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domingo, 29 de marzo de 2026

La cruda realidad...

La Reserva Natural de las Lagunas de Villafáfila está preciosa. El agua es vida. El agua atrae la vida y la primavera está a la vuelta de la esquina. Miles de aves se mueven por las lagunas, más las que faltan por llegar. Agua, verde, vida…y muerte, así es la naturaleza, unos viven y otros mueren, cruda realidad en la que los depredadores aprovechan su oportunidad, cruda realidad en la que las potenciales presas deben de intentar sobrevivir, cruda realidad la que pude presenciar, cruda realidad que pude captar…la naturaleza en estado puro...

viernes, 17 de febrero de 2023

Santoña I: treparriscos y eider.

Las marismas de Santoña son palabras mayores en el mundo de las aves; cada vez que voy me gusta mas estar en su entorno, pasear, disfrutar de sus paisajes y sus pequeños habitantes alados ya sean ocasionales o no. Me gustaría en una serie de entradas poder transmitir mis vivencias y encuentros en este paraíso natural.
Días que he pasado acompañado de Fernando García, amigo, excelente fotógrafo y amante de la naturaleza que no conocía la zona y me permitió mostrarle este magnífico enclave cantábrico que es un verdadero paraíso para la invernada de las aves. Ha sido un verdadero orgullo poder compartir con él observaciones, vivencias e historias.
En Santoña hay dos mundos, dos mundos complementarios en los que sus habitantes se ven y se comportan de dos formas completamente diferentes. Hablamos de la marea alta y la marea baja. Dependiendo de cómo esté la marea, los habitantes y sus comportamientos varían por completo.
Con la marea alta aparecen todos los buceadores, están más activos y, en muchos casos más cerca: silbones, azulones, frisos, cercetas comunes, cormoranes grandes y moñudos, patos cuchara, rabudos, tarros blancos además de negrones comunes y espéculados, colimbos grandes, chicos y ártico, zampullines cuellirrojos, cuellinegros y chicos, somormujos lavancos, alcas, fochas comunes o porrones se mueven por las marismas en busca de alimento; tranquilidad que se ve alterada cuando alguna águila pescadora, gavilán, aguilucho lagunero, milano real o busardo ratonero planean por encima de ellos.
Con la marea baja aparecen todos los limícolas y los que se alimentan en zonas con poca agua como orillas o charcos que van quedando. Ahí aparecen chorlitos grises, chorlitejos grandes, correlimos comunes y tridáctilos, ostreros, vuelvepiedras, zarapitos reales y trinadores, espátulas, archibebes comunes y claros, garcetas grandes y comunes, moritos, garzas reales, aguja colinegra y colipinta e incluso un par de flamencos; un sinfín de aves que se van moviendo según la marea va subiendo o bajando.
Entre estos dos mundos están las gaviotas. Gaviotas patiamarillas, sombrías, reidoras, cabecinegras y gaviones que se mueven entre la marea alta y la baja sacando lo mejor de cada una de ellas.
Dos mundos complementarios en los que miles de aves se mezclan; miles de aves que pasan el invierno entre nosotros conviviendo con las aves residentes en las marismas. Miles de aves que conforman un espectáculo único.
Entre todas ellas voy a destacar algunas por diferentes motivos ya sea por su rareza, singularidad o aumento en pocos años. Me gustaría comenzar por una de las estrellas del momento: el treparriscos.
Tenía muchas ganas de poder ver a esta pequeña mariposa alada, de poder observar a un ave especial, enigmática y misteriosa. Durante este invierno se le había estado viendo en la cantera de Montehano así que no podíamos perder la oportunidad de intentar observarlo.
La cantera es una gran pared vertical que mira al polder de Escalante. Pared a la que los rayos del sol van iluminando y calentando según avanza la mañana, lugar en el que debíamos buscar.
Localizarlo es muy complicado, debe moverse si no es prácticamente imposible poder detectarlo. Y apareció. Su vuelo es errático e inconfundible. Allí estaba. Se posó delante nuestro, sobre la pared rocosa y comenzó a ir subiendo a pequeños saltitos en busca de larvas y gusanos entre las grietas de la gran pared que coge con su fino y ligeramente curvado pico. Su camuflaje es perfecto, se confunde totalmente con la pared sobre la que se agarra fuertemente con sus potentes patas y su cola que apoya en la gran pared.
Avanza poco a poco. Sube poco a poco hasta que, de repente, se deja caer en un vuelo corto, como si de una gran mariposa se tratara, hasta la zona baja de pared o de forma lateral para, nuevamente, iniciar la subida por la roca.
En España se reproduce en los Pirineos y la Cordillera Cantábrica. Cuando el tiempo se vuelve duro y complicado en sus altas montañas, el pequeño treparriscos realiza una migración parcial bajando hasta latitudes más bajas para pasar el invierno. Eso es lo que ha hecho este treparriscos de Santoña: bajar desde las alturas de la cordillera Cantábrica para pasar el invierno.
Mientras el treparriscos se mueve por la pared los halcones reclaman si parar, es tiempo de regalos y el macho le trae una paloma torcaz a la hembra que la acepta orgullosa mientras los aviones roqueros se mueven sin descanso a la par que un colirrojo tizón nos confunde constantemente.
El pequeño treparriscos se acicala tranquilo y satisfecho, es hora de dormir y lo vemos meterse en una pequeña grieta de la pared que le servirá de cobijo hasta el nuevo amanecer en el que su color gris y sus alas rojo carmesí, negras y blancas nos deleiten nuevamente como así sucedió.
El treparriscos esta incluido en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas en la categoría “De interés especial”. Y Catalogada por la IUCN como especie de “Preocupación menor” (LC)
El eider de Santoña sigue siendo una de las atracciones mas buscadas de las marismas. Es un pato especial, diferente, con un pico muy ancho en la base que le da un aspecto curioso, conformando un perfil característico a su cabeza. Es un pato del norte. Un pato descubierto por Alejandro García en diciembre de 2016 que formaba parte de un grupo de cinco ejemplares (dos machos y tres hembras) que se fueron yendo en diferentes momentos hasta quedar solamente el ejemplar que está actualmente. Incluso después han llegado nuevos eider con los que ha estado un tiempo pero se ha seguido quedando en su tierra de adopción, Santoña.
El eider está precioso, espectacular, con su increíble plumaje nupcial. Se mueve tranquilo. Bucea. Sale con un mejillón y se lo come entero, directamente, sin abrir ni nada, en su estómago se producirá la digestión. Verlo sacar un mejillón y comérselo es impactante. Lo hace sin aparente esfuerzo. Bucea. Sale con un cangrejo al que quitará como un cuidadoso cirujano las patas, una a una, para después tragárselo entero sin ningún peligro de que le pique.
Es un animal extraño pero de extraño que es, es muy hermoso, por lo menos a mi me lo parece. Aparte del pico destaca, en este macho con plumaje nupcial, su intenso y precioso color, por cierto, el plumón de eider se ha utilizado y se sigue utilizando para rellenar los mejores edredones, sacos de dormir o ropa de abrigo ya que es aislante, suave, mantiene la temperatura y es ligero. Plumón que el eider utiliza para recubrir su nido y mantener aislados y calientes los huevos ante las inclemencias del frío del norte. Plumón que en algunos lugares como Islandia, es recogido a mano y comercializado, siendo un recurso económico muy importante.
El eider se levanta en un vuelo majestuoso, lleno de potencia y orgullo, nos muestra todo su esplendor, nunca lo había visto volar, nos pasa junto al barco de su descubridor, el Cofre (visita imprescindible en Santoña el barco de aves cantábricas para recorrer el estuario), para poco después volver a posarse en el agua donde continuará alimentándose y disfrutando de su tierra de adopción.
Santoña y sus habitantes. Un lujo para los sentidos. Un lugar único en el que miles de aves pasan el invierno en un entorno privilegiado. Al que amantes de la naturaleza nos acercamos con la esperanza de exprimir el poco tiempo de visita que tenemos, tiempo al que siempre le faltan horas. Entorno y sus habitantes que seguiré descubriendo en una próxima entrada: los colimbos y las barnaclas carinegras.

lunes, 3 de mayo de 2021

Porrón pardo y limícolas en una Villafáfila llena de vida.

Villafáfila está preciosa, impresionante de vida y movimiento. Cada día surgen nuevas sorpresas y una de ellas surgió el pasado viernes 30 de abril cuando Alfonso Rodrigo descubrió un porrón pardo en la Salina Grande.
Parada 1: A primera hora del día siguiente me encontraba en la laguna con la esperanza de poder ver al precioso porrón pardo. Nada mas llegar lo localicé. Nadaba junto con una pareja de cercetas comunes de las que no se separaba en ningún momento.
Descansaba y se alimentaba en la zona mas profunda de la laguna con lo cual la distancia era enorme para cualquier fotografía decente pero daba igual, lo estaba viendo y disfrutando. Era mi primer porrón pardo. (Gracias Alfonso Rodrigo).
Este porrón pardo es la cita histórica número 10 para Zamora (datos de Alfonso Rodrigo, al cual se lo agradezco enormemente). Porrón pardo al que le gustan las zonas de humedales profundos con abundante vegetación y muy poco las aguas salinas. Las citas anteriores en Villafáfila se produjeron en la balsa de decantación que es de agua dulce siendo mas inusual verlo en plena salina donde se encontraba este.
El porrón pardo es un ave escasa, muy escasa. En España sobrevive en ciertos puntos del Levante, Castilla la Mancha y Andalucía donde se encuentra en profunda decadencia. Está catalogado en Catálogo Nacional de Espacies Amenazadas como en peligro de extinción y en Europa como especie casi amenazada.
Zarapito trinador.
Allí estaba, en mitad de la salina, entre avocetas, tarros blancos o cigüeñuelas que están en pleno proceso de cría mientras los zampullines cuellinegros exhiben sus mejores galas o las gaviotas reidoras defienden sus territorios. Nadaba. Descansaba. Se alimentaba. Era un extraño en un lugar diferente en el que los ánsares han sacado adelante a sus pollos o los cernícalos se ciernen sobre las praderas en las que zarapitos trinadores y cigüeñas se alimentan sin descanso ante la atenta mirada de un precioso búho campestre que parece que todo lo ve.
Parada 2:
Estos días en Villafáfila se están viendo grupos enormes de limícolas como el que estábamos viendo en un encharcamiento en el que miles de mosquitos salpicaban la superficie del agua que estaba repleta de comida en su fondo, lodo que albergaba un suculento alimento en el que un gran grupo de correlimos comunes se alimentaba sin descanso junto con una garceta común, dos andarríos bastardos, tres archibebes claros, cigüeñuelas, frisos y azulones mientras las pagazas piconegras patrullaban la zona seguidas de milanos o ratoneros que observaban las preciosas lavanderas boyeras con sus mejores galas.
Correlimos tridáctilo.
Archibebe claro.
El encharcamiento era un verdadero festín para los correlimos comunes y chorlitejos grandes entre los que había varios infiltrados: dos correlimos tridáctilos y un chorlitejo patinegro que se entremezclaban con ellos en la búsqueda constante de alimento. Están en migración y deben de coger fuerzas para llegar a sus zonas de cría en el Ártico.
Comencé a contar el grupo y cuando me llegaba por el correlimos común 602 una flecha negra cayó como un rayo del cielo sobre el gran grupo que se levantó asustado y espantado. Un halcón peregrino se lanzó sobre los asustados correlimos que salieron despavoridos ante la violencia del ataque. 
El halcón falló pero levantó todo el gran grupo que huyó a toda velocidad. El halcón busco una nueva presa, cogió altura y volvió a caer sobre unas golondrinas que vieron como el halcón las perseguía insistente pero sin éxito. El halcón se fue y me quedé sin saber cuantos correlimos había en el grupo pero el momento fue espectacular.
Parada 3: la laguna de La Rosa es una pequeña laguna que es de las primeras que se quedan sin agua; tiene poca profundidad y mientras tiene agua es un lugar muy bueno de observación. Junto a ella me encontraba cuando un grupo enorme de correlimos comunes aparecieron sobre la pequeña laguna. Cientos de pequeños correlimos volaban apelotonados como un enorme cardumen de peces en la inmensidad del océano.
Es increíble como vuelan tan juntos. Ir en gran grupo tiene muchas ventajas pero ¿como se mueven? ¿qué hace que uno de estos correlimos no se choque con otro en el grupo?
Un pájaro que vuela en una gran bandada debe de preocuparse de no chocar con los que están a su lado, de moverse en la misma dirección que los demás y debe estar siempre cerca de los de alrededor. Tiene que cumplir esas tres normas dentro de una bandada de cientos o miles de aves como él.
En el año 2010, K. Bhattacharya y Tamás Vicsek científicos de Budapest (Hungría) publicaron en la revista New Journal of Physics una teoría en la que "... se ve a las aves representadas por partículas con parámetros como la posición y la velocidad. En ausencia de un líder que tome la decisión, el cambio colectivo que hace pasar a los pájaros desde la situación de vuelo hasta la del aterrizaje viene determinado en buena parte por las perturbaciones aéreas a las que cada ave está sujeta, como por ejemplo las derivadas de la posición de vuelo del pájaro dentro de la bandada. Una perturbación provoca otras, esas a su vez tienen el mismo efecto, y así sucesivamente. El fenómeno puede compararse con una avalancha en un montículo de arena".
Por lo tanto un ave cambia su posición dentro de la bandada fijándose en las aves que tiene a su alrededor. Estas aves, que tiene alrededor suyo, son unas seis o siete que se encuentran en su entorno inmediato, sin importar lo cerca o lejos que se encuentren. Es decir, hará lo que hacen los que están a su lado y así hará otra ave y así otra, es como una pequeña explosión de acciones con su onda expansiva.
Pero ¿qué hace que se muevan esas seis o siete aves a la vez? Los mismos investigadores en el año 2012 fueron más allá y lo explicaron cómo si las aves fueran partículas de un metal que se orientan cuando sufren un fenómeno de magnetización. Es decir, cuando un ave de la bandada decide cambiar de rumbo se produce un efecto de “imantación” que hace que sus vecinos inmediatos (esos seis o siete individuos) le imiten. Y cada uno de estos vecinos afectará a la trayectoria de sus vecinos y estos a los otros y así sucesivamente, haciendo que todo el grupo se mueva a la vez, al unísono.
El enorme grupo de correlimos se movía al unísono en un espectáculo deslumbrante, se movían como un todo, es como si hicieran magia, se mueven como uno sólo.
721 correlimos comunes conté en casa en una de las fotografías que les hice, además llevaban algunos infiltrados: 15 correlimos tridáctilos, un correlimos zarapitín y un chorlitejo grande volaban entremezclados con los correlimos comunes en el gran grupo.
Las distancias en Villafáfila son enormes. El gran grupo junto con otros tres grupos parecidos bajaron en la orilla de unas islas en el centro de la laguna de Barillos, demasiado lejos para poder ver o distinguir nada mas. En el mismo entorno agujas colipintas, chorlitos grises, espátulas y garcillas bueyeras se alimentaban o descansaban.
Parada 4:
La mañana llegaba a su fin y la reverberación era enorme. Paré en Otero de Sariegos para ver la parte mas cercana de la Salina Grande en la que un grupo de 72 combatientes se exhibían con sus mejores galas nupciales. Preciosos. Imponentes. Altivos. Gallardos. Pavoneándose delante de las hembras que veían como imponentes y espectaculares machos con golas y plumajes blancos, dorados, negros o marrones se pegaban exhibiendo sus fuerza y elegancia, incluso alguno que había conseguido alejar a sus oponentes se subió sobre una hembra simulando una cópula.
Pronto se irán a sus zonas de cría en el norte pero me dejaron un precioso e imponente broche a una gran mañana en ese enclave tan querido e importante que son las Lagunas de Villafáfila.

sábado, 15 de febrero de 2020

Santoña II: Ibis sagrado, moritos, barnaclas carinegras...

Los antiguos egipcios veneraban tres especies de ibis: el ibis sagrado, el ibis brillante y el ibis eremita; curiosamente los dos primeros los he podido ver y disfrutar en mi última visita a las marismas de Santoña: el ibis sagrado al cual consideraba un mensajero del dios Toth (dios del conocimiento, de la sabiduría, la escritura y maestro del tiempo) y el ibis brillante, el morito común.
El ibis sagrado es una especie de origen africano; los que llegan hasta las marismas de Santoña provienen de una población asilvestrada de Francia, en el valle del Loira, con más de 5.000 individuos, desde la que, cada cierto tiempo, viene algún ejemplar.  Las primeras observaciones en España se produjeron en 1989 en las islas Canarias de aves procedentes de escapes de colecciones privadas o parques zoológicos.
El ibis sagrado es un ave extraña, de largo pico curvo, cabeza y cuello negro, pelado que contrasta con su plumaje blanco inmaculado y las puntas de las alas y cola negras. Lo pude ver, junto con Ernesto Villodas, cerca de la laguna de Gandarias donde un gran grupo de garcillas bueyeras comían tranquilamente entre las vacas que sesteaban o comían ignorando por completo a sus ilustres vecinos.
El ibis sagrado está considerado en España como especie exótica invasora y desde la consejería de Medioambiente de la Junta de Andalucía: “…desde 2008 la Consejería de Medio Ambiente está llevando a cabo labores de control a raíz de la observación de 5 ejemplares que intentaron reproducirse en la colonia de cría de moritos (Plegadis falcinellus) cercana al Centro de Visitantes José Antonio Valverde del Parque Nacional Doñana. Hasta mayo de 2011, el Equipo de Seguimiento de Fauna Silvestre junto a técnicos del espacio protegido ha eliminado 16 ejemplares”.
Entre el gran grupo de garcillas bueyeras tres preciosos moritos también se movían elegantes, con andares lentos y pausados en la alfombrada pradera que servía de zona de alimentación a un pequeño grupo de ánsares comunes que, seguramente, estuvieran en paso, mientras, un alcaraván, asomaba su cabeza curioso ante tanto movimiento.
Moritos comunes que habíamos descubierto minutos antes en el monasterio de Montehano donde descansaban junto con espátulas, archibebes comunes y claros, vuelvepiedras y garcetas comunes mientras dos enormes gaviones observaban desde su atalaya o una pareja de halcones peregrinos comenzaban a reclamar insistentemente en un preludio de la futura temporada de cría.
En la misma zona del monasterio cuatro zampullines cuellirrojos nadaban tranquilos. Este zampullín es casi idéntico al cuellinegro pero, en esta época su cabeza “plana” le delata sin remisión.
Es el zampullín más escaso que tiene sus principales cuarteles en Finlandia además de Dinamarca, Suecia, Rusia o Noruega desde donde nos visita en invierno. Experto buceador, como todos los zampullines, con las patas muy atrás para facilitar la inmersión y el buceo que le permite tanto alimentarse como escapar de cualquier peligro. También pudimos ver otros miembros de su familia como el cuellinegro, el chico y el somormujo lavanco.
Zampullín cuellinegro.
Somormujo lavanco.
En la bahía un enorme grupo de unas 700 barnaclas carinegras inverna este año. Su número ha ido aumentando exponencialmente en los últimos años, sobre todo por la proliferación de su comida preferida, un alga, la zostera marina.
Este pequeño ganso proviene del ártico. De dos zonas concretas: del norte de Rusia la subespecie nominal bernicla y la hrota proveniente de Groenlandia y norte de Canadá. Aquí, en Santoña, la que se encuentra normalmente es la subespecie bernicla, aunque de vez en cuando aparece algún ejemplar de la subespecie hrota. Todavía hay una tercera subespecie que no llega hasta nosotros, es la nigricans que vive en el noroeste de Canadá, Alaska y Siberia oriental.
Ver a las barnaclas carinegras es un espectáculo increíble. Verlas comer y moverse por la orilla te emboba pero ver pasar muy cerca de ti el enorme bando de las 700 barnaclas es algo único. Bando que se alimentaba tranquilamente en una de las orillas cuando, de repente, la silueta negra y blanca del águila pescadora provocó un enorme revuelo de pánico (temen al águila pescadora aunque no les hace nada en absoluto) que hizo que se levantaran todas y emprendieran vuelo hasta la otra punta de la bahía.
Espectáculo que pude ver desde el Cofre, pequeño barco de Aves cantábricas desde el que Alejandro García con su tranquilidad y serenidad, además de enorme sapiencia y ojo entrenado te muestra todos los habitantes de la bahía (montar en el Cofre es indispensable en toda visita a las marismas de Santoña).
Las barnaclas carinegras nos pasaron muy cerca en un vuelo que nos dejó impactados. El ruido de las alas. El sonido que emitían chillando, animándose a dirigirse hacia el lado salvador de la otra orilla.
Orilla en la que colimbos grandes y chicos nadaban y se sumergían en un constante movimiento que pareciera tuvieran prisa pero, eso será otra historia. Otra historia. Otra muestra de la enorme cantidad de vida que se aglutina en las marismas. Otra historia de un lugar increíble que rebosa vida por los cuatro costados.