la paloma doméstica o el estornino negro hasta especies mucho más sorprendentes como el búho chico, el torcecuello, el pico picapinos o el vencejo real pasando por especies que nunca me hubiera imaginado que se vieran desde casa como la cigüeña negra, la pagaza piconegra, el zarapito real o el chorlito dorado europeo. (Si pincháis aquí veréis la lista completa). Quiero agradecer enormemente a dos amigos: M. Segura y H. Hernández "Poli", grandes amantes de la naturaleza y magníficos fotógrafos prestarme sus preciosas fotografías para ilustrar esta entrada.
Pinzón vulgar fotografiado por M. Segura en Calabor.
Pico picapinos fotografiado por Poli en El Puente de Sanabria.
Serín verdecillo fotografiado por M. Segura en Calabor.
Las ventanas están abiertas, abiertas a la naturaleza urbana o rural, abiertas a la esperanza, abiertas a un mundo que antes no mirabas, no prestabas atención, estaba ahí y no tenía nuestro interés. Ahora no nos queda más remedio y nos estamos sorprendiendo de todo lo que se puede ver desde la ventana de nuestra casa, con sus peculiaridades y diferencias de unas ventanas a otras, ya sea por la ubicación de la ventana, el campo de visión o la capacidad para ver (no sólo para mirar).
Mi ventana me sigue dando alegrías. Me sigue dando aire. Me sigue dando vida. Sigo viendo la mayoría de las especies que he comentado en las anteriores entradas pero aparecen sorpresas, momentos únicos o momentos impactantes.
Vencejo real.
El vencejo real es el más grande de los vencejos españoles, desde luego para mí, el más bonito y espectacular. Es un ave especial, diferente, un ave que como todos los vencejos tiene la silueta típica en forma de arco. Vencejos que nunca se posan en el suelo y si lo hacen sería sinónimo de muerte, no podrán levantar el vuelo y morirán.
Una vez leí un artículo que me impresionó y quiero poner aquí un extracto de él: “Los ornitólogos saben desde hace mucho tiempo que el vencejo es una criatura especial. Las observaciones y las mediciones con radares les hacía sospechar que estas aves son capaces de pasar largos periodos en el aire, sin necesidad de tocar tierra o bajar al nido, hasta el punto de que se cree que duermen en el aire, dando vueltas en círculo. El equipo de Felix Lietchi, del Instituto Ornitológico de Suiza, acaba de presentar la primera prueba de que el vencejo real, la especie de mayor tamaño de estas aves, realiza una verdadera proeza: es capaz de pasar seis meses en el aire, durante su migración transahariana, sin bajar ni posarse en un solo momento.
El trabajo, publicado en Nature Communications; Liechti F., Witvliet W., Weber R. & Bächler E. (2013). First evidence of a 200-day non-stop flight in a bird, Nature Communications, 4 DOI: 10.1038/ncomms3554; sugiere que estos animales realizan todas sus necesidades fisiológicas, incluido el sueño, durante su larguísimo vuelo. Los autores del estudio colocaron unos pequeños receptores a seis ejemplares de vencejo real (Tachymarptis melba) y recapturaron a tres de ellos a su regreso a Europa tras un periodo de siete meses. Los datos recogidos en los receptores indicaban la posición mediante GPS y valores como la incidencia del sol, la posición respecto al suelo y la actividad de sus alas. Los resultados, explican los científicos, no dejan lugar a dudas: los tres vencejos volaron desde África occidental hasta Europa durante el periodo de no cría y recorrieron una distancia de 2000 km durante alrededor de 200 días sin dejar de volar” (Extracto sacado del siguiente enlace).
Este precioso vencejo real lo he visto en varias ocasiones de la última semana. Hasta seis ejemplares he podido ver juntos. Vencejos reales que vuelan rápidos, sin descanso, infatigables entorno a mi ventana. Una alegría para la vista.
Vencejos reales que vuelan por debajo de la atenta e inescrutable mirada del águila calzada que vigila esperando su ocasión. Ocasión en la que, en una décima de segundo, se gira, pliega las alas y se lanza como un misil en picado sobre una desdichada paloma del tejado.
Palomas que viven en el alambre como les gusta a varios mirlos cercanos a mi casa. Mirlos que se acercan a pequeños saltitos al objetivo. Ven al gato. Lo controlan. Saben donde está y qué va a hacer.
Un saltito mas. Un paso mas. Llegó. El gato sigue ahí. Se tensa. Agacha el cuerpo cual pequeño tigre en pos de un antílope. Salta. El mirlo se libra por poco. Volverá. Unos granitos de pienso siempre vienen bien.
Los gorriones aprovechan la tranquilidad del patio para darse un merecido baño de arena. Arena que les servirá como protector de parásitos. O para ir llevando material a su preciado nido que permanece oculto en un pequeño arbusto.
La vida sigue. Los herrerillos comunes se han unido a mi lista de vecinos al igual que los jilgueros, las currucas capirotadas, los verdecillos, los mosquiteros o los verderones que cantan y se mueven por la tranquilidad de la ciudad. Incluso un sorprendente pito real cruza por mi ventana. Pito real al que he oído varios días tamborilear en algún árbol cercano. Sin olvidarme de un aguilucho lagunero que he podido en varias ocasiones o las gaviotas reidoras y sombrías que están en plena migración.
Cigüeña blanca con material para su nido.
Un total de 42 especies llevo vistas desde mi ventana. Especies que cada una de ellas ha llenado mis anhelos de naturaleza.
Águila calzada morfo claro.
Los buitres leonados siguen pasando regularmente.
La vida sigue. La vida tranquila de la fauna de ciudad. Fauna que estamos viendo y descubriendo desde nuestras ventanas.
(Podéis encontrar más información sobre las aves vistas en la provincia desde casa en otros dos blogs zamoranos: saliegosbirding y zamorabiodiversa.

sábado, 21 de marzo de 2020

Desde mi ventana II.

Llevamos una semana. Una semana en la que debemos de ser solidarios. Debemos de hacer caso y quedarnos en nuestras casas. No puede ser que haya gente desobediente que no tengan ni dos dedos de frente y salgan a correr, pasear o incluso a la montaña (esta semana han denunciado a dos excursionistas que con ellos no iba nada y estaban por la sierra sanabresa). Ser solidarios. Es cosa de todos. A todos nos afecta. Pensar que hay gente que se está jugando la vida como los empleados de supermercados, los transportistas, el personal sanitario, los policías y guardias civiles, los miembros del ejército, los empleados de gasolineras o farmacias, panaderos, agricultores, ganaderos, repartidores, empleados de limpieza, cuidadores…están ahí, al pie del cañón para que nosotros podamos continuar adelante. Si salís a correr, pasear o lo que sea, les ponéis en peligro a ellos y a todos los demás ¡Quedaros en casa!
Una semana mirando desde mi ventana. Ventana al mundo. Ventana de salvación. Ventana de evasión. Ventana de naturaleza urbana. Ventana desde la que todos los días observo como la vida de la naturaleza sigue, sin aspavientos, sin sobresaltos, con normalidad.
Colirrojo tizón (macho).
Un colirrojo tizón persigue a su amada ante la presencia de un competidor mientras un curioso gorrión común me mira entre sorprendido e intrigado.
Gorrión común (macho).
Cigüeña blanca.
Las cigüeñas vuelan ajetreadas en sus quehaceres, los pardillos y los mirlos cantan desgañitándose ante su selecto público y las palomas, madre mía nunca me hubiera imaginado estar tanto tiempo observándolas, se pavonean delante de sus parejas o esperan a que se selle su amor.
Mirlo común (macho).
Pardillo común (macho).
Pareja de paloma torcaz en pleno proceso de cortejo.
Paloma doméstica en cortejo.
A las especies habituales que he comentado en la entrada anterior se van uniendo nuevas como los aviones roqueros que vuelan haciendo quiebros y requiebros junto a la catedral (gracias Alfonso Rodrigo por tu ayuda), los cormoranes grandes que suben y bajan por el cercano río Duero (que no lo veo por poco), grandes grupos de gaviotas reidoras que están en migración de regreso a sus cuarteles de cría o los buitres leonados que se desplazan a gran altura.
Avión roquero.
Cormoranes grandes.
Buitre leonado a gran altura.
El tiempo pasa despacio. Lentamente. No hay prisa. No hay trasiego. Los gatos callejeros están muy tranquilos y confiados; la vida sigue y a esta zona de la ciudad, todos los días, se acercan aves de caza, ya sean halcones peregrinos, milanos negros o reales, busardos ratoneros o águilas calzadas que ven en las palomas una posible presa.
Hace unos días un halcón peregrino se lanzó como un verdadero misil a por las palomas que descansaban en la cúpula de la catedral. Se dio la alarma y las asustadas palomas levantaron el vuelo despavoridas, momento en el que un águila calzada, que estaba detrás de la torre, se lanzó a por ellas en busca de una posible presa. 
Águila calzada (morfo claro).
El halcón falló por muy poco y el águila calzada también después de perseguir a las palomas unos segundos, segundos en los que una cotorra de Kramer asustada, se levantó de su posadero en un árbol cercano. Cotorra que lleva un tiempo por la ciudad. No se ha demostrado que crie (esperemos que no lo consiga).
Esta cotorra es originaria de África y el sur de Asia y ha sido introducida en España por parte de todos aquellos que la han comprado como animal de compañía y después, cuando les molestaba, la han soltado. Ahí comienza el problema. La cotorra de Kramer es muy adaptable y rápidamente ha colonizado decenas de ciudades de nuestro país, donde es un verdadero dolor de cabeza.
Una especie invasora es la que llega a un nuevo territorio, colonizándolo y criando en él. Por lo tanto alterará el ecosistema y provocará daños de diferente índole como el desplazamiento o reemplazamiento de especies autóctonas ya que competirá con ellas por el mismo alimento, provocarán riesgos para la salud humana (por ejemplo alergias) o problemas para la agricultura. Se provocará un impacto sobre los individuos autóctonos (visón americano sobre el visón europeo), genético (como la hibridación entre la malvasía canela sobre la malvasía cabeciblanca), sobre los ecosistemas (modificación del paisaje por parte del eucalipto) o sobre las poblaciones (cangrejo americano sobre el autóctono). Un verdadero problema. (Si queréis leer más sobre estas cotorras, pinchar aquí).
Milano negro.
29 especies diferentes llevo vistas desde mi ventana (todas las fotografías de esta entrada han sido realizadas durante estos días, desde la ventana de casa), no son muchas pero si son las que me acercan a la naturaleza. A lo largo de esta semana ha surgido la iniciativa entre muchos naturalistas zamoranos de toda la provincia, de ir anotando lo que vemos desde nuestras ventanas. En estos días llevamos 95 especies, algo increíble. Especies que siguen su vida, especies como la cigüeña negra, el camachuelo, el zarapito real, el torcecuello o el zorzal charlo. Especies que voy a ir actualizando en una lista que está en una pestaña a la derecha de este blog. De momento os dejo aquí la lista. Impresionante. Gracias a todos y cuidaros. (Pinchar en la lista para verla).
Podéis ver también la lista en otros dos blogs zamoranos:

lunes, 16 de marzo de 2020

Desde mi ventana I (y los que quedarán).

Mi ventana va a ser durante las próximas semanas mi ventana al mundo, mi ventana a la esperanza, mi ventana a la ilusión, mi ventana a la naturaleza, mi ventana…
Voy a pasar todos los días un rato mirando por mi ventana. Mirando las aves que vuelan libres, que se mueven en busca de pareja, que se mueven en busca de alimento, que cantan, que se pavonean o que se acicalan.
Son tiempos complicados en los que debemos de ser solidarios, en los que debemos respetar las indicaciones que nos dicen, en los que debemos de ayudar y cooperar entre todos para salir de este mal sueño. Tiempos en los que las aves viven su vida, sin preocuparse de nuestros problemas.
Desde mi ventana veo algunos árboles, la catedral de Zamora, tejados y cielo. En este mundo las cigüeñas blancas descansan en la catedral, preparan sus nidos o vuelan rumbo al vertedero mientras los gorriones comunes se persiguen por los tejados o un colirrojo tizón se exhibe sobre un muro moviendo insistentemente su pequeña y rojiza cola.
Es un mundo urbano al que las aves se han adaptado a sobrevivir. Las palomas domésticas están en pleno cortejo, las machos se pavonean y persiguen a las hembras en los tejados o en la catedral pero siempre mirando al cielo, más aún en esta época ya que uno de sus grandes enemigos aparece como una flecha caída del cielo, el halcón peregrino.
El halcón peregrino, cuando comienza la época de cría, aparece por la zona en busca de las palomas de la catedral o de las iglesias cercanas.
En mi día 1 lo he podido ver sobrevolando la zona, esperando una oportunidad. Lo he visto en varias ocasiones cazar sólo o con la pareja. Cuando lo hace en pareja es impresionante ver la estrategia que son capaces de desarrolla, cooperan en busca de un fin común.
Uno de ellos vuela muy bajo sobre los tejados; lo hace de tal manera que las palomas posadas en la iglesia o en la catedral no lo ven venir hasta que está casi encima, momento en el que se asustan y levantan el vuelo. Ahí es cuando la pareja entra en acción, un misil caído del cielo se lanza sobre el grupo de palomas asustadas que vuelan sin orden ni concierto, momento en el que una de ellas se separa o es más lenta, paloma que va a ser objetivo del halcón caído del cielo. Impresionante.
Un macho de mirlo canta altivo mientras un milano negro sobrevuela a dos milanos reales que tienen una escaramuza con constantes caídas, picados y agarradas en el aire; el territorio o la pareja serán las causas de las disputas.
Las grajillas se posan en la cúpula de la catedral mientras varios pardillos se mueven por los tejados y un carbonero común se desgañita en una rama cual cantante lírico que quiera impresionar a su dama. Junto a ellos vuelan las primeras golondrinas y aviones comunes que acaban de llegar de sus cuarteles de invierno para comenzar su temporada de cría.
Una garza real va en dirección a la colonia de cría que tienen en el río Duero mientras varias torcaces vuelan hacia un tejado en el que, sobre una chimenea o en una antena varias tórtolas turcas se acicalan o se exhiben.
Tórtola turca que llegó proveniente de Asia Menor a España en 1960 a Asturias, el primer nido se localizó en 1974 en Santander y desde 1980 se distribuyó por toda la península y Baleares para llegar a Canarias en 1990.
Anochece desde mi ventana. Es el tiempo de los cárabos que se oyen con su canto lastimero muchas noches. Cárabos urbanos que viven en un convento cercano o en el parque del castillo.
Esta ventana va a ser una importante mirada a la naturaleza, a la existencia durante los próximos días, semanas…
Ánimo a todos, cuidarse y mucha paciencia.

lunes, 9 de marzo de 2020

40 años sin Félix.

Ahí está. Majestuoso. Odiado. Admirado. Emblemático. Vilipendiado. Sublime. Es el lobo ibérico, un animal mítico, un animal que estuvo a punto de desaparecer, una animal al que tanto amaba un hombre que cambió mi vida y la de muchos niños que como yo, miraba la televisión los viernes por la noche esperando que surgiera la música, aquella música (que hoy tengo en mi móvil) que te ponía los pelos de punta…comenzaba, comenzaba un mundo, comenzaba una ventana hacia un lugar bello, enigmático, duro, hermoso, cruel, maravilloso…la naturaleza.
El próximo sábado (14 de marzo) se cumplirán 40 años de la muerte de Félix Rodríguez de la Fuente (también cumpliría 92 ya que nació y murió el mismo día) y de dos de sus colaboradores más cercanos: Teodoro Roa y Alberto Mariano.
Aniversario del hombre que cambió la manera de pensar, la manera de actuar y, sobre todo, la manera de sentir la naturaleza.
Félix decía que los que mejor le entendían eran los niños y que razón tenía. Esos niños crecimos y seguimos admirándolo, marcó nuestras vidas, marcó nuestra manera de ver la naturaleza, nuestra manera de pensar.
Los capítulos de "El Hombre y la Tierra" marcaron a una generación de niños que mirábamos fascinados, intrigados, extasiados la naturaleza más cercana, la que nos rodeaba. Muchos de esos niños que mirábamos fascinados la televisión dedicaron su vida a la naturaleza, ya fuera de forma profesional o como una maravillosa afición. Si algo consiguió Félix Rodríguez de la Fuente fue que conociéramos, valoráramos, apreciáramos y respetáramos la naturaleza más cercana, la que está en nuestros campos, en nuestras tierras. Gracias.