La tormenta acababa de terminar. La lluvia había cesado
pero quedaba un poco de viento y la humedad se notaba en el ambiente. Los animales
comenzaban a asomar. Los conejos asomaban de sus agujeros y un par de liebres
se perseguían inquietas por la pradera cuando un bulto grande llamó mi
atención.
Lo normal es que fuera un cernícalo, una paloma, un
cuervo, una corneja o un halcón pero esto era más grande de lo normal así es
que me acerqué con mucho cuidado. Mi sorpresa fue mayúscula…¡era un búho
campestre!
Nunca los había visto subido en un cable. Siempre me los
había encontrado en el suelo, sobre un terraplén o un montón de piedras, entre
hierbas o volando; nunca lo había visto ahí, en un cable. Me acerqué un poco más.
El precioso búho campestre se desperezó y movió todo su
cuerpo sacudiéndose sus preciosas e inmaculadas plumas. El agua que hubiera
podido quedar en su exterior salió volando en todas direcciones en forma de
pequeñas gotas que huían del movimiento del búho que tembló de abajo arriba en
un contoneo espasmódico que hizo moverse a todas sus preciosas plumas.
Plumas que son básicas para poder volar si ruido alguno. Plumas
que están aserradas en los extremos para amortiguar el sonido que producen al
chocar entre ellas así como su disposición especial que hace que el aire fluya
entre ellas y no provoque ningún sonido por rozamiento.
Plumas que le dan un color marrón, rojizo, pardo, blanco,
leonado que le hace camuflarse perfectamente entre la vegetación de la estepa. Un
color que le camufla como a un fantasma cuando se encuentra en el suelo entre
hierbas o arbustos.
Plumas que varían de color de unos ejemplares a otros, haciendo que unos sean mas blancos, otros más tipo leonados o más oscuros. Plumas
que en su disco facial son blancas o amarillas sucias; disco facial de plumas
rígidas que hacen la función de antena parabólica dirigiendo el sonido que
puedan detectar hacia el oído que tiene recubierto de otras pequeñas plumas marrones
que levantan cuando están nerviosos o alterados.
Sobre su pico tiene otras pequeñas plumas rígidas que
utilizan como el tacto para, por ejemplo, al tocar la carne para dar de comer a
sus pollos, les sirven para controlar las distancias y saber que hacer.
Ahí estaba, sobre el cable, observando. Sus grandes ojos
amarillos prospectaban alrededor y su especializado sistema de escucha estaría
detectando cualquier sonido. Me ignoraba por completo. Se estaba desperezando y
yo no suponía ningún problema para él.
Ahí subido me mostró sus poderosas garras. Garras largas
y potentes con las que se agarraba fuertemente al cable y que son un elemento
letal en la caza. Garras que son la finalización de unas poderosas y potentes
patas recubiertas de plumas blanco amarillentas.
Se volvió a sacudir y levantó el vuelo. Un vuelo silencioso y limpio que le llevó a comenzar un vuelo de reconocimiento en busca de posibles presas. El búho campestre, la más diurna de nuestras rapaces nocturnas, voló alrededor y se perdió en la estepa castellana.
Se volvió a sacudir y levantó el vuelo. Un vuelo silencioso y limpio que le llevó a comenzar un vuelo de reconocimiento en busca de posibles presas. El búho campestre, la más diurna de nuestras rapaces nocturnas, voló alrededor y se perdió en la estepa castellana.



