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sábado, 11 de noviembre de 2017

¿Cuánto puede vivir un ave?

El pasado 19 de septiembre conté en el blog la apasionante historia de una espátula que pude ver en las Lagunas de Villafáfila con la friolera de 29 años. La increíble historia de esta espátula me generó una curiosidad: ¿cuánto puede vivir un ave?
Evidentemente la longevidad va a depender de muchos factores. No es lo mismo la longevidad de un pequeño pajarillo que la de un ave de mayor tamaño así es que, en esta entrada, hablaré de diferentes especies ya que, para una, puede ser mucho 8 años y, para otra, ser muy poco tiempo de vida.
Todas las especies de las que voy a hablar son de ejemplares en libertad que han sido anillados y que gracias a esta anilla se ha podido comprobar su edad.
Desde la antigüedad se han marcado aves. Se conocen anécdotas históricas como la pérdida de un halcón peregrino del rey francés Enrique IV en el año 1595 que fue recuperado, veinticuatro horas después, en la isla de Malta, a 2.160 kilómetros de distancia.
El anillamiento de carácter científico tuvo su inicio en Dinamarca, donde H. C. Mortensen, en 1899 anilló 164 estorninos pintos. Desde ese momento el anillamiento de aves se fue extendiendo por todo el mundo hasta que en 1930 se empezó a anillar en España.
Una anilla es como el DNI del ave que la lleva. Esa anilla llevará un número y un remite nacional que servirá para saber todos los datos de esa ave. 
El problema que tienen las anillas metálicas es su lectura. Es muy complicado leerlas a distancia, razón por la cual se empezaron a usar anillas de colores, collares o marcas alares con códigos en algunos individuos de los anillados, para que se pudieran leer desde lejos. Pero, la inmensa mayoría de las aves que se anillan con colores, también llevan su anilla de metal en la pata.
El avistamiento de estas aves anilladas permite conocer diferentes facetas de su vida, como: donde está, la ruta que ha seguido,…y, entre ellas, su edad. Esta edad es realmente sorprendente en algunos ejemplares. En la página euring podemos comprobar los registros conocidos de un gran número de especies anilladas con sus records de longevidad pero, antes de referirme a ellos, voy a hacer un recuento de cuales son las aves que he podido ver con más años.
La espátula AB4 es la del centro con anilla de color naranja.
Así, en primer lugar y con medalla de oro, estaría la espátula con anilla blanca AB4 que pude ver el 21-4-2017 en la Laguna de San Pedro (Lagunas de Villafáfila) con la friolera de 29 años, siendo una de las espátulas con mas años de vida de las que se tenga constancia. Espátula con una curiosa historia que podéis recordar pinchando aquí.
En segundo lugar, con medalla de plata, estaría una cigüeña blanca, la 0|CP, que vi cerca del Centro de Residuos Urbanos de Zamora el 28-10-2017 con 27 años de vida. Cigüeña anillada en 1990 por Fernando Jubete en Becerril de Campos (Palencia).
Con la medalla de bronce se encuentran empatados un ánsar común y una gaviota sombría. El ánsar común con collar B6H lo pude ver el 9-12-2014 en las Lagunas de Villafáfila cuando contaba con 19 años de vida. Fue anillado por Arne Follestad en Noruega el 30-7-1995.
La gaviota sombría con anilla blanca 8.3 contaba con 19 años de vida cuando la observé en el Centro de Residuos Urbanos de Zamora el 7-1-2017. Fue anillada en Holanda por Norman D. van Swelm.
Estas cuatro aves las he podido ver en la provincia de Zamora. Fuera de nuestra querida provincia el ave con mayor edad que he podido ver es una gaviota cabecinegra de 18 años, con anilla blanca E844 en Gijón, el 5-12-2016 que fue anillada en Holanda el 17-6-1998. Gaviota cabecinegra con una peculiar historia al ser anillada tres veces en dos países diferentes. (Pinchar aquí para recordar su curiosa historia).
Estas son las aves que he podido ver de mas edad pero, si volvemos a la página de euring, nos encontraremos con verdaderas supervivientes.
Así, por ejemplo, una pardela sombría con la friolera de 55 años que fue vista en Inglaterra. Una pardela pichoneta de 50 años vista también en Inglaterra. Un ánsar piquicorto encontrado muerto con 40 años (también en Inglaterra).
Pardela sombría.
Historias increíbles de aves que han sorteado peligros y enfermedades para llegar a esas edades como una cigüeña blanca de 39 años encontrada muerta en Suiza. Una gaviota argéntea de 34 años encontrada con un tiro en Holanda. Una alca de 42 años en Gran Bretaña. Un frailecillo capturado por un halcón cuando contaba con 40 años en Noruega o una pequeña lavandera blanca de 13 años vista en la República Checa. ¡Increíble! Desde luego la naturaleza nunca nos dejará de sorprender.

jueves, 19 de octubre de 2017

Salida pelágica desde Santoña I.

La mañana amaneció espléndida y calurosa; el sol se levantaba por el horizonte asomando rojizo y majestuoso. Unos pescadores colocaban sus aparejos y diferentes grupos de cormoranes moñudos y garcillas bueyeras pasaban volando mientras esperaba la hora de partida. Poco a poco empezaron a aparecer más integrantes de la salida organizada por Aves cantábricas desde Santoña. 
Llegó el  momento de zarpar. Mis ganas e ilusión se multiplicaban exponencialmente  ya que nunca había realizado una salida pelágica en busca de las aves del mar; para alguien de  interior, el mar es algo inigualable, fantástico, mítico, es un mundo fascinante y desconocido que asombra en cada instante, en cada ola, en cada ave, en cada color y que provoca un enorme respeto.
El barco comenzó a surcar la bahía entre las magníficas explicaciones de Alejandro García mientras varios grupos de cormoranes moñudos nos pasaban relativamente cerca o nos miraban desde los acantilados del monte Buciero que envolvían majestuosamente al espectacular faro del Caballo.

Salimos a mar abierto. La calma era relativa. La gente iba sentada, expectante, mirando a su alrededor, esperando que alguien diera la voz de alarma sobre alguna ave que se aproximara o se viera en la lejanía. La calma se rompió cuando se empezaron a oir voces de: ”Pardela sombría a las tres”. “Alcatraz en proa”. La tranquilidad se convirtió en una búsqueda de lo anunciado; prismáticos y cámaras buscaban el objetivo y así comenzaron a aparecer los habitantes de esta inmensidad tan inquietante como embriagadora, el mar.
Las gaviotas comenzaron a llegar en gran número. Se acercaban. Volaban a tu lado o se tiraban al agua en busca de un trozo de comida en un frenesí constante.
Entre las gaviotas las más abundantes eran las patiamarillas, algo que me llamó la atención es que había muy pocas adultas, la mayoría eran jóvenes o de primer y segundo año que se lanzaban frenéticas al agua buscando una recompensa.
Entre ellas comenzaron a aparecer otras gaviotas que también buscaban alimento; algunos ejemplares de  argéntea, tridáctila, cabecinegra, sombría y varios gaviones atlánticos se mezclaban con las patiamarillas que luchaban por el tesoro que les caía del barco.
Especial ilusión me hizo ver alguna gaviota argénteas y tridáctila; especies que no puedo ver, que ansío y espero que alguna vez aparezcan por mi tierra. Las dos son preciosas.
Gaviota cabecinegra.
Las cabecinegras también esperaban su oportunidad mientras algunas gaviotas sombrías, me llamó mucho la atención el color tan negro que tenían, se dejaban ver volando o posadas en el agua.
En este maremagnun de gaviotas siempre había una voz que chillaba: “Pardela…”; el movimiento y la expectación eran máximos. Pudimos ver pardela sombría, balear, capirotada y pichoneta. Nunca las había visto. Son pequeños misiles que se mueven a ras de agua en la inmensidad del océano planeando para realizar un mínimo esfuerzo pero abarcando enormes distancias en sus movimientos y migraciones por el océano.
Pardela balear.
Vimos un buen número de ellas, destacando las pardelas baleares. Especie incluida como “En peligro crítico” en el Libro Rojo de las Aves de España y “en peligro de extinción” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas, siendo el ave más amenazada de Europa. Esta pardela balear es la única ave marina endémica de España; cría en las Islas Baleares (de ahí su nombre) desde donde se mueve hasta el mar Cantábrico.
Pardelas baleares.
Entre las pardelas, la más abundante, era la pardela sombría que pasaba volando a gran velocidad a nuestro alrededor. Pardela que recorre mas de 10.000 km en sus migraciones desde el sur del Océano Atlántico hasta el mar Cantábrico. Si esa distancia la recorre todos los años dos veces…¿Cuántos kilómetros puede recorrer en su vida? Es verdaderamente increíble que una de estas pardelas recorra esas distancias.
Pardelas sombrías.
Si la circunferencia de la Tierra, en el ecuador, tiene 40.066 km esta pequeña ave, cada dos años, recorre una distancia igual a la circunferencia de la tierra; si la distancia a la Luna son algo más de 384.000 km, en 18 años ya la habría recorrido y, si como está demostrado, son aves muy longevas que pueden vivir más de 50 años como sucedió con una anillada en la Isla de Copeland (Irlanda del Norte) en 1953 (con mínimo 5 años) y recuperada en julio de 2003 con 55 años de vida, habría recorrido mas de 1.100.000 km…una auténtica barbaridad…increíble y todo esto sin contar lo que se pueda mover diariamente.
La actividad era frenética a nuestro alrededor que si a mirar por babor, por estribor, para arriba, para abajo; las aves aparecían por todos lados. Otras pardelas que pudimos ver fueron las pardelas pichonetas que crían en nuestro país solamente en las islas de Tenerife y La Palma pero que en sus migración también nos visitan; al igual que las capirotadas que volaron muy cerca del barco mostrándonos toda su belleza.
Pardelas capirotadas.
El tiempo pasaba a una velocidad de vértigo; las gaviotas continuaban su búsqueda incesante de cualquier resto que pudiera caer al agua y, entre ellas, aparecieron varias anilladas. Desde el propio barco pude distinguir dos patiamarillas, las dos con anilla verde y dígitos blancos: PHXY y PHZH. Curiosamente esta segunda la había visto el día anterior en el puerto de Santoña.
En la foto anterior y en esta la misma gaviota.
Una en alta mar y la otra, el día anterior, en el puerto de Santoña.
Las dos están anilladas en Tarragona (todavía no se nada más de ellas) y, seguramente, hayan llegado hasta aquí a través del río Ebro. Si estas dos las pude ver en directo otras dos las descubrí en las fotografías pero ninguna la pude leer. Una cabecinegra anillada con anilla de metal y otra con anilla roja en la tibia procedente de Holanda; la pena fue no darme cuenta en plena salida para intentar hacerles fotos, de tal manera que se pudiera leer, cuanto menos, la de la anilla roja. 
La majestuosidad de un alcatraz adulto.
La mañana avanzaba sin darte cuenta; aves, mar y gente con la que entablar una agradable conversación como Ernesto Villodas, al cual quiero agradecer toda la información y ayuda que me brindó en la visita a su tierra. 
Había pasado más de media mañana pero los avistamientos continuaron y, entre ellos, el verdadero protagonista de la mañana, el alcatraz, un ave bella y majestuosa que hizo las delicias de todos los que íbamos en el barco pero... eso, será otra historia.