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lunes, 18 de mayo de 2026

Cucos y críalos: curiosa estrategia para criar.

Dos especies de aves están ligadas por un mismo y curioso objetivo: el cuco y el críalo son las dos únicas especies que no crían a sus pollos. Son okupas, parasitan a otras aves para que les críen a sus hijos.
Todo el mundo ha oído hablar del cuco, fundamentalmente por los famosos relojes de pared de los que sale un pequeño pajarito que hace “cu-cú” cada hora. Tradición nacida en la zona de La Selva Negra (Alemania) en el s. XVIII, mediante la cual los relojeros de la zona querían decorar con motivos naturales sus relojes y anunciar la inminente llegada de la primavera, pensaron que la mejor manera de anunciar la primavera era con el sonido del cuco, ave que llegaba justo antes de comenzar la estación.
El cuco llega hasta nuestro territorio procedente de África, donde inverna, para criar. Su estrategia es verdaderamente sorprendente. Cuando la hembra va a poner un huevo busca un nido de carricero, curruca, chochín, petirrojo o pardillo que no esté vigilado para aprovechar el momento, es su oportunidad, se acercará y depositará allí su propio huevo, el engaño está en marcha.
Algo realmente curioso es que “la hembra suele elegir el mismo huésped que la crió a ella y que suelen ser currucas, zarceros, carriceros y otras aves, todas paseriformes, como los chochines, petirrojos, acentores comunes, pardillos, etc. Las puestas suelen constar de 7 a 9 huevos, aunque se han dado citas de mayor número, en torno a los 12-15 huevos en la temporada que la hembra reparte en series de 5 huevos distanciados 48 horas y cada serie se distancia de la siguiente 3-6 días que coloca en varios nidos y que curiosamente son del mismo color que los de la especie que parasita, aunque obviamente son algo más grandes. El periodo de eclosión de estos huevos es muy corto, y a los 12 o 14 días eclosionan…” (Fuente aquí).
Cuando nace el pollo de cuco, inmediatamente tira del nido todos los huevos que en él se encuentren, se quedará sólo, lo que supone que toda la atención de sus padres adoptivos es para él, no tiene competencia, padres adoptivos que se creerán que es su propio pollo con lo cual no lo abandonarán y lo cuidarán hasta que vuele del nido, algo que sucede muy pronto unos 20 días después. Ocurre la paradoja que el pollo del cuco es mucho más grande que sus padres adoptivos, imaginemos un carricero alimentando a un cuco, la desproporción es enorme, aun así el carricero estará convencido que es su propio pollo.
El críalo también parasita a otras aves pero en este caso son, fundamentalmente, urracas. Los críalos, al igual que el cuco, invernan en África y llegan a nuestro país en primavera para criar y aquí comienza su estrategia de parasitismo como pude presenciar en una ocasión con una pareja de urracas que se afanaba en la terminación de su nido, entrando y saliendo en un constante ajetreo mientras, un críalo, las observaba atentamente. Estudiaba todos sus movimientos. Esperaba su oportunidad. En un momento determinado se aproximó y, las incordió tanto, que salieron volando detrás de él.
Me sorprendió que cuando lo perseguían no hacían ruido, algo muy raro para estas escandalosas aves; más tarde, leyendo libros di con la solución. Lo hacen para no llamar la atención de otras urracas o córvidos y así no indicarles que están dejando el nido sólo, dejándolo vulnerable con vistas a un posible ataque.
El caso es que las dos salieron tras el críalo y, mientras, otro críalo salió de su escondite (ni siquiera lo había visto). Entró en el nido de las urracas. Era la hembra y, seguramente, puso un huevo. Terminó y salió a toda velocidad. Cuando volvieron las urracas ya se había ido. La estrategia había sido perfecta. Habían conseguido su objetivo: despistar a las urracas para conseguir dejar en el nido su preciado huevo.
Huevo que las urracas acogerán como suyo y cuidarán hasta que eclosione. De ese huevo nacerá un pollo de críalo que, al contrario que el cuco, no expulsará a sus hermanos adoptivos, si no que se criará con ellos y cuando salga del nido seguirá siendo alimentado por sus padres adoptivos como sucedió con este joven críalo que era alimentado por la afanosa pareja de urracas que estaba convencida que era su propio hijo.
Cucos y críalos no construyen nido. Cucos y críalos no crían a sus pollos pero cucos y críalos prosperan mediante la argucia y el engaño que utilizan de manera hábil para conseguir su fin: que otros críen a sus pollos.

viernes, 10 de junio de 2016

Vecinos de la laguna.

Tres pequeñas cabezas asomaban entre las plumas del somormujo adulto que los transportaba como a pasajeros de lujo en un seguro y fiable barco por la pequeña laguna. Tres cabecitas blancas rayadas con líneas negras que permanecían asomadas hasta que el otro somormujo adulto se acercó con comida para ellos, lo cual, me permitió verles gran parte del cuerpo ya que asomaban  insistentemente para recibir su parte.
Cada poco el adulto se acercaba para traerles comida e incluso le daba comida al somormujo-barco que la repartía entre los pequeños pollos situados sobre su lomo. Es curioso verlos como se pasan de la espalda de uno de sus padres al otro como cuando una persona se traslada de una piragua a otra pero, más curioso aún, es verlos cuando el adulto que los lleva se sumerge con ellos subidos en su lomo, algo que ocurre muy pocas veces.
A veces se bajan de su barco para nadar alrededor, siempre pegados a sus padres que los defenderán de todo intruso que se acerque ya sea una focha que pasaba por allí o un peligro mayor que venga del cielo. En cuanto los pequeños somormujos perciben el peligro y son avisados por sus padres se suben rápidamente a cualquiera de los dos adultos, el que esté más cerca será un seguro refugio hasta que pase el peligro; cuando este haya pasado se volverán a reunir todos sobre la espalda de uno de sus padres.
Nuestra familia de somormujos tiene unos vecinos muy especiales y variados. Si nos acercamos a la orilla escucharemos insistentemente el potente y hermoso canto del carricero tordal que compite en una canción sin fin con cualquier otro que esté en las proximidades.
Se subirá en lo alto de un junco cual maestro equilibrista para desgañitarse con su característico canto que se escucha en toda la laguna al igual que el inconfundible canto del cuco que desde lo alto de un árbol cercano emite su monótono cuuuu-cu con la esperanza de encontrar una compañera.
Dos machos de pato colorado se mueven tranquilamente entre azulones. Machos con un plumaje muy diferente ya que mientras uno está engalanado y vistoso el otro se encuentra en eclipse con un plumaje más apagado que le hará parecerse a una hembra pero, su pico rojo intenso, le delatará como macho.
Junto a ellos una pareja de porrón moñudo se alimentan en la laguna mientras las polladas de azulones entran y salen de los protectores juncos al igual que las de las fochas o las gallinetas.
Entre los espesos juncos una garza imperial cría sus pequeños que permanecen ocultos e inmóviles en el intrincado laberinto de juncos mientras un aguilucho lagunero o un águila calzada patrullan en busca de algún pollo despistado.
El críalo. Otro oportunista o jeta, según se pregunte a unos u otros, también vive en el entorno de la laguna. Siempre que lo veo me recuerda al dibujo de un enterrador del oeste de Lucky Luke. Ahí está. Esperando que llegue su oportunidad de poner su huevo en el nido de otro.
En la pequeña laguna varios galápagos leprosos se asoman subidos sobre palos, piedras o juncos para tomar el sol y así autorregularse la temperatura.
En la orilla de la laguna el impactante martín pescador observa desde su posadero el vuelo de aviones comunes o golondrinas que caen en picado sobre la superficie del agua para frenarse y pasar a toda velocidad paralelas y así poder coger una diminuta gota de la laguna.
La laguna es vida. Todas las lagunas son importantes, desde las más afamadas hasta las más insignificantes; todas tienen su importancia, todas tienen sus habitantes y todas tienen algo que contar.
La laguna es actividad pero este año en las pequeñas lagunas de Coreses el movimiento es mucho menor que otros años, quizás la abundancia de agua en otros enclaves, quizás la enorme presión a la que se somete a estas lagunas por parte de individuos de poca o nula mente naturalista en la época de caza o, simplemente, porque este año, para ellos, las condiciones allí no son las idóneas, quién sabe o quizás un compendio de todas ellas han hecho que esta temporada las pequeñas graveras estén menos pobladas y activas de lo habitual.