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domingo, 26 de agosto de 2012

Rana de San Antonio de color gris.

La Laguna de Carros se encuentra en la zona sur del Lago de Sanabria. Está situada a 1.340 metros de altura sobre el nivel del mar y para llegar a ella hay que subir por un bonito camino que sale del pueblo de Ribadelago Nuevo, venir desde la Laguna de Sotillo o subir por la cañada real desde Ilanes o Quintana de Sanabria.
Laguna de Carros a la derecha con el Lago de Sanabria al fondo.
(Imagen tomada bajando desde la Laguna de Sotillo)
A esta laguna he subido desde niño cuando pasaba casi dos meses en tienda de campaña en el Lago de Sanabria. Nos llevaban de excursión a ver ranas. La llamábamos: la laguna de las ranas.
Esta laguna es un buen ejemplo de colmatación. En ella se aprecia perfectamente este proceso, es decir, su desaparición muy lentamente. 
Llegada a la Laguna de Carros subiendo desde Ribadelago Nuevo.
La laguna está recibiendo lentamente sedimentos y nutrientes arrastrados por el agua; cuando existe un exceso de nutrientes (llamado eutrofización) aumenta el crecimiento de algas y musgos superficiales, que impiden la entrada de la luz hasta el fondo. Además, cuando éstos mueren van al fondo, originando más materia que no puede ser degradada a buen ritmo por los descomponedores (bacterias sobre todo) La laguna se va rellenando de esta materia y se va colmatando, va perdiendo profundidad. El agua va desapareciendo, formándose una masa compacta, la turba, en donde se empezarán a asentar hierbas, juncos y darán paso a una pradera. 
Este proceso se está produciendo en la Laguna de Carros pero lo que me llamó poderosamente la atención, igual que a mis compañeros de ruta, fue la enorme cantidad de ranas de San Antonio que había. Nunca había visto tantas. Había cientos, no exagero, os lo aseguro. 
Rana de San Antonio (Hyla molleri) con su color normal.
Ninguno de los que habíamos subido éramos capaces de explicarnos porqué este año había tantas. Según caminabas por la hierba saltaban en todas direcciones pero lo que más nos sorprendió fue que hubiera muchas que no fueran verdes, verdes, sino que variaban la tonalidad de su verde y entre todas, una sorpresa, una de color gris. Nunca las había visto de ese color. 
Rana de San Antonio de color gris.
Allí estaba. En una roca de granito. Quieta. Como queriendo pasar desapercibida. Era curioso que estuviera en esa roca de un color tan parecido. Es posible que su color gris le de una ventaja en las abundantes rocas de granito que salpican la zona. Allí estaba. Inmutable.
¿Era de la misma especie que las demás? ¿Tenía algún fallo genético? Ernesto (http://naturalezadiminuta.blogspot.com.es/) estaba seguro de que era de la misma especie pero no lo sabíamos a ciencia cierta, así es que habría que ver si lo eran y el porqué del color. Como uno es curioso y, en cuestiones de la naturaleza, más, decidí buscar el porqué de ese color.
Rana de San Antonio con su coloración normal.
La rana de San Antonio es una pequeña ranita, normalmente verde, de hábitos arborícolas. La Hyla molleri que es la protagonista de esta entrada, es endémica de la Península Ibérica y de parte de Francia. Tradicionalmente se consideraba como una subespecie de Hyla arborea pero desde 2011 se consideran dos especies diferentes. 
Parte frontal de una rana de San Antonio gris. 
Las ranas de San Antonio tienen su color debido a la mezcla de tres tipos de células pigmentarias. Las responsables del color marrón o negro (melanóforos). Las responsables del color amarillo (xantóforos) y las del color azul (iridóforos). Esta combinación de células pigmentarias da el color verde típico de las ranas de San Antonio pero si hay un ejemplar que no tiene las células pigmentarias responsables del color amarillo nos dará ranas de color azul o gris, como es el caso de esta que se encontraba en la Laguna de Carros. 
Comparativa de los dos colores de la rana de San Antonio (Hyla molleri).
A este hecho de la falta de células pigmentarias responsables del color amarillo se le llama axantismo. Es una mutación genética recesiva. Este es el motivo del color gris de esta pequeña y solitaria rana de San Antonio que vivía en la Laguna de Carros.
¿Habría más? Es una pregunta que me he hecho varias veces y de difícil respuesta ya que allí no vimos ninguna más pero dado que recorrimos una pequeña parte de la laguna, quizás, en todo su entorno y, buscando más concienzudamente, encontráramos alguna otra dada la enorme cantidad de ranas que se congregaban en ese lugar aunque, la probabilidad de que sean grises, es muy baja, quizás, alguna más habría. 

miércoles, 4 de abril de 2012

Por la Alta Sanabria.

Desde muy pequeño me gusta recorrer los bosques, pueblos, cañones o lagunas de Sanabria y de vez en cuando hago una ruta por la Alta Sanabria. Todos los meses un grupo llamado "ruteros" hacemos una ruta por la provincia de Zamora de un día completo y en este mes tocaba la Alta Sanabria.
En el camino hasta Sanabria amanecía y
 los ciervos se iban yendo a sus encames.
No voy a hacer un estudio pormenorizado del glaciarismo, flora o fauna de la zona, sería demasiado, sino que voy a explicar el recorrido, ya sé que hay más cosas pero me referiré a lo que nos fuimos encontrando y algunas curiosidades.
Nuestra ruta comenzó en la Laguna de Peces (1.725m); laguna de origen glaciar como casi toda la zona que, por cierto, nunca la había visto tan baja de agua en esta época. Desde ahí nos dirigimos hasta la Laguna de Yeguas (1.795m) situada a los pies de Peña Cabrita (1.904m). 
En esta laguna se aprecia perfectamente el proceso de colmatación, es decir, su muerte lenta. Está recibiendo lentamente sedimentos y nutrientes que se van disolviendo en el agua; cuando existe un exceso de nutrientes (llamado eutrofización) aumenta el crecimiento de algas y musgos superficiales, que impiden la entrada de la luz hasta el fondo de la laguna. Además, cuando éstos mueren van al fondo, originando más materia que no puede ser degradada a buen ritmo por los descomponedores (bacterias sobre todo) La laguna se va rellenando de esta materia y se va colmatando, va perdiendo profundidad. El agua va desapareciendo, formándose una masa compacta, la turba, en donde se empezarán a asentar hierbas, juncos y darán paso a una pradera. Aquí, en la Laguna de Yeguas, se está produciendo este proceso y así actualmente tenemos dos lagunas, la de Yeguas y la de Cubillas (la situada debajo de Peña Cabrita) que fueron una y se están muriendo. En esta laguna nos encontramos con una pareja de porrones europeos y dos parejas de azulones aparte de algunas ranas en la laguna.
Laguna de Yeguas en pleno proceso de colmatación.
A lo largo de todo el recorrido pudimos contemplar y oir el canto de dos tipos de acentor, el común y el alpino. El acentor común es un pequeño pájaro que pudimos apreciar tanto, cantando en las ramas altas de los brezos, como desplazándose agachado entre ellos y las carqueisas por el suelo. Como curiosidad, este pequeño pájaro es un blanco común de los cucos que dejan su huevo en el nido de estos pequeños pajarillos para que críen al pollo invasor.
Acentor común.
También vimos varios acentores alpinos, más vistosos que los comunes, que nos deleitaban con su hermoso canto, tanto en vuelo como situados en la rama más alta de cualquier brezo.
Desde Yeguas nos dirigimos hasta el valle del Tera donde, antes de bajar, disfrutamos de una increíble vista de toda la zona pudiendo apreciar el punto más alto de la provincia de Zamora, Peña Trevinca (2.127m) y varios dosmiles más.
Todo el recorrido de la ruta estaba dentro del Parque Natural del Lago de Sanabria de 22.365 hectáreas, siendo un extenso complejo glaciar. En esta panorámica se pueden apreciar tanto el circo, la lengua como las morrenas y el típico valle glaciar en “U”. Bajamos hasta Vega de Conde donde encontramos varias lagartijas serranas y un pequeño lagarto. En el camino hasta Vega de Tera tuvimos dos nuevas sorpresas.
Hacía mucho tiempo que no veía perdices pardillas y junto al camino levantaron dos, una pareja que no se movió hasta que casi les pasamos por encima.
Macho a la izquierda
(tiene una mancha marrón oscura en el abdomen) y
hembra a la derecha.
Las perdices pardillas son un poco más pequeñas que las rojas y solamente vuelan cuando estás prácticamente encima de ellas. Levantaron junto al camino y se tiraron hacia el centro del valle en un vuelo ruidoso que les hizo perderse rápidamente de nuestra vista. 
La forma del escudo anal nos indica que es una corza.
La segunda sorpresa fueron dos corzos que estaban encamados y se levantaron a nuestro paso. El duende, así llaman al corzo en Sanabria y tienen razón, ya que, los ves y no los ves, en un abrir y cerrar de ojos. En la anterior entrada, relativa al tejón, comenté el curioso caso de que las hembras de tejón tienen la implantación del óvulo retardada, es decir, pueden guardar el óvulo fecundado un tiempo determinado, pues bien, las corzas hacen lo mismo.
Llegamos a Presa Rota, lugar de triste recuerdo para todos los sanabreses por la fatídica rotura de la presa el 9 de enero de 1959 que arrasó el pueblo de Ribadelago.
Tras la comida continuamos por el Cañón del Tera en el que comenzamos a ver robles, acebos, almendros y algunos abedules hasta llegar a la Cueva de San Martín. En este tramo nos encontramos con arrendajos, carboneros y un buen número de pajarillos, además de un mirlo acuático en una de las múltiples pozas que el río forma en el cañón.
Mirlo acuático tras salir del agua.
El mirlo acuático tiene una curiosa peculiaridad como es la de bucear e ir andando por el fondo del río buscando larvas e insectos que se esconden debajo de las piedras. Aquí también nos cruzamos con la famosa ranita de San Antonio que le gusta moverse por las ramas de brezos, hierbas o robles siempre que tenga cerca una zona húmeda.
Rana de San Antonio.
Por encima de la Cueva de San Martín pasamos por un bosque de robles y acebos. El acebo es un árbol muy curioso y amenazado durante mucho tiempo (sobre todo por la costumbre de cortarlo por Navidad como adorno); los bosques de acebos son tremendamente importantes para sus habitantes (pajarillos, micromamíferos,..), porque suben la temperatura ambiente entre 3 y 5 grados, por lo tanto en invierno son un refugio extraordinario para todos ellos.
Aquí comenzó la fuerte subida que nos llevó desde aproximadamente los 1.350 m hasta los 1.733 m del vértice geodésico del Gencional.
En el final de la subida pudimos encontrar los primeros escarabajos, entre ellos un espectacular escarabajo verde metalizado que, por cierto, es la orden del reino animal con más con más especies descritas, unas 375.000. Al llegar al Gencianal bajamos hacia la Laguna de Peces para terminar un largo y estupendo día de ruta por la alta montaña sanabresa.
(Doy las gracias a Poli por haberme prestado su magnífica fotografía de las perdices pardillas)