lunes, 27 de enero de 2025

Día mundial de la Educación Ambiental: "Encuentros con lobos".

El pasado domingo, 26 de enero, se celebró el Día Mundial de la Educación Ambiental. Participé en el Centro del Lobo Ibérico Félix Rodríguez de la Fuente con una charla titulada: “Encuentros con lobos”.
La jornada comenzó con un día muy complicado: lluvia constante y fuerte viento que hacían muy desapacible la mañana; aun así un grupo de cerca de veinte personas se acercaron a participar en la jornada que había preparado el centro.
La actividad estaba programada en dos partes. La primera era la charla titulada “Encuentros con lobos” en la que conté algunas de las principales características del comportamiento de un lobo ibérico a través de diferentes encuentros de campo.
La segunda parte, que con otra climatología debía de haberse desarrollado fuera del centro, corrió a cargo de Esperanza Escalante en la que contó diferentes indicios que podemos encontrar en el campo de la presencia de fauna así como buenos comportamientos en nuestras salidas a la naturaleza para después acercarnos a uno de los miradores del centro y poder disfrutar de algunos de los ejemplares de lobo ibérico que tienen en el centro.
La mañana terminó como empezó: con viento y lluvia pero con la agradable sensación de haber podido participar de este día especial en un lugar tan importante para la educación ambiental del lobo como es el Centro del Lobo Ibérico "Félix Rodríguez de La Fuente".
Fotografías realizadas a algunos de los ejemplares
del centro del Lobo Ibérico Félix Rodríguez de la Fuente
(Robledo-Zamora).
Agradezco enormemente a los responsables del Centro del Lobo Ibérico el invitarme a participar en dicha jornada así como a sus integrantes por su amabilidad y atenciones, además de al grupo de personas que acudieron en la desapacible mañana hasta allí para participar en la jornada. Gracias a todos.

martes, 7 de enero de 2025

Martín pescador: un habitante muy hermoso de nuestro río Duero.

Uno de los habitantes más bellos y espectaculares que nos podemos encontrar en el tramo urbano del río Duero en Zamora es el martín pescador. Pequeña flecha azul metálica que vuela muy cerca del agua hasta posarse en una percha adecuada para otear la superficie del río y esperar su oportunidad.
Cuando lo observas en su atalaya te das cuenta de la belleza de su plumaje, de tonos azules y verdosos metálicos adornados con un naranja intenso en su pecho, destacando su enorme y poderoso pico, cabeza grande y aspecto rechoncho pero compacto sustentado en sus cortas patas rojizas.
Cuando se habla del martín pescador te lo imaginas en un río de aguas claras y limpias, en un río de montaña con un paisaje idílico y bucólico. Siempre se ha dicho y escrito que un martín pescador necesita aguas limpias para poder capturar a sus presas. Esto es lo que se considera normal. Este es el comportamiento establecido y aceptado por la mayoría pero…¿realmente sucede así?
Los animales tienen un enorme poder de adaptación al medio y siempre buscarán los lugares que les sean más favorables para sus intereses aunque nosotros creamos que es imposible que allí se encuentren o que sea lo que se considera establecido y aceptado por todos; nada más lejos de la realidad. Esto sucede con el martín pescador que nos podemos encontrar en el río Duero a su paso por Zamora.
Lo esencial que busca un animal es alimento. Si hay alimento estará presente. Si le añades agua, cobijo y que lo dejen tranquilo, todavía mejor. Si alguno de estos condicionantes es un poco complicado por estar muy cerca de la ciudad o en la ciudad misma, serán capaces de adaptarse y sobrevivir. Eso es lo que les pasa a los martines pescadores que se encuentran en pleno tramo urbano del río Duero a su paso por Zamora. Tienen alimento. Agua. Cobijo y tranquilidad ¿Qué más necesitan? Todas sus necesidades están cubiertas así es que ¿Por qué no vivir aquí?
Recuerdo desde niño las imágenes que aparecían en El Hombre y la Tierra. Serie que marcó varias generaciones y que nos hizo aprender a conocer, amar y respetar la naturaleza y verla de una manera que nadie podía imaginar. Pues bien, en uno de los capítulos se veía como los martines pescadores se zambullían en el agua como pequeños proyectiles, dentro del agua era fantástico verlos para los ojos de un niño pequeño que admiraba como se movían bajo la superficie, parecía que nadasen volando; o como criaban a sus pequeños en un agujero hecho en un talud del río, o como un hermoso y espectacular gato montés cazaba a uno de ellos. Eran imágenes fascinantes para un niño que miraba con los ojos abiertos como platos y que se escapaba desde la cama, con mucho sigilo, para que su hermano pequeño no se despertara y esperaba ansioso, toda la semana, la llegada del viernes que era cuando emitían un nuevo capítulo de esa serie que mostraba la naturaleza de una manera fascinante y atrayente.
Desde esas imágenes he visto muchos martines pescadores en ríos de montaña de aguas claras y cristalinas pero también en ríos de ciudad, de aguas más turbias como el tramo urbano del río Duero a su paso por Zamora ciudad.
Ahí está posado en su percha, descansando pero sin perder detalle del movimiento en el agua, esperando su oportunidad para lanzarse como una pequeña flecha que se introducirá como un rayo en el agua para pescar, en la mayoría de los intentos, un pequeño pez que tras un golpe seco en su atalaya tragará rápidamente. Cuando llegue su momento criará en uno de los taludes del río excavando su nido en la suave arena.
En estas dos imágenes podemos diferenciar
un macho (arriba) en el que su pico es totalmente negro
 de una hembra (abajo) en la que su pico, en la parte inferior es clara.
Siempre me alegra verlo y, si es aquí, más todavía porque los paseos por el río, sin cruzarte con él o verlo posado no serían lo mismo. Sin su presencia, el río habría perdido a un habitante muy bello y especial. El martín pescador.

jueves, 26 de diciembre de 2024

Un año de "Observaciones de campo del lobo ibérico 2.0"

Un año hace ya de la publicación de “Observaciones de campo del lobo ibérico 2.0”. Un año en el que el libro ha crecido y lo ha conocido mucha gente que se acercaba a él buscándolo o simplemente lo encontró y saboreó sus fotografías, sus historias, su intensidad, su pasión, su amor a la naturaleza…saboreó la vida cotidiana del lobo ibérico en su hábitat natural.
Fernando García, José Luis Santiago, Hipólito Hernández y Manuel Segura; además de Javier Talegón (Llobu) que hizo un precioso prólogo que da comienzo y engrandece este libro, son una parte muy importante de esta historia en la que quería hacer un pequeño homenaje a esas personas calladas, inteligentes, elegantes y discretas que aman la naturaleza por encima de todo. Gracias.
Una de las finalidades de este libro es describir cómo vive un lobo ibérico mediante observaciones reales y directas de su comportamiento para conocer mejor su vida, para comprenderlo, entenderlo, valorarlo y respetarlo. Además de poner en valor todo el entorno que rodea al lobo que abarca una enorme biodiversidad.
En este libro encontrarás alrededor de 100 observaciones de campo. Observaciones en las que las fotografías han adquirido un gran valor e interés sin restarle importancia al propio texto.
El libro está estructurado en cinco grandes bloques: “Sentir al lobo”, “El grupo familiar”, “Alimentación”, “Encuentros fortuitos” y “Comportamientos poco habituales”. Cada bloque es independiente y todos se desarrollan mediante el relato de una observación directa de campo en la que se narra una situación o un hecho cotidiano en la vida de un lobo ibérico, de tal manera que al terminar el libro se tenga una idea clara de cómo es su día a día.
Todas las observaciones y fotografías de este libro han sido realizadas a lobos en total libertad, sin causarles ningún daño, molestia o perjuicio, sin interferir para nada en su vida, en sus movimientos o en sus quehaceres. Espero y deseo que guste a todo aquel que se anime a tenerlo entre sus manos, a leerlo, a disfrutarlo, a saborearlo...
Quedan pocos ejemplares en las librerías de Zamora: Semuret, Ler, Mil hojas y Jambrina además de en Salamanca: Víctor Jara y Letras Corsarias (envíos a toda España).

jueves, 19 de diciembre de 2024

Un gran día en Villafáfila: aguilucho papialbo, agachadiza chica, correlimos de Temminck, flamencos, elanio, ortegas, sisón...

El pasado 14 de diciembre fue un gran día en la Reserva Natural de las Lagunas de Villafáfila. Día lleno de naturaleza, magníficas observaciones y agradable compañía que nos hizo disfrutar de una fantástica jornada de campo que comenzó en el frío amanecer de la mañana, escuchando el impactante ulular del búho real que está en época de celo. Búho real recortado en el horizonte que era contestado por su pareja en el otro lado del río.
Llegamos a una Villafáfila espléndida, prácticamente llena de agua y llena de vida. Comenzamos en la Salina Grande donde miles de aves se movían en el imponente espejo de la laguna. Azulones, cercetas, ánades frisos, patos cuchara, silbones o ánades rabudos nadaban tranquilos solamente sobresaltados por la presencia de un azor juvenil o algún lagunero que sembraban el pánico en la tranquila mañana pero, por encima de todos, destacaban los majestuosos flamencos, la enorme cantidad de tarros blancos y la ausencia de la especie más numerosa en los últimos 25 años: el ánsar común.
Ver un flamenco no es nada habitual en las Lagunas de Villafáfila pero eso ha cambiado desde la aparición en septiembre de 2023 de dos jóvenes flamencos que un año y cuatro meses después continúan en las lagunas, a los que se les han añadido 11 ejemplares más; grupo muy curioso que destaca en la inmensidad de la laguna.
Flamencos que se mueven constantemente en busca de alimento removiendo el fondo con sus patas como gigantescos Gullivers en un mundo de Liliputienses.
Dos especies destacan en esta invernada, unos por sus elevados números y otros por el exiguo número de ejemplares. Hay más tarros blancos que ánsares comunes; nadie lo hubiera pensado hace unos años en los que miles de gansos llegaban hasta las lagunas procedentes del norte de Europa, desde el pico máximo de 39.296 en 1999 hasta los escasos 500 de este diciembre de 2024 (474 en el censo del 14 de noviembre de la Reserva). Por el contrario, el tarro blanco, ha subido hasta alrededor de 600 ejemplares, contamos 583 (540 en el censo del 14 de noviembre de la Reserva).
En el entorno de la Salina un sisón se alimentaba entre las hierbas mientras un grupo de alcaravanes se movían de una zona a otra y tres pequeños chorlitos grises descansaban al borde de la laguna.
Chorlitos grises.
Correlimos de Temminck.
Continuamos hasta los lavajos donde un pequeño proveniente del lejano Ártico. Un correlimos de Temminck se movía inquieto en una zona encharcada. Villafáfila es el principal punto de observación de estos pequeños correlimos en toda Castilla y León de forma regular año tras año, en paso, pero el invierno pasado sucedió un hecho sin precedentes, cuatro correlimos de Temminck completaron toda la invernada; de momento, un ejemplar lleva un tiempo en la misma zona, quién sabe si se le unirá alguno más o se quedará todo el invierno.
En esa misma zona saltó una de las sorpresas de la jornada: un precioso macho de aguilucho papialbo apareció ante nuestros ojos.
Aguilucho papialbo.
(Gracias Alejandro Sanz por tu fotografía)
Aguilucho papialbo proveniente del este de Europa y Asia que inverna al sur de Asia y al sur Sáhara que año tras año se va viendo con mayor asiduidad en nuestros campos pero sigue siendo una hermosa rareza que dejó de serlo oficialmente en enero de 2016.
El aumento de avistamientos en los últimos años ha llegado a plantear la posibilidad de una nueva ruta migratoria hasta el sur del Sáhara que pasaría por el sur de Europa y el oeste del mar Mediterráneo uniéndose a la tradicional por Oriente Próximo.
Elanio azul.
En el mismo punto pero más adelante disfrutamos de un majestuoso elanio que capturó un topillo ante nuestros ojos y se lo comió en el poste de una vaya acosado por un par de incansables urracas.
El elanio es originario de Asia y África. Hasta la década de los años cincuenta del s.XX no se encontraba en España. Su aparición se produjo por el aumento de las zonas de cultivos extensivos en los años cincuenta que eliminaron miles de árboles y los campos se destinaron a la agricultura. Así, la mecanización del campo, provocó que se ampliara la extensión de hectáreas, se abarcaba más terreno con la nueva maquinaria por lo que desaparecieron árboles y se ampliaron las zonas de cultivo extensivo. El habitat que necesita el elanio que, en los años setenta, comenzó a criar en nuestro país y, en los ochenta, se extendió hasta parte de Francia.
El elanio es de un tamaño parecido al de un cernícalo e incluso se cierne como él, es decir se mantiene quieto en el aire, en la vertical, donde se encuentra su posible presa, batiendo con fuerza sus alas y mostrándonos su portentoso color blanco inmaculado.
Ganga ortega unos días antes.
(Gracias a Fernando García por la foto para ilustrar esta entrada)
Nuestra siguiente parada fue en la zona de Barillos donde pudimos disfrutar de un grupo de ortegas que comían en una tierra ocultas por su increíble mimetismo que hacía que nos costara verlas.
Ave esteparia que ha sufrido un gran declive en los últimos tiempos. Entre 2005 y 2019 la población de ortegas en Castilla y León se redujo en un 51% (datos del anuario de ganga ibérica y ortega).
Mochuelo.
Chorlito dorado europeo.
Agachadizas, correlimos comunes y menudos, andarríos, combatientes, mochuelos, chorlitos dorados o avefrías iban surgiendo a en nuestro camino. La vida se abría paso en una mañana que llegaba poco a poco a su fin.
Otro de los fantasmas que conseguimos observar fue una preciosa, esquiva y casi invisible agachadiza chica que comía como un percutor en el borde de un charco. Su plumaje críptico hace que sea muy complicado localizarla, tanto que incluso teniéndola muy cerca es casi imposible verla pero pudimos disfrutar de ella durante unos minutos mientras se movía alimentándose en el borde del encharcamiento.
La maravillosa mañana llegó a su fin y nos dispusimos a comer en una agradable, distendida y entretenida conversación en una mesa de amantes de la naturaleza que nos habíamos reunido en nuestra comida de cada año.
Tras hablar de lobos, linces, aves y aves nos dispusimos a finalizar el día desde la zona de la balsa donde nos atrapó la oscuridad de la noche observando a Júpiter, Saturno, Mercurio y la majestuosa belleza de la enorme luna que puso fin a un gran día de disfrute en la naturaleza con una agradable y magnífica compañía.

domingo, 8 de diciembre de 2024

Primer colimbo grande en Zamora.

En muchas ocasiones el avistamiento de un ave sucede de una manera curiosa, fortuita o totalmente inesperada y así ha sucedido con el avistamiento del primer colimbo grande para la provincia de Zamora. El día 6 de diciembre por la tarde, Óscar Losada se encontraba pescando en Santa Eulalia de Tábara cuando apareció un ave extraña que no conocía, era inusualmente confiada, no como el esquivo cormorán que conocía muy bien, tampoco era un somormujo pero tenía una sospecha de lo que podía ser, la grabó y se la mandó a su hermano esa tarde-noche. 
Gary Losada es un experto ornitólogo y mejor persona que llevaba tiempo avisando a su hermano que se fijara en las aves que veía mientras pescaba por si aparecía lo que se confirmó a la mañana siguiente, día 7 de diciembre, en la que Gary se presentó en el lugar para certificar las sospechas; era un colimbo grande, primera observación segura y documentada de esta especie en la provincia de Zamora.
Poco tiempo después del aviso de Gary Losada me encontraba junto a él observando el precioso colimbo grande de primer año que nadaba tranquilo en este enclave zamorano.
El colimbo grande es un ave impresionante, de fuerte pico, cuello robusto y pinta de cormorán cuando lo ves en la lejanía. Ave proveniente del ártico que cría en Groenlandia, Islandia o Norteamérica y que en un grupo muy reducido de ejemplares pasa el invierno en puntos muy concretos de Galicia, Asturias o Cantabria donde Santoña es su principal punto de invernada en España y sus apariciones en el interior peninsular son muy, muy escasas.
Mirábamos embelesados como el precioso colimbo se zambullía una y otra vez en busca de su alimento: cangrejos que nada más salir a la superficie con ellos los desarmaba quitándoles, con una gran pericia, sus grandes pinzas para tragarlos inmediatamente.
Ahí estaba nadando tranquilo, en la mañana zamorana, en la que el frío viento del norte comenzaba a arreciar mitigado por los rayos del sol que nos acariciaban suavemente para calentarnos mientras observábamos su belleza. 
He visto muchos colimbos anteriormente pero verlo aquí, en tu provincia, en tu casa es una sensación completamente diferente, única, una sensación que hace de su observación un momento especial que tratas de aprovechar al máximo, observando todos sus movimientos, su manera nadar como un barco, su manera de zambullirse, su manera de acicalarse; en esa observación intensa y expectante me llamó la atención algo que hizo en varias ocasiones: antes de sumergirse metía solamente la cabeza bajo el agua, era como un periscopio pero al revés, era como si fuera observando lo que había en la zona para zambullirse después en su busca.
El colimbo grande es un gran buceador que tan pronto está a tu lado como que sale del agua a varias decenas de metros de distancia, Gary le cronometró en alguna zambullida 32 segundos bajo el agua.
Este magnífico buceador después de varios intentos y varias capturas comenzó a acicalarse su impoluto plumaje que lo ha traído hasta aquí desde la lejanía del ártico ¿Seremos los primeros humanos que ve? Quién sabe pero desde luego nosotros éramos los que si veíamos por primera vez un colimbo grande en nuestra provincia.