miércoles, 15 de enero de 2020

¿Cómo anillan los ánsares comunes en Noruega?

Hace muchos años en una visita familiar a las Lagunas de Villafáfila, nos paramos a la entrada de la carretera que conduce a Otero de Sariegos. Una enorme bandada de miles de ánsares pastaban tranquilamente. La imagen me impactó y el ruido, cuando se levantaron, más todavía. Desde ese momento el ánsar forma parte de mis aves preferidas y desde 2012, que empecé a fijarme más en serio en las aves ha conformado una parte muy importante en mis observaciones e inquietudes.
Desde que en ese 2012 a observar mas detenidamente las aves, las aves anilladas me han atraído especialmente: sus historias, sus movimientos, su longevidad, su vida, etc.
En el caso de los ánsares me apasiona buscar entre los grandes bandos que llegan en invierno (cada vez menos), los individuos anillados. Seguir su estancia durante la invernada y conocer su vida, de la cual, a través de su historial, surgen verdaderas curiosidades e historias increíbles que no dejan de sorprenderme.
Este inverno me surgió una duda acerca de la lectura de un collar noruego y para intentar resolverla me puse en contacto con Arne Follestad, su anillador. Su rápida contestación, mi curiosidad y sus preguntas hicieron que hayamos entablado una serie de correos para hablar de ánsares. A raíz de estas conversaciones, surgió una nueva pregunta que siempre me había interesado: ¿cómo los anillan?
Antes de continuar me gustaría agradecer enormemente a Arne Follestad su predisposición, ayuda, información, fotografías y amabilidad a la hora de contestar a mis preguntas, sin él esta entrada hubiera resultado imposible pero sobre todo, aparte de lo que pueda plasmar en estas líneas, me quedará todo lo aprendido sobre el ánsar común. Muchas gracias.
Arne Follestad lleva anillando ánsares comunes desde 1986 y ha anillado hasta la fecha, la friolera de 4.609 ejemplares, algunos de los cuales en su migración anual han recalado en España.
Arne Follestad con un grupo de ánsares comunes recién anillados.
Ante estos datos me surgió una reflexión: “La enorme cantidad de ánsares que hay que marcar para que podamos ver aquí una mínima parte”.
Un ejemplo puede ser lo que está sucediendo este año. Año en el que Arne Follestad ha marcado 148 ánsares y aquí, en España, entre Doñana, La Nava y Villafáfila, se han visto 6, es decir, se han visto (en toda España) el 4,05% de los ánsares marcados en 2019; en Villafáfila hemos visto el 2,70%,  en la Nava el 1,35% y en Doñana ninguno.
Si nos referimos a los datos globales de ánsares comunes anillados cualquier año y, vistos en España en esta invernada, se han visto 19 ánsares comunes anillados en Noruega: 7 en las Lagunas de Villafáfila, 7 en la La Laguna de la Nava y 5 En el Parque Nacional de Doñana.
¿Cómo los anillan?
El periodo de anillamiento es, normalmente, entre junio y julio; para proceder a su marcaje lo hacen de dos formas: anillándolos de pollos o anillándolos de adultos en su periodo de muda.
ZA9 en su nido en una isla de Troms (Noruega).
En el nido: los ánsares comunes alcanzan la madurez sexual a los tres años, en ese momento buscarán una pareja con la que permanecerá toda la vida y comenzarán la cría de sus pequeños. El nido lo realizan en el suelo utilizando lo que tengan a su alrededor: hierba, musgo o brezos mezclados con plumas y plumón; pero a veces, de forma inusual, utilizan otro tipo de material (que tengan cerca) como pueden ser las piñas utilizadas por este ánsar en una isla Noruega.
La hembra se encargará de la incubación y el macho de la defensa del territorio. Al cabo de unos 28 días nacerán entre 4 y 6 pequeños ánsares que rápidamente abandonarán el nido para comenzar un corto periodo (ocho-diez semanas) en el que crecerán rápidamente. Es al final de este periodo cuando los jóvenes ánsares son capturados por Arne Follestad y su equipo antes de que puedan volar, y marcados con su anilla de metal correspondiente y su collar de lectura a distancia.
En el periodo de muda: todos los ánsares y todos los patos, pasan unos días durante el periodo de muda en los que pierden la capacidad de volar, debido a que sueltan a la vez todas las rémiges (plumas primarias, secundarias y terciarias) de las alas y las plumas de la cola. A este periodo se le denomina: la mancada. Estos ánsares inmaduros (menores de 3 años) o adultos que no han conseguido reproducirse esa temporada, están muy expuestos, por lo que deben protegerse de la mejor manera posible y lo hacen reuniéndose en lugares concretos: islas solitarias, fiordos protegidos o ensenadas seguras en las que nadan juntos por si hay un ataque de un águila de cola blanca, el depredador natural y único de los ánsares noruegos, ante la cual, darán la voz de alarma (muchos ojos ven más que uno sólo, por lo tanto hay más probabilidades de sobrevivir en grupo).
Grupo de ánsares comunes que están mudando las plumas.
Es, en ese momento de reunión, cuando se anillan otro buen número de ejemplares. Arne Follestad y sus colaboradores del instituto NINA (Norsk institutt for naturforskning: Instituto Noruego de investigación natural) llevan su pequeña barca hasta la orilla para dirigirse hacia los grupos de ánsares que nadan tranquilos en mitad de la ensenada. El día es elegido cuidadosamente ya que el mar debe de estar en calma total porque sino estuviera tranquilo tendrían muchos problemas a la hora de ver a los ánsares cuando salen de su inmersión, las olas les impedirían verlos y no podrían capturarlos. 
Los ánsares ante la llegada del bote actúan como si fuera la amenaza de un depredador y, rápidamente, se sumergen; según me comenta Arne Follestad, los ánsares son excelentes buceadores (algo que realmente me sorprendió).
El equipo de investigadores ha anillado muchos ánsares y sabe muy bien lo que tiene que hacer. Actúan rápido para poder capturarlos según emergen de su inmersión en  el mar. Una red especial (una especie de sacadera grande) les permite capturarlos sin ningún riesgo para los ánsares.
Una vez capturados son subidos al bote donde se procede a todo el ritual científico de medición, pesado y anotación de diferentes datos, así como el marcaje con su anilla metálica y el collar de lectura a distancia de color azul y dígitos blancos.
A medida que los van anillando se van dejando en el bote para soltar, a todo el grupo a la vez, nuevamente al mar.
GA5 después de ser anillado.
En su migración al sur
se ha visto  en España.
Al cabo del tiempo, si tenemos suerte, algunos de estos ánsares con collar azul los podremos ver en España, como es el caso de el GA5 anillado el 9 de julio de 2012 que fue visto en Extremadura ese mismo año o el LJ5 anillado el 17 de junio de 2016 que ha sido visto en El Rocío (Parque Nacional de Doñana) esta misma temporada (diciembre de 2019 y enero de 2020).
LJ5 después de ser anillado. En su migración al sur se ha visto en España.
En Las lagunas de Villafáfila en lo que llevamos de invernada se han podido ver siete collares diferentes que para el escaso número de ánsares que tenemos (mi estimación a finales de 2019 era de unos 2.400 ánsares) no nos podemos quejar.
Los ánsares noruegos vistos este año en Villafáfila han sido: ZU2(anillado en 2018)-VD3(2019)-UD5(2019)-UD6 (2019)-UE2 (2019)-LJ5 (2016)y LB2 (2018).
Ánsares anillados, ánsares viajeros, ánsares que recorren unos 3.000 kilómetros desde su lugar de nacimiento en Noruega hasta nuestras tierras. Ánsares anillados por Arne Follestad en un enorme trabajo de investigación que da como fruto un mayor conocimiento del ánsar común: sus movimientos, migraciones, longevidad,…; mi más sincera enhorabuena y gracias por toda tu amabilidad, paciencia y trabajo.

jueves, 2 de enero de 2020

Búhos campestres, ánsares indios, ortegas y una sorpresa en Villafáfila.

En una de mis últimas visitas a las Lagunas de Villafáfila pude disfrutar de un precioso y fructífero día. Día salpicado de muy buenas observaciones en las que hubo un denominador común: el entusiasmo de la persona que me acompañaba, Claudia García (futura bióloga).
Siempre me ha gustado enseñar y este día fue muy especial porque traía a las lagunas a la hija de una prima que acababa de empezar a estudiar Biología y estaba descubriendo el mundo de las aves aunque, como ella dice: “tu tienes mucha culpa de que esté estudiando biología”. Frase que me enorgullece y satisface a partes iguales pero no mas que su cara de sorpresa, ilusión y entusiasmo cada vez que veíamos un ave diferente o descubríamos como se levanta una bandada de cientos de pardillos mientras escuchábamos los silbidos de un zarapito real.
Al llegar la niebla era la reina y señora de las lagunas. Niebla que tardó en levantarse y dejarnos observar la primera sorpresa del día. Vi volar a un par de ellos pero no le dije nada. Monté el telescopio. Los busqué donde se habían posado y le dije: “Claudia. Mira a ver qué te parece eso”. Su enormes ojos se abrieron desbocados mientras que su sempiterna sonrisa se entrecortaba al decir emocionada: “¡Es un búho. No dos!”. Eran dos preciosos búhos campestres que asomaban entre las hierbas.
El búho campestre es un invernante común en España llegando desde zonas nórdicas y rusas; hasta hace pocas décadas no criaba aquí, pero desde los años noventa del siglo pasado cría en nuestra tierra, sobre todo en Tierra de Campos, donde encuentra una buena despensa de comida necesaria para sacar adelante a sus pequeños.
El búho campestre es la rapaz nocturna más diurna, se alimenta fundamentalmente de pequeños roedores y, en esta zona en concreto, de topillos, siendo junto con otras rapaces un fantástico controlador de la población de roedores
Seguimos buscando en los campos cercanos y más búhos campestres comenzaron a surgir entre las altas hierbas por las que asomaban su rechoncha cabeza o posados en la verde alfombra que conforman algunas zonas en las que la hierba surge decidida y fuerte. Hasta veinticinco llegamos a contar. Una auténtica maravilla poder disfrutarlos.
Al ver posado al búho campestre en el suelo tienes la sensación de que se va a caer de cabeza, que va a perder el equilibrio, ya que está de una forma muy horizontal, casi paralelo al suelo, no como otras rapaces nocturnas que están muy verticales. La explicación de esa postura es muy sencilla: como pasa gran parte de su tiempo posado en el suelo, tiene que adquirir una posición que no destaque demasiado; si estuviera más vertical se le vería inmediatamente en la llanura; por el contrario otras rapaces nocturnas están mucho más verticales porque tienen que pasar desapercibidas en lo alto de un árbol y deben asemejarse a las ramas que están a su alrededor.
Junto a los búhos campestres un gran bando de ánsares comunes comía tranquilamente. Pocos lugares hay en los que en la misma imagen veas: búhos campestres, ánsares comunes y avutardas. Pero es que en este caso había un plus: dos preciosos ánsares indios (descubiertos un par de días antes por Juanjo González). Comían inseparables entre los ánsares comunes. No se despegaban ni un instante. Desde enero de 2013 no veía un ánsar indio en las Lagunas.
Este ganso, originario de La India, realiza una migración anual desde esta hasta Mongolia y es, en esa migración, cuando en 2009 un equipo de científicos dirigidos por Lucy Hawkes (Universidad de Bangor (Reino Unido)) colocó a veinticinco gansos un transmisor GPS para ver la altura a la que llegaban. Los datos recogidos demostraron que volaban a 6.437 metros de altura, tardando en completar su recorrido de 8.000 km casi dos meses. Pero lo que más les sorprendió es que sobrevolaron la cordillera del Himalaya de un sólo tirón, en ocho horas y media, sin descansar, volando de noche y sin viento, lo que significaba que se elevaban solamente por la fuerza de sus alas.
Fotografías de Juanjo González, quién los descubrió.
Gracias por cedérmelas para esta entrada.
Los ánsares indios que llegan hasta nuestra tierra pueden tener dos procedencias: la primera ser un escape de algún zoo o colección privada y la segunda provenir de Centroeuropa, de una de las poblaciones asilvestradas; si es esta segunda opción habrían venido infiltrados en un grupo de ánsares comunes.
Estos dos ejemplares no portan ninguna anilla y no son ninguno de los ánsares indios que se encuentran en La Nava (los suyos siguen allí)  así es que me inclino a pensar (y deseo que sea así) que han venido con el gran grupo de ánsares que aparecieron el día 15 de diciembre; grupo en el que siguen los cinco ejemplares con collares azules y que tres de ellos fueron los protagonistas de una anterior entrada (fidelidad en la naturaleza).
También están en el grupo otros dos ánsares con collares: LZ5 y LB2 que también tienen una curiosa historia. LZ5 fue anillado por Arne Follestad el 17-6-2016 en Noruega y la he podido (es una hembra) ver en 2016, 2017 y 2019. LB2 fue anillado el 1-7-2018 y desde ese mismo día se han visto juntos en Noruega, Holanda, La Nava (Palencia en 2018) y aquí en Villafáfila donde permanecen inseparables. El único punto en el que no se han visto juntos ha sido en Francia donde se vio al LB2 en su viaje de vuelta hacia su Noruega natal pero estoy seguro que el otro ánsar, el LZ5, también estaba. Muy posiblemente (con todas las reservas del mundo porque no se puede confirmar) sean pareja ya que fueron anillados de adultos en una zona de Noruega a la que van ánsares no reproductores tanto jóvenes como adultos.
La mañana avanzaba y no nos habíamos movido del mismo punto cuando saltó la observación del día, por lo menos para mi. Buscando en la lejanía un poste llamó mi atención, bueno, lo que había encima del poste…¡un águila imperial ibérica!
Imagen meramente testimonial de la presencia del águila imperial ibérica.
 La lejanía era evidente...
Era un pajizo. Un ejemplar joven que desde el poste de una caja nido observaba la enorme planicie. Nunca la había visto en Villafáfila y me hizo especial ilusión verla aquí. Allí estaba una preciosa águila imperial ibérica joven que estaría en dispersión.
Águila imperial que he visto en diferentes puntos de nuestra provincia, la primera vez en agosto de 2012 y que desde la primavera de 2018 cría en la provincia de Zamora.
Claudia observaba como un niño pequeño para el que todo es novedad, se empapaba de todo lo que veía y preguntaba sus dudas o que es esa ave o la otra e incluso algunas ya las reconocía. Mientras observábamos los ánsares indios un pequeño grupo que volaba muy rápido llamó nuestra atención (bueno la de Juanjo González que se acababa de unir a nosotros). ¡Eran ortegas! Ave complicada de ver por su magnífico camuflaje y escaso número.
Gracias Fernando García por la foto para ilustrar esta entrada.
La ortega es una de esas especies esteparias que están bajando sus efectivos en los últimos años. En toda España se estiman unos 37.000 ejemplares, unos 10.700 en Castilla y León y, en Zamora, entre 150 y 200 según la Junta de Castilla y León.
Volaban a una enorme velocidad para tirarse en una pequeña vaguada en la que las perdimos de vista aunque las volveríamos a ver más tarde.
Habían pasado tres horas, que se habían literalmente, esfumado, y seguíamos en el mismo lugar. Lugar en el que también pudimos disfrutar de perdices comunes, palomas zurita, mochuelos, aguiluchos laguneros, milanos reales, busardos ratoneros, cernícalos, ánade azulón, pato cuchara, ánade silbón, cerceta común, combatientes y así hasta 43 especies.
El día avanzaba, el hambre azuzaba y decidimos movernos hasta otras zonas de las lagunas, después de un buen bocadillo reglamentario, en las que pudimos disfrutar de tarros blancos, avocetas, ánades rabudos, chorlitos dorados y multitud de pequeños pajarillos que nos hicieron disfrutar de un magnífico día en las lagunas. Primer día de Claudia que según volvíamos repasaba las mas de cincuenta especies que habíamos podido ver. 
Día de grandes observaciones pero, sobre todo, día en el que una futura bióloga conoció el maravilloso lugar que son las Lagunas de Villafáfila.

viernes, 27 de diciembre de 2019

sábado, 21 de diciembre de 2019

Fidelidad en la naturaleza.

La naturaleza es sorprendente, curiosa, apasionante y, en casos como los que voy a contar en esta entrada, fascinante. Ver un ave anillada es descubrir una historia: conocer donde fue anillada, su edad, sus movimientos y, en algunos casos, una apasionante historia de fidelidad. Hace unos días pude ver en las Lagunas de Villafáfila en un grupo ánsares comunes, tres collares. Tres collares que se movían juntos. Tres collares que comían, se desplazaban y cambiaban de zona volando juntos hasta otro lugar de alimentación.
Días después Cristian Osorio y Daniel Sanz (gracias) los volvieron a ver y completaron los dígitos que me faltaban, los tres seguían juntos. A partir de ahí comenzó el descubrimiento de su apasionante historia.
Sus collares eran UD5-UD6 y UE2. Los tres fueron anillados el 18 de julio de 2019 en el mismo lugar de Noruega por Arne Follestad. Después, volvieron a ser vistos, el 14 de agosto en otro punto de Noruega; desde ahí pasaron a Holanda donde fueron vistos el 21 de septiembre en un punto y el 15 de octubre en otra zona diferente. De ahí hasta las Lagunas de Villafáfila donde los pude ver el 15 de diciembre y Cristian Osorio y Daniel Sanz dos días después. Pensemos que estos tres ánsares han viajado unos 3.100 km, en un movimiento migratorio de unos cinco meses y han sido vistos seis veces en tres países diferentes y siempre van juntos, siempre están juntos.
Fotografía de los tres juntos.
Fueron anillados como adultos no reproductores con lo cual es muy difícil saber si son o no son miembros de una misma pollada pero, presumiblemente puede que lo sean y, seguramente, alguno de los otros ánsares con los que van también pueda ser hermano de ellos. ¿Qué les hacer ir siempre juntos? ¿Qué vínculo les une tan fuertemente que no se separan en un viaje tan largo?
Gaviota reidora JAY5.
Si este caso de los tres ánsares es curioso no menos es el de dos gaviotas reidoras que pude ver en el río Duero a su paso por Zamora entre diciembre de 2016 y febrero de 2017. Las dos fueron anilladas en Noruega, el mismo día (11-6-2016), por los mismos anilladores (Morten Helberg y Carsten Lome) y en el mismo lugar; desde entonces se mueven juntas y han venido juntas desde la lejana Noruega, algo realmente curioso. Estas dos gaviotas, ambas de primer invierno, eran JAY5 y JCJ8.
Otro precioso caso es el de una constatación. La constatación de la enseñanza. En el 2014 pude ver a dos grullas anilladas; una adulta la BuYBu-BuYR fue anillada el 10 de junio de 2010 en Alemania; había sido vista (hasta el momento en que las vi), la friolera de 107 veces; de las cuales casi todas eran en Alemania, más 2 en Francia, 1 en Holanda y 6 en España.
La segunda grulla anillada era un joven del año. Su código era: BuWBu-YBuW. Había sido anillada el 16 de julio de 2014 en Alemania; se había visto 4 veces muy cerca de donde se anilló, 1 vez en Holanda y mi observación en Villafáfila a 1602 km de distancia de donde se anilló.
Recuerdo que al terminar de leer el historial del pollo me asaltó una duda: "¿Y si la observación de Holanda fuera la misma en las dos grullas?" Volví a entrar en los historiales y mi sorpresa fue mayúscula cuando comprobé que todas las observaciones del joven coincidían exactamente con las de la grulla adulta. El lugar, las coordenadas, el día, la hora, el observador...¡todo!
Las dos grullas habían estado juntas. El joven estaba donde se encontraba la adulta con lo cual había una enorme probabilidad de que fuese hija suya. 
Imagen de las dos grullas tomada por M. Kirchhoff en Alemania
el 8 de octubre de 2014.
Seguí buscando y encontré varias fotografías realizadas en Alemania donde salían las dos grullas juntas. La grulla adulta estaba enseñando a su pollo a sobrevivir. Le había enseñado por donde debía de moverse en Alemania, donde nació y lo anillaron, para después mostrarle el camino; el 25 de octubre fueron vistas por última vez en Alemania, su siguiente observación fue en Holanda donde se localizaron el 8 de noviembre y de ahí hasta Villafáfila donde las pude observar el día 25 de noviembre de 2014.
La grulla adulta estaba enseñando a la joven la ruta migratoria que deberá de aprender; por dónde ir, a dónde parar y, cuándo llegan al lugar de destino, donde moverse para comer o para descansar; sin olvidarnos de la ruta de vuelta hasta sus zonas de cría en Alemania. La grulla joven deberá de recordar todo lo que le enseñe la adulta ya que al año siguiente ya no tendrá esa guía tan especial y personalizada, deberá de realizar el viaje sin seguir las indicaciones de la adulta que tendrá otro pollo al que enseñarle el recorrido.
A partir del siguiente periodo de cría no han vuelto a verse juntas en ningún momento. Han seguido caminos diferentes. Ambas volvieron a España en algún momento: la adulta a Extremadura y Aragón y el pollo a otro punto de Aragón (Gallocanta).
Un último caso es todavía más sorprendente porque son aves de especies diferentes. Es la historia de una barnacla canadiense y un ánsar indio que he visto en varias ocasiones en Gijón. Historia que protagonizó una entrada que si queréis recordar podéis pinchar aquí.
Historias curiosas, sorprendentes, fascinantes. Historias de fidelidad, de acompañamiento por algún motivo ya sea por alimentación, seguridad o, simplemente, que quieren estar juntos pero, al fin y al cabo, historias que merecen ser contadas.

domingo, 15 de diciembre de 2019

Ver, mirar y observar al trepador azul.

Hace unos días pude disfrutar del trepador azul, de sus evoluciones y de sus equilibrios en un lugar privilegiado y único como es el Lago de Sanabria. Allí estaba yo. Apoyado en un joven roble con cámara en mano esperando a que el pequeño trepador azul saliera de detrás del tronco, normalmente pasa siempre lo mismo: que quieres ver un pájaro carpintero, agateador o trepador azul, pues está en la cara del tronco que no ves; que quieres leer el collar de un ansar, pues está de los más lejanos del bando o de los más tapados, así es que hay que armarse de paciencia para ver si tienes alguna oportunidad de ver o fotografiar a ese deseada ave.
La gente pasaba a mi lado y me miraba como pensando: “¿Qué demonios hace este aquí, sin moverse y con esa cámara?”. A veces te sientes el observado, el bicho raro al que miran con curiosidad, intriga o simplemente pasando del tipo extraño de la cámara. No lo entienden. No son conscientes de que estás disfrutando, de que estás pendiente de las evoluciones del pequeño habitante de ese bosque. La mayoría de ellos no entiende como eres capaz de estar tanto tiempo allí quieto, sin moverte, simplemente mirando, observando lo que se mueve a tu alrededor.
Mirar y observar que acciones mas cercanas y lejanas a la vez, que similares y diferentes.
Mirar: “Dirigir la vista hacia algo y fijar la atención en ello”.
Observar: “Mirar algo o a alguien con mucha atención y detenimiento para adquirir algún conocimiento sobre su comportamiento o sus características”.
¿Cuánta gente mira pero no observa? ¿Cuánta gente ve pero no mira? Por cierto ver es: “Percibir algo material por medio del sentido de la vista”. ¿No enseñan a ver, a mirar, a observar? O simplemente nos quedamos en ver. ¿Cuántas cosas nos perdemos de la naturaleza por no observar? Eso estaba haciendo, observar las evoluciones de los trepadores azules (y sus vecinos) mientras que los que pasaban a mi lado solamente me veían.
El trepador azul es uno de esos pequeños pajarillos esquivos, de un precioso color azulado, pico fuerte y comportamientos inquietos, que pasa desapercibido y al que le hacemos muy poco caso.
Es un pequeño equilibrista capaz de subir y bajar, en cualquier posición, por el tronco de un árbol. Sube y baja apoyándose en sus fuertes patas y dando pequeños saltitos. Es capaz de rodear un árbol con una enorme facilidad, como si estuviera en el mismísimo suelo.
Allí estaba. Limpiando las migas que habían quedado en una de las mesas en las que la gente había tomado su bocadillo. Bajaba por el árbol cercano para subirse a la mesa, coger un trozo de comida y volver a la seguridad del robledal. Mientras algún petirrojo o mirlo no perdía la ocasión de conseguir su trozo del pequeño obsequio involuntario que habían dejado allí los humanos. Hay que aprovechar cualquier ocasión para conseguir alimento. El invierno es duro y siempre viene bien una comida extra.
Petirrojo que buscaba una oportunidad.
Llegó la hora de marchar y me fui con la satisfacción de haber podido disfrutar de estos pequeños habitantes del robledal a los que pude ver, mirar y observar.

lunes, 2 de diciembre de 2019

Vuelvepiedras en una Villafáfila cambiada.

Villafáfila va cogiendo agua. Ahora se ven lagunas con una fina capa de agua que les van dando un aspecto mucho más lógico en esta época, aunque quedan muy lejos de un año normal.
Las lluvias caídas hasta hace pocos días han ido rellenando el acuífero, la seca tierra las tragaba todas y ahora, lo que está cayendo, ya está quedando en la superficie, con lo que las lagunas van cogiendo una capa de agua que atrae a miles de aves como el queso al ratón o como la atracción de un imán. Ha sido aparecer el agua y generarse un mayor movimiento en las lagunas. Todo lo que caiga a partir de ahora será muy bien recibido y quedará sobre la superficie, con lo que las lagunas se irán llenando, así es que esperemos que caiga más agua.
Han pasado cinco días entre mi penúltima y mi última visita a las lagunas y el cambio ha sido muy pero que muy notorio. El agua es vida y como tal las aves se van acercando hasta este magnífico enclave.
Poco mas de dos semanas han pasado entre estas dos fotografías...
...dos imágenes tomadas en el mismo lugar.
El pasado día 30 pasé todo el lluvioso día (para las lagunas perfecto; para la observación muy complicado pero bienvenida sea la lluvia) en las lagunas viendo un total de 55 especies. Había un poco de todo pero en números más bajos de lo normal para estas fechas; aun así fue un gran día en el que, la observación estrella, fueron dos preciosos vuelvepiedras que nunca me hubiera imaginado ver aquí en estas fechas.
El vuelvepiedras es un pequeño limícola, rechoncho, de pico corto y puntiagudo que llega a nuestro país en los pasos migratorios o a pasar el invierno, sobre todo en las costas del mar cantábrico y el océano atlántico. Es frecuente verlo en playas y zonas rocosas de nuestra costa pero verlo aquí no es nada normal y menos aun verlo casi en diciembre.
Me encontraba observando a los ánsares cuando dos pequeñas figuras pasaron volando muy cerca. ¿Qué eran? Los seguí con el telescopio hasta que bajaron varios cientos de metros mas lejos. Monté en el coche y me dirigí, con la mosca tras la oreja, a ver si los encontraba y confirmaba mis sospechas.
Llegué hasta donde habían bajado. Un grupo de las numerosas avefrías que se pueden ver en la reserva comía en una tierra mientras un gran aguacero les caía encima. Sin poder salir del coche por la fuerte lluvia los busqué hasta que aparecieron: eran dos preciosos vuelvepiedras.
Vuelvepiedras.
Increíble verlos en las lagunas en esta época. Se movían tranquilos comiendo entre las avefrías; por la tarde los volví a ver en la Salina Grande.
Uno de los vuelvepiedras en la Salina Grande.
La Salina Grandes está animada: cientos de chorlitos dorados descansan mientras los tarros blancos se mueven sin descanso en busca de alimento junto con azulones, cucharas, cercetas comunes, frisos, silbones o avocetas que deambulan por la laguna ante la atenta mirada de ánsares comunes, combatientes, correlimos comunes y cuatro solitarios chorlitos grises, un correlimos menudo y cuatro zarapitos reales que junto con 3 agujas colinegras deambulan por una de las islas de la laguna.
En los campos cercanos a las lagunas buenos grupos de avutardas salpican el verde recién nacido mientras milanos reales, aguiluchos pálidos y laguneros, cernícalos vulgares o un solitario busardo ratonero patrullan los campos en buscan de alguno de los miles de pajarillos que se mueven por los campos: estorninos negros y pintos, pardillos, jilgueros, trigueros o gorriones comunes vuelan en buenos bandos ante la atenta mirada del esmerejón que no perderá la ocasión que se le pueda presentar.
Aguilucho lagunero.
Archibebes oscuros, garcetas comunes, andarríos grandes o una solitaria garza real también buscan su hueco en las lagunas siempre observados por una de las rapaces nocturnas más bonitas, el búho campestre, la más diurna de las rapaces nocturnas que no pierde detalle al igual que los pequeños mochuelos que asoman entre las piedras, derruidos palomares o sobre las gastadas piedras del puente romano.
Búho campestre.
Grullas entrando a dormir a la Salina Grande al anochecer.
El día va acabando y van llegando aves a dormir a la laguna: unas seiscientas grullas llegan en pequeños grupos después de un día en el que han estado desaparecidas comiendo en la lejanía; entre ellas una vieja conocida la: BuBuY-WGW. Anillada en Alemania el 9 de julio de 2012 y que he podido ver desde 2013 en numerosas ocasiones.
Los escasos ánsares van al contrario, cuando las grullas llegan, ellos van saliendo a comer a los campos cercanos; entre ellos sigue el ánsar con collar azul ZU2, anillado en Noruega por Arne Follestad el 5 de julio de 2018 y otro collar azul que me tiene intrigado.
Estos pocos ánsares (habrá unos 700, junto con un grupo de unos 300 volando muy alto que llegaron por la mañana seguramente del norte) salen de la laguna mientras un grupo de gaviotas reidoras y tres sombrías entran a dormir a la seguridad de la laguna. Por la mañana seguía la gaviota cana de segundo año que lleva por la zona desde hace varias semanas.
El día toca a su fin. Un día lluvioso. Una día de esperanza. Un día en el que el movimiento de aves ha resurgido en las lagunas, solamente falta que siga lloviendo para que la situación vaya mejorando.