jueves, 25 de febrero de 2016

Mochuelos, búhos y lechuzas: ¿Buena o mala fama?

Todos los días desde hace unos cuantos años en una de las partes del colegio podemos ver a un pequeño mochuelo que nos deleita con su presencia. Su figura regordeta es inconfundible para los niños que van subiendo hasta la ESO y llegan a las aulas en las cuales les imparto clase.
Allí lo ven casi todos los días. Asomado en su agujero. A la puerta de su casa. A la puerta de su hogar pero también lo vemos moverse por los tejados o posarse en las chimeneas. Está sólo todo el año pero, en época de cría, aparece su pareja y, año tras año, sacan adelante una pollada de preciosos mochuelos.
Es una gran satisfacción poder verlo allí y explicar a lo niños que es, como vive, que come,…es educación ambiental en plena clase de cualquier otra asignatura; explicarles que su población ha descendido desde finales de los años noventa en un 40% por la alteración de su hábitat (necesita espacios abiertos y posaderos para cazar), la utilización de pesticidas, la eliminación de árboles viejos, setos y lindes; pero que nuestro mochuelo sigue aquí, en su pared, en su agujero.
El mochuelo ha estado presente en nuestras vidas desde tiempos inmemoriales, como lo atestiguan refranes comunes como, “cada mochuelo a su olivo” o “cargar con el mochuelo” pero  también es un asiduo en mitos y leyendas desde hace  miles de años, al igual que los búhos o las lechuzas pero ¿todos tienen la misma simbología? ¿significan lo mismo? ¿los vemos igual? ¿tienen la misma fama?
Todos recordamos los dibujos animados o los cuentos en los que aparece un búho en el agujero de un viejo árbol, en todos ellos es el sabio del bosque, el que más sabe, al que todos piden consejo.
Un mochuelo o un búho son discretos. Observan ocultos. Observan sin ser vistos. El mochuelo y los búhos se han asociado desde antiguo con la sabiduría. La diosa griega Atenea era la diosa de la sabiduría, de las artes y le acompañaba un mochuelo con ella, simbología que ha llegado hasta nuestros días. Por el contrario la lechuza es más escandalosa y su plumaje es más llamativo, más fantasmagórico además de que emite un sonido chirriante y fuerte que poco tiene que ver con el sonido plácido de los búhos por lo que, la lechuza, se ha relacionado, desde antiguo, con la dama blanca que viene del inframundo, del mundo de los muertos, como si fuera un fantasma en la noche, una guía de las almas, la mala suerte y, además, la lechuza, solía vivir en cementerios, casas caídas, abandonadas o viejas iglesias que agrandaban su mala fama asociada también a la brujería o las malas artes.
Por lo tanto los mochuelos y búhos han sido relacionados con la sabiduría y el discernimiento por su capacidad de discreción, su observación sin ser vistos, por su actitud pensativa, por su plumaje discreto y su sonido poco escandaloso por el contrario, la lechuza, ha tenido muy mala fama, su plumaje tan llamativo, su voz chirriante y vivir en casas abandonadas, ruinas o cementerios la condenó a ser considerada como un ave de mal agüero relacionada con la muerte, lo fantasmagórico o la brujería, algo que todavía en muchos lugares se sigue pensando. Ideas que han calado a lo largo de la historia, ideas que gracias al aumento en el nivel cultural han ido cambiando poco a poco aunque sean muy dificiles de erradicar definitivamente.

domingo, 14 de febrero de 2016

Perdiz pardilla. Una maravilla poco valorada.

Allí estaba. Quieta. Inmutable. Hierática. La ventisca soplaba con una fuerza tremenda a su alrededor, el aguanieve caía arrastrada lateralmente empapando todo a su paso. Las nubes bajas. La nieve cubriendo el entorno. Allí estaba. Agazapada. Protegida por los brezos que paraban la fuerte ventisca.
Nos mira. Nos observa. Sigue inmutable. Está sola en una tierra dura y complicada, en una tierra que conforma su lugar de existencia, un lugar al que ha sido relegada a lo largo de los años, un lugar a más de 1.500 metros de altura sobre el nivel del mar, un lugar en el que viven las últimas perdices pardillas de nuestra tierra, un lugar que ojalá sea un feudo inexpugnable para que pueda progresar lentamente, un lugar mágico, precioso y espectacular, la Alta Sanabria.
Se levanta. Se estira pero no nos pierde de vista. Comienza a caminar lentamente hacia los brezos. Ahora podemos verla en todo su esplendor. Es hermosa. Su plumaje es una muestra de su adaptación. Se camufla perfectamente con su entorno. Cabeza alta mostrándonos su color rojizo pardo, su pico gris claro. Camina por el borde de los brezos, protegiendo así su plumaje y manteniéndose seca; con esta ventisca si entrara en los brezos y se le descolocaran las plumas podría mojarse, así es que permanece en el borde, con el plumaje haciendo de coraza inexpugnable ante la adversidad del agua, de la nieve y del viento.
¿Por qué estará sola? Varios metros más a su izquierda tenemos la respuesta. Un ruido de chasquidos, alas agitándose y pequeños golpes llaman nuestra atención. Dos machos están librando una dura pelea. Una pelea violenta. Una pelea en la que se pican febrilmente, se lanzan uno sobre el otro con una fuerza y violencia impactantes. Se levantan. Saltan y sus patas se convierten en poderosas armas para atacar al contrario. Golpes. Picotazos. Arañazos. Saltan. Caen. Se arañan. Se pican. Agitan las alas frenéticamente para coger impulso, levantarse mínimamente y atacar al rival con las patas levantadas y estiradas, donde las uñas son como pequeños cuchillos que buscan al oponente. La febril lucha dura unos minutos, tras los que el perdedor se retira en un vuelo corto hacia el interior del brezal. El ganador está satisfecho. Se estira. Se sube en un pequeño promontorio y canta el himno de su triunfo emitiendo su chasquido típico que hace honor a su nombre en estas tierras, la charrela. Otra perdiz sale de detrás de un brezo. Es una hembra. Se juntan. El ganador está exultante. Caminan juntos por el borde del brezal. De repente, el  ganador, emprende la carrera frenéticamente.
Hay otras dos perdices más a la izquierda. Otros intrusos que no puede permitir en su zona. Se acerca velozmente para expulsarlos de su tierra conquistada. Según se acerca las otras perdices no quieren saber nada y emprenden la huida rápidamente, seguramente sean otra pareja. Estamos en época de emparejamiento. En época de marcar territorio. De defender una zona y a su pareja con la que criará, año tras año, la futura generación de pardillas. Sube en otro promontorio y vuelve a cantar. La charrela está exultante.
La charrela, perdiz pardilla, es un ave escasa que está considerada en el Libro Rojo de las aves de España como vulnerable y, actualmente, está prohibida su caza, aunque de vez en cuando nos encontremos con noticias del decomiso de ejemplares a cazadores que han matado alguna aludiendo que creían que era una perdiz roja.
La pareja de perdices pardillas se junta hasta tocarse como en un tierno abrazo, se restriegan las cabezas reforzando su vínculo que perdurará año tras año. Se pierden en la ventisca. Se van. Desaparecen al borde del brezal. Continúan su vida. No irán muy lejos. Su territorio es ese y lo defenderán, la época de cría está cerca y en ella colaboran los dos, tanto el macho como la hembra intentarán sacar adelante a sus pequeños hasta que puedan valerse por si mismos. Se esfuman entre la nieve, la niebla y el viento.
Mi cara dibuja una sonrisa de oreja a oreja. Llevaba mucho tiempo con ganas de disfrutarlas así, tan cerca, de una manera tan natural, siempre las había visto de lejos; cuando caminas por estos maravillosos parajes y vas pendiente de poder verla, tienes que ir muy atento ya que suele escabullirse entre los arbustos y no la verás o lo harás muy fugazmente, ya que prefiere escapar corriendo que salir volando, algo que solamente hará cuando estés prácticamente encima de ella y será un vuelo corto para, rápidamente, meterse entre los matorrales y continuar corriendo. Pero hoy había sido diferente, hoy había sido una gran satisfacción. Me giré hacia mi compañero y le di unos enérgicos golpes en el hombro de agradecimiento y complicidad. Gracias amigo. Gracias Hipólito Hernández.
Huellas y excrementos de la perdiz pardilla.
Que nunca desaparezcan...
No las volvimos a ver pero nuestra satisfacción se mostraba en nuestra amplia sonrisa y ojos chispeantes. La perdiz pardilla es una joya de nuestra tierra, es una especie emblemática que no está tan valorada como se merece. Es una especie que hay que cuidar, es un bien natural, un bien común que debemos de saber apreciar, disfrutar, valorar y respetar porque si no lo hacemos se irá, desaparecerá y entonces, no habrá remedio y lamentaremos no haberlo intentado. Parece que, muy lentamente, está remontando el vuelo, por lo menos, no sigue su caída en picado, en buena medida gracias a los programas de Conservación del Parque Natural del Lago de Sanabria y alrededores que con sus técnicos y agentes medioambientales entusiastas y amantes de la naturaleza le han dado un gran empujón, esperemos que definitivo, hacia la salvación de esta increíble y bella especie que tenemos en nuestra provincia. Todo un lujo que debería de estar más valorado.

miércoles, 10 de febrero de 2016

200.000 visitas. Gracias a todos.

El camino de este blog comenzó hace algo más de cuatro años. En mayo de 2011 se inició su andadura de una forma meramente experimental y fue, en octubre de ese mismo año, cuando me decidí plenamente a llevarlo a cabo, a intentar ser regular y constante en la publicación de entradas.
Desde entonces han pasado algo más de cuatro años en los que he intentado que siguiera activo que fuera interesante, divulgativo y atractivo.
Espero haber conseguido llamar vuestra atención e interés, o que estas entradas hayan servido como una ventana al maravilloso mundo de la naturaleza que nos rodea. He intentado divulgar nuestro entorno para ser capaces de apreciarlo, valorarlo y respetarlo; espero haber conseguido algo de lo propuesto.
200.000 visitas con 263 entradas, 1351 comentarios y visitas de casi 100 países diferentes son un bagaje que nunca imagine cuando comenzó esta historia ya que los principios fueron muy complicados.
Gracias a todos los que seguís el blog de forma regular. Gracias a todos los que habéis entrado de vez en cuando. Gracias a todos los que me habéis prestado fotografías. Gracias a todos los que me habéis dado consejos y asesoramiento. Gracias a todos porque sin vosotros este blog no existiría.
La aventura continúa. Espero que os siga gustando y que no decaiga vuestro interés por este blog humilde pero hecho con gran cariño e ilusión. Gracias a todos.

jueves, 4 de febrero de 2016

¿Por qué hay dormideros de aves?

Muy cerca de mi casa hay varios dormideros de aves, en la zona del río hay un dormidero de garcillas bueyeras, otro de urracas, otro de estorninos y otro de grajillas; en el parque del castillo podemos ver otro de grajillas que unos días están ahí y otros en la torre de la catedral; durante muchos meses las cigüeñas blancas duermen sobre tejados de iglesias y palacios así como la cúpula de la catedral. Y, si me acercó hasta el bosque de Valorio, hasta los búhos chicos duermen durante el invierno en pequeñas concentraciones en el mismo árbol. Dormideros alrededor de donde vivo, dormideros urbanos, dormideros de aves que se reúnen durante el invierno para pasar la noche pero, ¿por qué lo hacen? ¿qué beneficios obtienen a la hora de dormir en grupo?
Dormidero de garcillas bueyeras en el río Duero a su paso por Zamora.
(con algún infiltrado)
En una entrada antigua hablaba sobre porque las aves se concentran en grandes grupos de cientos o miles de ejemplares y cuales eran sus beneficios (pincha aquí si quieres recordarla). Muchas de esas aves que se mueven en grandes bandadas también duermen juntas en grandes dormideros pero, no solamente ellas, sino que otras pasan el día solas o en pequeños grupos pero al anochecer se van uniendo en puntos específicos para así pasar la noche juntas como los milanos reales o las urracas.
Los grandes bandos de estorninos, durante el día,
comen en campos cercanos...
...al anochecer se acercan a su dormidero...
...como este entre los juncos, en una de las orillas
del río Duero a su paso por Zamora.
Los grandes dormideros se producen fundamentalmente en invierno pero, ¿por qué se reúnen en determinados sitios? ¿por qué se concentran para dormir juntos? Si nos paramos a pensar de una manera lógica, con sentido común, aunque, muchas veces, el sentido común es el menos común de los sentidos, cuando duermes junto a alguien la primera sensación es de calor, te da calor y, si es invierno, mejor que mejor, esta es una de las primeras causas por las cuales duermen en grandes grupos, muchos ejemplares juntos se dan calor unos a otros y más, si son aves pequeñas, que pierden mucho más calor corporal por la noche que un ave grande.
Si estamos en mitad del campo, ¿notaremos más o menos el frío o el viento? Evidentemente, si estamos en campo descubierto, el frío o el viento lo notaremos mucho más que si estamos a resguardo de un árbol o de un roquedo y, si estuviésemos entre edificios lo notaríamos todavía menos y, además, la temperatura en la ciudad siempre es más alta que en el campo, por lo tanto muchos dormideros están en las ciudades ya que entre edificios o en la misma ciudad se nota mucho menos las inclemencias atmosféricas que en el campo descubierto, es decir, se juntan porque se dan calor y lo hacen resguardados porque notan menos el frío o el viento.
Dormidero de gorriones molineros en el barrio de Olivares (Zamora).
Dormidero de milano real.
También sucede algo parecido con ciertos bosquetes de árboles, por ejemplo, en el interior de un bosque de acebos sube la temperatura hasta 3 ó 4º con respecto al exterior, por lo tanto, dentro de ese bosque, se refugiarán todo tipo de animales durante la noche y más durante el invierno. Como dijimos anteriormente, en la ciudad, también sube la temperatura en comparación con el exterior y, además, en un edificio sube más la temperatura y si, ese edificio tiene calefacción, notarán todavía más calor, les será más beneficioso dormir ahí.
Cigüeñas reunidas para dormir en la cúpula de la catedral de Zamora.
Por lo tanto, se juntan para darse calor, para perder menos temperatura corporal y para resguardarse de las inclemencias atmosféricas que en las ciudades son menos acusadas pero también hay grandes dormideros de grullas, gaviotas o de gansos que lo hacen en lagunas, estos no duermen en la ciudad y, por lo tanto, no se benefician de ese efecto “de calor” que se produce por la propia la ciudad, entonces ¿por qué se juntan?
Dormidero de urracas.
Pensemos un poco más, si un ganso o una grulla durmieran en campo abierto y solos, sería mucho más fácil para cualquier depredador poder atacarles por la noche, por lo tanto, lo harán en el agua o sobre islas en las que se verán más protegidos y, si duerme con cientos o miles de ejemplares más, las posibilidades de detectar a un depredador son mayores, la de ser comido menores y la de acceder un depredador a ese dormidero en una isla o laguna mucho menores, es decir, es una ventaja ante los depredadores.
Dormidero de grajillas en un parque de la ciudad de Zamora.
Lo mismo sucede con los dormideros de grajillas, estorninos, gorriones, cigüeñas o garcillas bueyeras de la ciudad, juntos son capaces de vigilar más, hay más ojos para hacerlo y más tiempo para descansar  y, si lo hacen en lugares altos o resguardados, los depredadores tienen menos posibilidades de acceso. 
En definitiva, las grandes concentraciones para dormir, los dormideros, se suelen producir en invierno; las ventajas de dormir en grupo, son mucho mayores que de hacerlo sólo, ventajas que cuando llegue el buen tiempo irán esfumándose y, lo que antes era una buena compañía, el gran grupo, ahora no, ya que primará más buscar un territorio y una pareja, con lo cual, los demás, serán competidores, aunque no siempre pasa así, ya que algunas aves seguirán criando en colonias que también tiene sus ventajas, como puede suceder con las garzas reales, las garcillas bueyeras o las gaviotas (tema en el que hablé en la entrada dedicada a la colonia de las gaviotas reidoras de Villafáfila). Pero hasta que eso suceda, al anochecer, en muchas ciudades seguiremos oyendo la algarabía y los tumultos de cientos o miles de aves que se van posando en ramas o edificios para pasar la noche.

domingo, 24 de enero de 2016

Gaviotas viajeras y gaviota cana tardía.

Hace unos días me acerqué hasta el Centro de Residuos Urbanos de Zamora en el que actualmente las cigüeñas blancas son las reinas del lugar pero también se puede ver garcilla bueyera, milano real, garza real…y gaviotas, cuya presencia varía de unos días a otros; este invierno era la tercera vez que iba y todavía no había visto ninguna “gaviota grande”, algo que cambió por completo en esta visita.
Me centré en una pequeña laguna junto al vertedero. Allí, normalmente, acuden las gaviotas a beber o descansar así es que esperé el momento. Pasados unos minutos llegó un bando de unas 40 gaviotas reidoras y al poco tiempo otro bando de alrededor de 120 gaviotas sombrías de diferentes edades.
La identificación de gaviotas me parece verdaderamente muy complicada y admiro profundamente a los que son capaces de identificarlas ya que, como sabéis, además del plumaje de las adultas hay una enorme variabilidad en las diferentes edades de una misma gaviota, lo que hace que, su identificación, sea muy complicada y más para alguien que no está acostumbrado a verlas.
Entre este nutrido grupo de gaviotas sombrías aparecieron varias anilladas. Anilla que es como si fuera su DNI, anilla que cuenta su vida, su historia. Esa anilla llevará un número y un remite nacional que servirá para saber todos los datos de esa ave. Pero no solamente es importante anillar al ave sino que es tan importante o más, intentar seguir sus evoluciones, es decir, saber a dónde va, qué distancia recorre, cuáles son sus rutas y eso se hace mediante la comunicación de todos aquellos que la ven en un lugar, leen la anilla y lo comunican. Con la documentación de esos avistamientos se pueden saber sus rutas migratorias, su longevidad o sus desplazamientos.
Cuando ves un ave anillada lo primero que haces es intentar leer el collar, el código de colores, las letras o los números de sus patas; todo dependerá de la distancia, de la posición de la numeración, de los movimientos del animal o del tiempo que sea observado. Todas las aves tienen una anilla metálica que es muy difícil de leer a distancia, con lo cual, se comenzaron a poner, a un tanto por ciento de estas aves anilladas, collares en el cuello o anillas de colores, letras o números en las patas para poderse leer desde lejos, algo que facilita su lectura aunque, en muchas ocasiones, tienes un ave delante de ti y eres incapaz de leer su anilla o collar ya sea por la luz, la posición del animal, lo fugaz de la observación, lo tapado que esté o las inclemencias del tiempo como me sucedió una mañana en el mismo lugar de esta historia en el que por la niebla, fui incapaz de leer completa ninguna anilla de las gaviotas que tenía delante y pude distinguir anillas de color rojo, naranja, negro, blanco, amarillo, verde y azul pero no conseguí leer entera ni una sola, algo que, os aseguro, es una gran frustración.
Pero, en esta ocasión, tuve más suerte y aparecieron varias gaviotas sombrías anilladas que sí conseguí leer y me hicieron una gran ilusión.
Gaviota sombría con dos reidoras.
La gaviota sombría es una de las gaviotas más comunes y conocidas; su número en Zamora ha ido aumentando considerablemente en los últimos años y, por el contrario, la gaviota reidora que era la más común, está viendo como su población está bajando sistemáticamente. Es una gaviota grande (un poco menos que la patiamarilla) en la que: ”Los adultos tienen la espalda y el dorso de las alas de color negro pizarroso y las puntas de las primarias negras con manchas blancas, siendo el resto del plumaje blanco. El pico, como el de otras grandes gaviotas, es amarillo con una mancha roja en el extremo de la mandíbula inferior y las patas amarillas, así como los ojos, que están bordeados con un anillo orbital naranja brillante” (fuente: pajaricos.es)
Si es importante comunicar la observación es igual de importante que el anillador te conteste ya que en algunos casos nunca más vuelves a saber nada; en este caso la comunicación fue muy rápida y eficiente en cuatro de las gaviotas y, sus anilladores, Peter Rock y Paul K. Veron fueron tremendamente amables en sus rápidas contestaciones a los cuales quiero agradecerles enormemente su entera predisposición algo, que como he comentado anteriormente, en algunas ocasiones no pasa. Estas rápidas localizaciones de los anilladores las conseguí gracias a la magnífica página de Antonio Guiterrez que tiene un enorme seguimiento de gaviotas anilladas y que me facilitó, muy amablemente, los contactos, al cual le quiero agradecer su entera disponibilidad y amabilidad en cuanto te pones en contacto con él.
Estas gaviotas migradoras vienen al vertedero en busca de comida fácil y cómoda que consiguen sin ningún problema y es, en la pequeña laguna, donde cinco de ellas comenzaron a contar su historia.
La primera de ellas es la 2AU3 una hembra que fue anillada en el cuarto año de calendario el 20 de mayo de 2013 por Paul K. Veron en Guernsey, una pequeña isla situada en el Canal de La Mancha que pertenece a Gran Bretaña pero está muy cerca de la costa Francesa. Esta gaviota ha sido vista once veces en total, siendo esta la primera observación que tiene en España; anteriormente había sido vista seis veces en su lugar de anillamiento y cuatro en Portugal (tres veces en Figueira da Foz y la última en Porto, lugar relativamente cercano a Zamora).
Según estas observaciones se puede deducir que esta gaviota pasa gran parte del verano en su lugar de anillamiento, Guernsey, y, en el invierno, se desplaza hasta la península ibérica donde se ha localizado en en Figueira da Foz y Porto en Portugal y Zamora en España.
La segunda es un macho que también fue anillada en el cuarto año de calendario por Paul K. Veron en Guernsey. Es la 4AA0 anillada el 20 de mayo de 2011 y ha sido vista doce veces: siete en Guernsey, una en Aldernay (otra de las islas pertenecientes al Bailío de Guernsey), una en Faro (Portugal) y tres en España, dos en Pinto (Madrid) y esta observación en Zamora.
Al igual que la anterior gaviota se puede deducir que pasa gran parte de verano en las islas del Canal de la Mancha (su lugar de anillamiento) y en el invierno se desplaza hasta Portugal parando en España. En Portugal ha parado en el mes de octubre mientras que en España en diciembre y enero, con lo cual, según estos datos podría ser que parara en España cuando está de regreso aunque, como no se sabe o no se ha visto, también podría no ser así.
La tercera era la C+P que resultó ser de procedencia inglesa y hacía algo más de tres años que no se veía en ningún lugar, mejor dicho, hacía algo más de tres años que nadie leía su anilla o se había fijado en ella. Esta gaviota es una hembra que fue anillada como ejemplar de cuarto invierno el 26 de junio de 2012 por Peter Rock en Bath (Gran Bretaña) y, solamente, había sido vista una vez en Lariño (A Coruña) el 4 de noviembre de 2012.
La siguiente de las gaviotas era de procedencia islandesa y me faltó por leer el último de sus números o letras YN3?, ya que en ningún momento salió del agua lo suficiente como para poder verlo; aún así mandé los datos a su anillador en Islandia por si acaso podía deducir el número o letra que faltaba pero todavía no he recibido contestación.
La siguiente es una nueva gaviota sombría anillada por Paul K. Veron en Alderney, una de las islas del Bailío de Guernsey. La 3.L1 fue anillada el 12 de junio de 2010, es un macho que ha sido visto 34 veces: 32 en las islas donde se anilló (Guernsey (27 veces) y Alderney (5 veces)), 1 en Francia (Manche) y esta observación en Zamora  que es la primera observación en España y, curiosamente, la primera observación entre octubre y junio.
Gaviotas viajeras que cuentan una historia como es la historia de una observación de hace unos años que se hace realidad ahora. Hace unos días mandé a Miguel Rodríguez, joven naturalista de una enorme sabiduría, gran cordialidad y mejor predisposición, unas fotografías de unas gaviotas realizadas en el vertedero de Zamora para que las observara y viera si había alguna interesante; a los pocos minutos de mandarle las fotografías me contestó con su descubrimiento. Acababa de ver en una de las fotografías una gaviota cana de primer invierno vista el 10 de noviembre de 2012.
Gaviota cana a punto de levantar el vuelo del agua
(es la que está abajo a la derecha con las patas
todavía en el agua).
La gaviota cana es una gaviota que no se ve mucho en el interior, con lo cual, su observación es bastante interesante. Es una gaviota elegante y bonita que fue una pena no haber sido capaz de identificarla en su momento pero, como decía al principio, las gaviotas me parecen muy, muy complicadas y más para alguien de interior que no está familiarizado a verlas pero todo es cuestión de ponerse a estudiar y dedicarles tiempo.

viernes, 8 de enero de 2016

El lobato y el ciervo.

Un fuerte berrido se escucha en el valle. Comienza la berrea y el gran macho grita a los cuatro vientos su fuerza, su poderío…asoma la cabeza entre los altos brezos y una poderosa cornamenta se eleva al cielo, mira a un lado y al otro, se levanta mostrando el lomo de un gran ciervo, un ciervo que demuestra su potencia, su fuerza, su poderío. Echa la cabeza hacia atrás. Abre la boca y emite un berrido fuerte, ronco, largo que retumba en el pequeño valle con un eco que hace que el berrido sea todavía más impactante. Un grupo de ciervas se yerguen, estiran sus cuellos, levantan las orejas y las enfocan hacia el gran macho que tienen a su derecha. El gran ciervo las mira orgulloso, satisfecho.
Mientras tanto, en la otra ladera del pequeño valle, una cabeza se asoma entre los brezos. Estira su pequeño cuello. Tensa todos sus músculos. Enfoca sus grandes orejotas hacia el sonido y espera. ¿Qué es eso? El lobato es la primera vez que escucha ese potente sonido. Ha visto grandes machos pero jamás ha escuchado ese potente sonido en el valle. El gran ciervo vuelve a berrear y el lobato no se mueve, está hierático, sentado entre los brezos, tenso y expectante. ¿Qué querrá ese ciervo?
El gran ciervo comienza a moverse y, de repente, arranca a correr ladera abajo con una potencia tremenda, va rompiendo brezos y escobas. El lobato le sigue con la mirada. Continúa quieto, inmutable, expectante. El gran ciervo baja al valle y comienza a subir la ladera en la que se encuentra el pequeño lobo que ve como el gran ciervo va directamente hacia él. El lobato adopta una de las posiciones que todo joven lobo aprende desde muy pequeño, se tumba como una auténtica alfombra entre los brezos, desaparece, se lo ha tragado la tierra.
El gran ciervo continua corriendo a grandes trancos. Vuelve a berrear. Llega a la altura de donde se encuentra el joven lobo que continúa inmutable, confundido entre el terreno, sin moverse nada en absoluto. El gran ciervo pasa al lado del lobato que ni siquiera levanta la cabeza; la precaución y el pasar desapercibido serán dos armas que le permitirán sobrevivir. El gran ciervo ha pasado al lado del joven lobo sin enterarse de nada, sin ni siquiera sospechar que estaba ahí tumbado, escondido, agazapado.
El gran ciervo sólo tenía en mente otro ciervo que había asomado por lo alto del valle. Otro macho que puede ser un competidor. Otro macho que puede quitarle a las hembras que siguen mirando la escena impasibles. El gran macho sube ladera arriba y el lobato vuelve a sentarse. Estira el cuerpo. Estira el cuello. Levanta la cabeza. Enfoca las grandes orejotas y le sigue con la mirada, atento, observa como el gran ciervo, que ha pasado junto a él, corre ladera arriba donde otro ciervo berrea y reta al dueño del valle. El gran ciervo se acerca al recién llegado. Se para. Berrea. El intruso berrea y comienza a andar por lo alto de la ladera. El gran ciervo hace lo mismo. Caminan paralelos. Muy cerca uno de otro. Según caminan se retan con la mirada, con nuevos berridos que el lobato escucha sin moverse, continúa sentado, observando como los dos grandes machos caminan paralelos varias decenas de metros, tiempo suficiente para que el recién llegado comprenda que no tiene nada que hacer ante el dueño del valle. Es más grande, más potente, más fuerte. En otra ocasión será. Se retira. Da media vuelta. Ha perdido.
El lobato continúa expectante, en alerta, no se ha movido en ningún momento, sigue con la mirada al gran ciervo que camina orgulloso por la ladera hacia el fondo del valle; cuando considera que el peligro ha pasado se pone de pie. Es un lobato precioso, de unos cinco meses, está bien cuidado y enseñado ya que ha actuado como su instinto le ha dicho pero también como le han enseñado ya que los adultos le enseñan a comportarse en situaciones de peligro y esta era una. Estaba sólo ante el gran ciervo ¿estaba sólo?
No. Una joven loba se asoma entre los brezos a unas decenas de metros de donde se encuentra el pequeño, se levanta y le mira. Ha estado allí. Ha estado observando las evoluciones tanto del ciervo como del lobato y hubiera intervenido si la situación se hubiese tornado peligrosa, si el ciervo hubiese intentado atacar al joven lobo o si el lobato hubiese actuado de otra forma. Es su cuidadora. Su niñera y debe de protegerlo pero también enseñarle a comportarse y a actuar ante situaciones comprometidas. La loba no ha perdido detalle de todo lo que allí ha sucedido. Está orgullosa del pequeño y continuará vigilándolo hasta que el resto del grupo vaya llegando. El lobato se relaja. Se mueve y baja al valle donde comienza otro aprendizaje, comienza a jugar…