jueves, 20 de mayo de 2021

¡¡10 años del blog!!

Se cumplen 10 años desde que este humilde blog comenzó a andar. 10 años…quién lo diría, nunca lo hubiera imaginado. 10 años en los que los blogs han pasado de ser reconocidos y valorados, de existir un gran elenco de magníficos blogs que han ido desapareciendo por el abrumador poder y empuje de las redes sociales: la inmediatez, la agilidad y el alcance de estas han ido arrinconando y haciendo que muchos grandes blog hayan desaparecido (gran pérdida de transmisión de sabiduría).
Los blogs están de capa caída. Los blog han ido decayendo pero los que se mantienen siguen siendo una magnífica ventana a la naturaleza, a la difusión de sus valores, a la educación ambiental. Los blogs y las redes sociales deberían de ser capaces de coexistir, de ser complementarios pero mantener un blog es mucho mas complicado que hacer un post en una red social.
Mantener un blog es arduo, complicado y tienes que ser muy constante para no desanimarte, para no dejarlo. Debes de tener entusiasmo por hacer algo que te gusta, a este entusiasmo hay que añadirle el deseo de transmitir, de enseñar, de contar historias. Todo este entusiasmo y deseo de trasmisión serían inútiles sin la constancia. Eso es mantener un blog.
10 años de historias. 10 años de educación ambiental. 10 años de dar a conocer los valores medioambientales de mi provincia: Zamora (aunque no sólo). 10 años en los que espero haber llegado a toda la gente que lo visita.
Después de 10 años, casi 581.000 visitas (102.000 en el último año) de todas las partes del mundo, 462 entradas, 2.355 comentarios, una media en el último año de más 10.000 visitas mensuales y un libro: “Observaciones de campo del lobo ibérico” que nació en el blog... aquí seguimos.
Para celebrarlo he querido poner esta foto especial, foto de un lobo ibérico a punto de cruzar una carretera zamorana, foto que, seguramente, formará parte de un nuevo libro, una foto con una historia, una foto de un animal mítico, odiado y admirado a partes iguales, un animal que sigue en el centro de todas las críticas y extremos, un animal vilipendiado y admirado, un icono que no podemos permitirnos el lujo de perder.

jueves, 13 de mayo de 2021

Las aves más longevas que he visto.

El pasado domingo día 9, Víctor Salvador vio en Manganeses de la Lampreana (Zamora) una pagaza piconegra con anilla J9F; resultó estar anillada en el embalse de los Canchales (Badajoz) por J.M. Sánchez el 29 de junio de 1998, tenía la friolera de 23 años. Esta noticia me hizo pensar y recapitular las aves de más edad que he podido ver, así es que me puse manos a la obra.
Agradezco enormemente a Víctor Salvador
 dejarme su fotografía de la pagaza piconegra para ilustrar esta entrada.
El avistamiento de estas aves anilladas permite conocer diferentes facetas de su vida, como: dónde está, la ruta que ha seguido,…y, entre ellas, su edad. Esta edad es realmente sorprendente en algunos ejemplares. En la página euring podemos comprobar los registros conocidos de un gran número de especies anilladas con sus récords de longevidad pero, antes de referirme a ellos, voy a hacer un recuento de cuáles son las aves que he podido ver con más años.
En primer lugar estaría un flamenco con anilla F|29, una hembra anillada el 25-6-1986 en La Laguna de Fuente de Piedra (Málaga) y que vi en Isla Mayor (Sevilla) el 31-10-2019 con ¡¡33 años!! Es increíble ver un ave con esa edad.
Tiene observaciones en toda la costa mediterránea desde el Algarve portugués hasta Tarragona pasando por Huelva, Sevilla, Málaga y Alicante; habiendo criado en la Laguna de Fuente de Piedra (Málaga).
El siguiente le sigue muy de cerca, es otro flamenco con anilla K|T0, un macho anillado el 16-6-1987 en la Laguna de Fuente de Piedra (Málaga) que también pude ver el 31.10-2019 en Isla Mayor (Sevilla) con ¡¡32 años!! Otro flamenco que ha recorrido Cádiz, Huelva, Sevilla, Málaga, Alicante, Tarragona y pasado a la costa mediterránea francesa hasta casi Italia.
Flamenco que ha criado en Las Marismas de Odiel (Huelva), La Laguna de Fuente de Piedra (Málaga) y en Bouches-du-Rhône (Francia).
Espátula AB4 la situada a la izquierda-detrás de la de anillos de colores.
Una espátula es la siguiente en la lista. Tiene anilla AB4 que pude ver el 21-4-2017 en la Laguna de San Pedro (Villarrín de Campos-Reserva Natural de las Lagunas de Villafáfila) con la friolera de 29 años; había sido anillada el 25 de marzo de 1988 en las Marismas de Odiel (Huelva), siendo una de las espátulas con más años de vida de las que se tenga constancia. Espátula con una curiosa historia que podéis recordar pinchando aquí.
Con la misma edad: 29 años pude ver a la cigüeña blanca 3|LJ. Anillada el 30-5-1991 en Becerril de Campos (Palencia) por Fernando Jubete que observé el 30-10-2020 en el CRSU de Zamora. Esta vieja cigüeña ha sido vista en Palencia, Zamora, Salamanca y Sevilla.
Otra cigüeña, la 0|CP tiene 27 años. Anillada el 2-6-1990 también en Becerril de Campos (Palencia) y que pude ver el 28 de octubre y el 16 de diciembre de 2017 en el CRSU de Zamora. Tiene observaciones en Palencia, Zamora, Salamanca, Badajoz, Sevilla y Madrid.
Gaviota sombría B=
La siguiente en la lista es una gaviota sombría de 24 años que pude ver los pasados 16 y 21 de febrero de 2021 en el CRSU de Zamora. Esta gaviota tiene una curiosa historia ya que ha sido anillada dos veces. Primeramente se anilló como NP5 en 1997 pero, en 2011, fue recapturada y se le cambió la anilla por B=. Anillada en Rotterdam (Países Bajos) por Norman D. van Swelm. Ha sido vista en las Marismas de Odiel (Huelva), Salamanca, Zamora, Portugal, Francia y Holanda.
Estas son las aves que he podido ver de más edad pero, si volvemos a la página de euring, nos encontraremos con verdaderas supervivientes.
Así, por ejemplo, una pardela sombría con la friolera de 55 años que fue vista en Inglaterra. Una pardela pichoneta de 50 años vista también en Inglaterra. Un ánsar piquicorto encontrado muerto con 40 años (también en Inglaterra).
Historias increíbles de aves que han sorteado peligros y enfermedades para llegar a esas edades como una cigüeña blanca de 39 años encontrada muerta en Suiza. Una gaviota argéntea de 34 años encontrada con un tiro en Holanda. Una alca de 42 años en Gran Bretaña. Un frailecillo capturado por un halcón cuando contaba con 40 años en Noruega o una pequeña lavandera blanca de 13 años vista en la República Checa.
Pero si hablamos del ave más vieja del mundo en estado salvaje tiene un nombre: Wisdom, una albatros de ¡¡70 años!! Que este año ha criado a un nuevo polluelo y van unos 40 (esta es Wisdom). ¡Increíble! Desde luego la naturaleza nunca nos dejará de sorprender.

lunes, 3 de mayo de 2021

Porrón pardo y limícolas en una Villafáfila llena de vida.

Villafáfila está preciosa, impresionante de vida y movimiento. Cada día surgen nuevas sorpresas y una de ellas surgió el pasado viernes 30 de abril cuando Alfonso Rodrigo descubrió un porrón pardo en la Salina Grande.
Parada 1: A primera hora del día siguiente me encontraba en la laguna con la esperanza de poder ver al precioso porrón pardo. Nada mas llegar lo localicé. Nadaba junto con una pareja de cercetas comunes de las que no se separaba en ningún momento.
Descansaba y se alimentaba en la zona mas profunda de la laguna con lo cual la distancia era enorme para cualquier fotografía decente pero daba igual, lo estaba viendo y disfrutando. Era mi primer porrón pardo. (Gracias Alfonso Rodrigo).
Este porrón pardo es la cita histórica número 10 para Zamora (datos de Alfonso Rodrigo, al cual se lo agradezco enormemente). Porrón pardo al que le gustan las zonas de humedales profundos con abundante vegetación y muy poco las aguas salinas. Las citas anteriores en Villafáfila se produjeron en la balsa de decantación que es de agua dulce siendo mas inusual verlo en plena salina donde se encontraba este.
El porrón pardo es un ave escasa, muy escasa. En España sobrevive en ciertos puntos del Levante, Castilla la Mancha y Andalucía donde se encuentra en profunda decadencia. Está catalogado en Catálogo Nacional de Espacies Amenazadas como en peligro de extinción y en Europa como especie casi amenazada.
Zarapito trinador.
Allí estaba, en mitad de la salina, entre avocetas, tarros blancos o cigüeñuelas que están en pleno proceso de cría mientras los zampullines cuellinegros exhiben sus mejores galas o las gaviotas reidoras defienden sus territorios. Nadaba. Descansaba. Se alimentaba. Era un extraño en un lugar diferente en el que los ánsares han sacado adelante a sus pollos o los cernícalos se ciernen sobre las praderas en las que zarapitos trinadores y cigüeñas se alimentan sin descanso ante la atenta mirada de un precioso búho campestre que parece que todo lo ve.
Parada 2:
Estos días en Villafáfila se están viendo grupos enormes de limícolas como el que estábamos viendo en un encharcamiento en el que miles de mosquitos salpicaban la superficie del agua que estaba repleta de comida en su fondo, lodo que albergaba un suculento alimento en el que un gran grupo de correlimos comunes se alimentaba sin descanso junto con una garceta común, dos andarríos bastardos, tres archibebes claros, cigüeñuelas, frisos y azulones mientras las pagazas piconegras patrullaban la zona seguidas de milanos o ratoneros que observaban las preciosas lavanderas boyeras con sus mejores galas.
Correlimos tridáctilo.
Archibebe claro.
El encharcamiento era un verdadero festín para los correlimos comunes y chorlitejos grandes entre los que había varios infiltrados: dos correlimos tridáctilos y un chorlitejo patinegro que se entremezclaban con ellos en la búsqueda constante de alimento. Están en migración y deben de coger fuerzas para llegar a sus zonas de cría en el Ártico.
Comencé a contar el grupo y cuando me llegaba por el correlimos común 602 una flecha negra cayó como un rayo del cielo sobre el gran grupo que se levantó asustado y espantado. Un halcón peregrino se lanzó sobre los asustados correlimos que salieron despavoridos ante la violencia del ataque. 
El halcón falló pero levantó todo el gran grupo que huyó a toda velocidad. El halcón busco una nueva presa, cogió altura y volvió a caer sobre unas golondrinas que vieron como el halcón las perseguía insistente pero sin éxito. El halcón se fue y me quedé sin saber cuantos correlimos había en el grupo pero el momento fue espectacular.
Parada 3: la laguna de La Rosa es una pequeña laguna que es de las primeras que se quedan sin agua; tiene poca profundidad y mientras tiene agua es un lugar muy bueno de observación. Junto a ella me encontraba cuando un grupo enorme de correlimos comunes aparecieron sobre la pequeña laguna. Cientos de pequeños correlimos volaban apelotonados como un enorme cardumen de peces en la inmensidad del océano.
Es increíble como vuelan tan juntos. Ir en gran grupo tiene muchas ventajas pero ¿como se mueven? ¿qué hace que uno de estos correlimos no se choque con otro en el grupo?
Un pájaro que vuela en una gran bandada debe de preocuparse de no chocar con los que están a su lado, de moverse en la misma dirección que los demás y debe estar siempre cerca de los de alrededor. Tiene que cumplir esas tres normas dentro de una bandada de cientos o miles de aves como él.
En el año 2010, K. Bhattacharya y Tamás Vicsek científicos de Budapest (Hungría) publicaron en la revista New Journal of Physics una teoría en la que "... se ve a las aves representadas por partículas con parámetros como la posición y la velocidad. En ausencia de un líder que tome la decisión, el cambio colectivo que hace pasar a los pájaros desde la situación de vuelo hasta la del aterrizaje viene determinado en buena parte por las perturbaciones aéreas a las que cada ave está sujeta, como por ejemplo las derivadas de la posición de vuelo del pájaro dentro de la bandada. Una perturbación provoca otras, esas a su vez tienen el mismo efecto, y así sucesivamente. El fenómeno puede compararse con una avalancha en un montículo de arena".
Por lo tanto un ave cambia su posición dentro de la bandada fijándose en las aves que tiene a su alrededor. Estas aves, que tiene alrededor suyo, son unas seis o siete que se encuentran en su entorno inmediato, sin importar lo cerca o lejos que se encuentren. Es decir, hará lo que hacen los que están a su lado y así hará otra ave y así otra, es como una pequeña explosión de acciones con su onda expansiva.
Pero ¿qué hace que se muevan esas seis o siete aves a la vez? Los mismos investigadores en el año 2012 fueron más allá y lo explicaron cómo si las aves fueran partículas de un metal que se orientan cuando sufren un fenómeno de magnetización. Es decir, cuando un ave de la bandada decide cambiar de rumbo se produce un efecto de “imantación” que hace que sus vecinos inmediatos (esos seis o siete individuos) le imiten. Y cada uno de estos vecinos afectará a la trayectoria de sus vecinos y estos a los otros y así sucesivamente, haciendo que todo el grupo se mueva a la vez, al unísono.
El enorme grupo de correlimos se movía al unísono en un espectáculo deslumbrante, se movían como un todo, es como si hicieran magia, se mueven como uno sólo.
721 correlimos comunes conté en casa en una de las fotografías que les hice, además llevaban algunos infiltrados: 15 correlimos tridáctilos, un correlimos zarapitín y un chorlitejo grande volaban entremezclados con los correlimos comunes en el gran grupo.
Las distancias en Villafáfila son enormes. El gran grupo junto con otros tres grupos parecidos bajaron en la orilla de unas islas en el centro de la laguna de Barillos, demasiado lejos para poder ver o distinguir nada mas. En el mismo entorno agujas colipintas, chorlitos grises, espátulas y garcillas bueyeras se alimentaban o descansaban.
Parada 4:
La mañana llegaba a su fin y la reverberación era enorme. Paré en Otero de Sariegos para ver la parte mas cercana de la Salina Grande en la que un grupo de 72 combatientes se exhibían con sus mejores galas nupciales. Preciosos. Imponentes. Altivos. Gallardos. Pavoneándose delante de las hembras que veían como imponentes y espectaculares machos con golas y plumajes blancos, dorados, negros o marrones se pegaban exhibiendo sus fuerza y elegancia, incluso alguno que había conseguido alejar a sus oponentes se subió sobre una hembra simulando una cópula.
Pronto se irán a sus zonas de cría en el norte pero me dejaron un precioso e imponente broche a una gran mañana en ese enclave tan querido e importante que son las Lagunas de Villafáfila.

viernes, 23 de abril de 2021

Dos encuentros sorprendentes con el lobo.

Ver un lobo es cuestión de echar muchas horas en el campo, conocimiento de la zona y un pizco de suerte y de esa pizca de suerte es de la que quiero hablar. Pizca de suerte que en ocasiones se convierte en mucha, mucha suerte. Hay situaciones en las que te encuentras a un lobo que son inverosímiles, raras, extrañas. Situaciones que te sorprenden por la peculiaridad o por el surrealismo del momento. Situaciones que son pura suerte. Situaciones que sorprenderán como me sorprendieron a mi.
La primera de ellas sucedió en Sanabria. Anochecía y volvía a Puebla. Había estado buscando ciervos, corzos y cualquier otra especie que pudiera encontrarme. Bajaba la ladera hasta el embalse cuando me di cuenta que un planeta asomaba por encima de una de las laderas del valle. Brillaba con especial fuerza y me surgió la curiosidad de ver cual era así es que cogí los prismáticos y miré a ver.
Levanté los prismáticos y a través de ellos veía en la parte de abajo de los oculares la pradera de la parte alta de la ladera y en la parte alta del círculo de los prismáticos el cielo que empezaba a oscurecerse, en la parte derecha aparecía un punto brillante que parecía surgir de las hierbas de la ladera. Punto que no titileaba con lo cual era un planeta no una estrella.
Mientras lo observaba e intentaba saber que planeta podía ser sucedió algo que si me lo cuentan me costaría creerlo: un lobo cruzó de derecha a izquierda según miraba a través de los prismáticos. Entró en mi campo de visión por el ocular derecho y salió por el ocular izquierdo. No me lo podía creer…estaba mirando con los prismáticos y, a través de ellos, como si anduviera en su interior, un lobo cruzó por el borde de la ladera, entre esta y el planeta que estaba observando.
Si alguien me ve la cara en ese momento sería todo un poema. Mi cara reflejaría sorpresa, emoción, asombro y sobre todo incredulidad. Acababa de ver a un lobo que había entrado en mis prismáticos mientras observaba un planeta que emergía por una ladera. No lo volví a ver…ese día.
La segunda situación sucedió en Villafáfila en una fría mañana de invierno mientras me encontraba haciendo una fotografía a unos milanos reales que estaban posados en unos postes de la valla junto al camino cuando, de repente, según miraba por el visor de la cámara, una sombra negra pasó por detrás de los milanos, unos treinta metros más allá...
"¡Un lobo!", exclamé casi sin creerlo. Bajé la cámara (craso error porque hubiera hecho unas fotos estupendas). Cogí los prismáticos y lo miré. Allí estaba. Un precioso lobo caminaba tranquilo sobre la fina capa de hielo que cubría el suelo de la gélida mañana.
Me había quedado embobado observándolo, allí, tan cerca; cogí nuevamente la cámara y le hice unas fotos testimoniales cuando se marchaba, continuaba su ronda, su vuelta a su hogar, su recorrido por si podía encontrar alguna oportunidad que no dudaría en aprovechar.
Lobo en la lejanía...y pensar que lo vi cuando pasaba por detrás del milano...
El lobo es un oportunista que en esta época invernal pasa por las lagunas en busca de cualquier ave que esté débil, herida o renqueante a la que no dejará escapar.
El lobo había cruzado por delante de mi con total tranquilidad, en ningún momento había corrido más de la cuenta, iba con su característico trote lobero que le permite avanzar grandes distancias con un bajo gasto de energía. Calculo que antes de verlo lo tendría a unos quince metros de distancia. Si no hubiera estado haciendo la foto a los milanos reales seguramente lo hubiera visto más de cerca o él se hubiera asustado y no lo habría podido ver, el caso es que las coincidencias caminan por sendas inexplicables y lo vi a través del visor de la cámara, algo impensable e increíble a partes iguales.
Cruzó de izquierda a derecha hacia una suave loma tras la que se perdió. Monté en el coche y seguí por el camino a ver si era capaz de verlo nuevamente. Paré unos cientos de metros más adelante. Saqué el telescopio y busqué por donde debía de estar. Ni rastro. Se lo había tragado la tierra. Recorrí su hipotético camino por si había suerte pero nada de nada. Se había esfumado. Volví a montar en el coche y me acerqué hasta un camino por el que debería de haber cruzado. Bajé. Allí estaban las huellas recientes sobre el barro. Acababa de cruzarlo. Su rastro le delataba.
No lo había visto porque se había metido por una zona más baja que no se veía en la línea del horizonte. Era inteligente. Sabía por donde pasar completamente desapercibido. Sabía que por ahí estaría a salvo.
Dos encuentros extraños, sorpresivos, surrealistas. Dos encuentros por pura casualidad. Dos encuentros breves que suceden uno entre un millón pero que gozada de encuentros. El lobo siempre sorprende.

martes, 20 de abril de 2021

La batalla de las fochas.

Suena la música de Sergio Leone en la laguna. Los contendientes se aproximan. Se sopesan. Un arbusto esférico cruza la laguna mientras el silbido de “La muerte tenía un precio” resuena entre los oponentes. Los machos de focha común están alterados. Es tiempo de marcar territorios, de conseguir pareja, de demostrar todo su poderío.
Se observan a cierta distancia. Se acercan. Se sopesan. Si uno de ellos cree que no tiene opciones se dará la vuelta y se irá pero si los dos piensan que se encuentran parejos de fuerzas...la batalla es inevitable.
Se aproximan de manera intimidatoria para atemorizar a su rival. Se acercan uno al otro con el cuello estirado, a ras de agua, las alas entreabiertas e hinchándose, crecidos, como si quisieran parecer más grandes y poderosos de lo que realmente son. La intimidación es crucial. Comienza la batalla. 
Los contendientes se abalanzan uno sobre otro. Picotazos. Golpes y mas golpes al mas puro estilo de los mejores maestros como “el mono borracho” o “el luchador manco”. Se sientan sobre la cola y levantan las patas para golpearse con tremendos golpes de los que el mismísimo Bruce Lee estaría orgulloso. Patalean. Abren las alas. Se abalanzan una sobre la otra. Se hunden. El agua chapotea alrededor y pequeñas plumas salen volando por el impacto de los golpes. No ceden. No cejan en su empeño de derrotar sin paliativos a su rival. Sólo puede ganar una.
Cuando una de las fochas parece que va a perder, se recupera y lanza un contraataque. Más golpes. Patadas. Picotazos y persecuciones. Todo ante la atenta mirada de otras fochas, tanto machos como hembras no pierden detalle; unos para observar a futuros rivales y otras para ir eligiendo pareja.
La batalla es desgarradora, sin piedad, sin freno, sin compasión. Cuando uno abandona el otro le persigue lanzando tremendos picotazos y golpes según va escapando. Hay que ganar y dejar claro quién es el mejor. Quién es el mas fuerte. Quién será el mejor padre.
Pasan los minutos y la batalla no ceja, en un momento determinado unos de los contendientes sumerge a su oponente cansado durante un tiempo que me parece eterno, lo quiere ahogar, consigue zafarse, salir a la superficie pero su rival no tiene piedad y le aplasta, no solo le vence sino que lo humilla. 
Uno vence. El otro huye. Ha terminado una batalla pero no la guerra porque pasados unos minutos volverán a empezar. Un nuevo rival se acercará y una nueva batalla comienza. Así hasta que las hembras decidan quién será sus pareja. Quién será el padre de sus pollos. Quién será la pareja que engendre una nueva generación de fochas comunes.

jueves, 15 de abril de 2021

La maravilla del río Duero en Zamora.

No me cansaré de poner en valor y reivindicar la importancia medioambiental que tiene el río Duero a su paso por Zamora ciudad. El río es vida. Las márgenes e islas del río Duero deberían de estar protegidas, es una verdadera aberración y necedad seguir construyendo, talando indiscriminadamente o no cuidando un entorno privilegiado en el que podemos encontrarnos con mas de 150 especies de aves, mamíferos como la nutria o la rata de agua (cada vez es mas inusual poder verla) sin olvidarnos de insectos, peces, anfibios o reptiles que conforman un entorno medioambiental privilegiado en medio de la ciudad. Protejamos el río. Pongamos en valor su importancia. Demos a conocer su valía. Eduquemos a nuestros niños y jóvenes en la importancia del río para que lo puedan respetar y valorar.
Mi infancia y juventud la pasé junto al río. Mis abuelos tenían su casa y, la vieja carpintería de mi abuelo, en una de sus orillas, junto al puente de piedra. Orillas que atesoran una enorme biodiversidad. Orillas e islas en las que viven habitantes que pasan desapercibidos para la mayoría de los paseantes. Habitantes que nacen, viven, mueren o pasan por este tramo del río Duero a su paso por Zamora.
El río está lleno de vida. Valga como una pequeña muestra la siguiente serie de fotos hechas en lo que va de año en sus orillas. Fotos que muestran el enorme valor de sus orillas e islas.
Gaviota reidora.
Ánade azulón.
Curruca cabecinegra.
Curruca capirotada.
Bisbita pratense.
Chochín.
Cormorán grande.
Carbonero común.
Somormujo lavanco.
Herrerillo común.
Gaviota sombría.
Colirrojo real.
Águila calzada.
Martín pescador.
Zorzal alirrojo.
Mito.
Agateador europeo.
Andarríos chico.
Carricero común.

Cetia ruiseñor.
Gorrión molinero.
Martinete.
Garza real.
Mirlo común.
Esto es un ejemplo de lo que nos podemos encontrar en el río sin olvidarnos de nutrias, galápagos,  lagartijas, salamanquesas o serpientes...un verdadero lujo pasear por sus orillas. Cuidemoslas.