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viernes, 30 de enero de 2015

Un paseo por el bosque de Valorio.

El bosque de Valorio es el bosque por el que paseamos o hacemos deporte muchos zamoranos. Bosque de unas 80 hectáreas y unos casi tres kilómetros de longitud situado en la misma ciudad de Zamora que a lo largo de los siglos ha ido cambiando sus usos. Desde la Edad Media se conoce su aprovechamiento forestal con replantaciones sucesivas hasta que en 1762 se plantaron los grandes pinos piñoneros que actualmente pueblan el bosque en su parte central.
Entre 1841 y 1852 se reforesta de nuevo y reacondiciona con la construcción del gran paseo de entrada, la Casa del Guarda, el estanque de Los Pinares y la Fuente del León en 1884 siguiendo las ideas románticas de la época. El bosque va perdiendo extensión a lo largo de los siglos y en 1927, con la llegada del tren, termina por configurarse su tamaño actual.
En este bosque hay una gran diversidad de vida que suele pasar desapercibida para la mayoría de la gente que pasea por sus caminos (según los datos de J. Alfredo Hernández, amigo y uno de los mayores conocedores del bosque, por no decir el mayor conocedor, 158 especies de vertebrados lo pueblan). En este bosque me gusta pasear, sobre todo en invierno, en los días de fuertes heladas que cubren el verde intenso que lo alfombra.
Un paseo por el bosque puede deparar un buen puñado de sorpresas que van apareciendo según avanzas entre sus pinos, junto al riachuelo que lo atraviesa o en sus laderas pero, como sucede en muchas ocasiones, hay días que ves muy poco y otros, en cambio, los avistamientos se suceden; así me ocurrió en mi último paseo por el bosque.
La tarde estaba soleada, hacía frío pero el sol era agradable e iluminaba los verdes, los marrones, los ocres y los grises que salpican el bosque.
De todas las aves que pude ver en esa tarde me gustaría destacar algunas de ellas, en primer lugar las tres que pude disfrutar de la familia de los pájaros carpinteros. Pájaros carpinteros que están íntimamente ligados a la madera ya que de ella consiguen alimento y en ella construyen sus nidos. Durante muchos años tuvieron la mala fama de "secar los árboles", nada más lejos de la realidad y que, definitivamente, se ha ido corrigiendo en los últimos tiempos.
En primer lugar el más pequeño, el pico menor, un pequeño habitante del bosque, es el más pequeño de todos los pájaros carpinteros que tenemos en la península ibérica, poco más grande que un gorrión, tan pequeño que pasa totalmente desapercibido en innumerables ocasiones. Tan pequeño que verlo no es nada fácil, es escurridizo y se adapta perfectamente al entorno en el que vive. Lo localicé por el sonido.
Un pequeño repiqueteo sonaba entre los árboles, por el sonido tan bajo, había muchas probabilidades que fuera un pico menor así es que me paré y esperé en silencio a ver de donde provenía; pasados unos minutos el suave repiqueteo volvió lo que me permitió moverme para localizarlo. Después de hacer varias veces la misma operación localicé al pequeño carpintero.
Allí estaba, picoteando en una fina rama, era un macho que se movía sin parar. Se adapta perfectamente al tronco del árbol, sus colores y su pequeño tamaño le hacen pasar casi totalmente desapercibido.
El pico menor ha bajado mucho en su población por varias razones, siendo las más importantes la perdida de su hábitat, la eliminación de troncos caídos y viejos y por malograrse muchas de sus puestas y polladas como le pasó a la pareja que estuve siguiendo esta primavera pasada que, después de dos puestas, no consiguieron sacar ningún pollo. 
El siguiente pájaro carpintero que pude ver, siguiendo su tamaño, fue el pico picapinos que, nuevamente localicé por el sonido de su repiqueteo en uno de los grandes pinos piñoneros de 253 años que se sitúan en el centro del bosque.
El pico picapinos golpeaba fuertemente con su peculiar pico que no tiene totalmente recto, sino que tiene una ligera curva para evitar que se rompa, de este modo transforma cada golpe que da en el árbol en una fuerza de empuje.
Pero si golpea tan fuerte, ¿cómo no le repercute en el cráneo? Esto sucede porque entre el pico y el cráneo está reforzado con un tejido esponjoso y tiene unos músculos que se tensan en contra del sentido de los golpes, de tal manera que absorberá la fuerza del impacto.
El siguiente fue el pito real, el más grande de los tres, que localicé también por el sonido pero esta vez por su fuerte reclamo que resuena en el bosque. 
El pito real es muy territorial y, en esta época, controla su territorio. Estos pájaros conviven con la misma pareja toda su vida permaneciendo separados hasta la época de cría en la que se juntan de nuevo.
Al verlo moverse por el tronco del árbol te das cuenta de que está perfectamente diseñado para vivir en vertical gran parte de su vida, está perfectamente adaptado, se agarraba al árbol con sus dedos dispuestos dos a dos, es decir, dos apuntan hacia adelante y dos hacia atrás, para agarrarse con facilidad, además de la cola tan corta y robusta que apoya contra el tronco para tener mayor estabilidad, es otro punto de apoyo.
Otro de los habitantes que me encontré fue uno ocasional, el picogordo que, en invierno, viene al bosque.
Es un ave curiosa, de cabeza voluminosa, pico grande y fuerte, cuello ancho y cuerpo grueso con alas relativamente cortas que se mueve cautelosamente de un árbol a otro o al suelo en busca de comida donde recogerá las semillas que pueda encontrar.
En su viejo hueco estaba el cárabo. Mimético. Está pero parece que no está. Asomado desde su atalaya. Dormido. Tranquilo. 
En su posadero diurno que cambiará en cuanto se acerque la noche, su día, su momento. Momento que comparte con otro de los habitantes del bosque de Valorio, el búho chico.
Esa tarde pude disfrutar de más habitantes del bosque de Valorio como esta preciosa lavandera blanca enlutada.
La noche se adueñaba poco a poco del día y las sombras comenzaban a engrandecerse por momentos, era hora de marchar, de abandonar este precioso bosque hasta otra ocasión en la que podré disfrutar de sus habitantes que seguían moviéndose en el declinar de la tarde; según marchaba iba recapitulando  algunos de los habitantes del bosque que había podido disfrutar como el mosquitero común, el colirrojo tizón, algún petirrojo, varios zorzales comunes y alirrojos, una preciosa lavandera cascadeña, los fijos mirlos comunes además de herrerillos y carboneros comunes, o algún ánade azulón que se movía por el riachuelo, sin olvidarme del pinzón vulgar, el estornino negro y el gorrión común. Todos habitan este precioso y entrañable bosque que muchos zamoranos llevamos muy dentro de nosotros desde muy pequeños.
En el blog podéis encontrar anteriores entradas sobre el bosque como estas dos que podéis ver pinchando en las siguientes imágenes.
Esta primera habla un poco de la historia y características del bosque.
La segunda es sobre el búho chico y "sus armas".
Espero que los que no las conozcáis las disfrutéis como lo hago yo cuando voy a pasear por sus caminos.

jueves, 16 de febrero de 2012

El herrerillo. Un consumado acróbata.

El herrerillo es un pequeño pájaro (10-12 gramos y 21 cm con las alas abiertas) nervioso, ajetreado, inquieto que no para ni un instante. Busca por aquí y por allá y lo hace de cualquier manera, es decir, se puede poner en cualquier postura para picotear, comer o rebuscar. Es muy común verlo por el Bosque de Valorio o por las orillas del río Duero. Su color azul es espectacular y mezclado con el amarillo, verde, blanco y negro le confieren una gran belleza.
El otro día, en un paseo por Valorio, me encontré con Fernando y Alegría, dos enamorados de la naturaleza. En un tramo del paseo que hicimos juntos, nos quedamos un buen rato contemplando a uno de estos pequeños acróbatas cómo se dedicaba a comer las semillas que estaban metidas en una vaina colgando de un árbol. Era muy curioso verlo trabajar.

Primero buscó una buena rama. Luego cortó con el pico la vaina del árbol. La agarró con la pata y con su fuerte pico la abrió y tiró el lado que le sobraba, así solamente tenía un lado con las semillas, el que él quería. La agarró fuertemente y comenzó a comer cada una de las semillas que estaban ancladas. Así estuvo un buen rato repitiendo el proceso de rama en rama. Si la vaina estaba abierta comía las semillas directamente, sin arrancarla.

Los herrerillos se alimentan de insectos, larvas, arañas o semillas, como era este el caso ya que la época es la propicia para hacerlo y no puede desperdiciar un recurso tan nutritivo. Allí estuve viéndolo hacer acrobacias boca abajo agarrándose de las ramas por sus fuertes patas y largas uñas que le permiten moverse así sin ninguna dificultad.
Algunas veces también bajan al suelo a remover hojas y musgo para seguir buscando incansablemente. Es un pajarillo muy listo y aprende con mucha facilidad. Un ejemplo claro es lo que sucedió en Inglaterra en los años sesenta cuando aprendieron a abrir las botellas de leche que los repartidores dejaban en las puertas de las casas y no sólo eso, sino qué enseñaban a sus crías a hacerlo también. Como los ingleses son tan aficionados a las aves, para evitar que las siguieran abriendo cogieron la costumbre de dejarles bebederos con un poco de leche en los jardines. No solamente pasa en Inglaterra sino que también en Alemania, donde en muchas zonas hacen lo mismo. Unos familiares mios tienen esa costumbre en Alemania y todos los días les ponen un poco de comida y de leche a los pajarillos que viven en el jardín (herrerillos, carboneros, gorriones, petirrojos,...). 
También es muy fácil verlos cuando crían en las cajas nido que tenemos en parques y jardines. Cajas nido que son originales de la India, viniendo a Europa en el s.XVIII y generalizándose en el s.XX. Estas cajas nido están fundamentalmente destinadas a las aves insectívoras, aunque no solamente, y cuando se empezaron a instalar en España tuvieron un gran problema ya que el primer año que las pusieron la inmensa mayoría de las polladas se perdieron. El problema era muy sencillo. Ese año hicieron los agujeros de entrada todos del mismo diámetro con lo cual los depredadores podían entrar sin dificultad a comerse los huevos o los pollos. Solución. Al siguiente año hicieron cajas nido con agujeros de diferentes diámetros y así solamente podían entrar los pajarillos que anidaban allí.
El herrerillo común tiene un primo, el herrerillo capuchino que por aquí no abunda pero que tiene una característica muy distintiva, la cresta, que levanta o no en función de su estado de ánimo.
Tras despedirme de Fernando y Alegría continué mi paseo por Valorio y seguí viendo más herrerillos haciendo sus piruetas y acrobacias cual especialistas circenses, además de carboneros, pitos reales, colirrojos, petirrojos, búhos chicos, milanos reales, urracas, palomas, azulones, estorninos e incluso una pareja de pico picapinos menor. Un buen paseo que, como siempre que bajo al Bosque de Valorio, es una gozada. Siempre se ve algo y, aunque no se viera, recorrer sus caminos merece la pena.

lunes, 13 de junio de 2011

El vuelo silencioso de los buhos en Valorio.

De nuevo he acudido al bosque de Valorio en busca de los buhos. Mi amigo Fernando quería fotografiarlos en buenas condiciones y me propuso ir para ver si los encontrábamos y así, sacarles unas fotos decentes.
Se tiene conciencia de Valorio desde la Edad Media y, seguramente, desde siempre, haya habido buhos. Al poco de llegar descubrimos un buho chico joven.
Nos miraba extrañado y tras sopesarnos un rato decidió que era suficiente tiempo y echó a volar en un vuelo silencioso que impresiona por eso, por la ausencia total de sonido. Hecho que se debe a que sus plumas están aserradas en sus extremos para amortiguar el sonido que produce el aire al rozar con ellas, haciendo que el sonido se cuele entre ellas y así, no se emita, ni un solo ruido. Impresionante.
Poco después decidimos cambiar de aires en busca de un pájaro carpintero de pico menor que Fernando sabía donde había criado otros años. Al llegar nos encontramos con el nido vacío pero pudimos disfrutar del magnífico canto de un ruiseñor que marcaba el territorio que ocupa, año tras año, siempre con la misma hembra.
Volvimos en busca de los buhos y nada mas llegar nos encontramos con un árbol en el que había 5 pollos volanderos y un adulto que se sorprendieron tanto como nosotros al encontrarnos. En el suelo había dos aves comidas, parecían estorninos negros, pero lo curioso es que solamente les habían comido la cabeza. Se fueron yendo y seguimos al adulto que acudía a la llamada hambrienta de sus pequeños dispersos por los árboles cercanos. Sus grandes ojos nos tenían controlados pero podía mas su instinto de alimentar a sus pequeños que el miedo que pudiéramos infundirle.
En todo territorio de buhos nos encontraremos con sus egagrópilas. Son bolas formadas por huesos y pelos que no pueden digerir y por lo tanto devuelven. Lo hacen casi siempre desde sus posaderos mas comunes, con lo cual, es una forma de localizarlos. Si se estudian estas egagrópilas se puede saber cuales son sus hábitos alimenticios; en relación a los buhos de Valorio hay un estudio de las egagrópilas, publicado (Instituto de Estudios Zamoranos Florian Docampo) por J. Alfredo  Hernández, habitual paseante por Valorio que hablando con él demuestra un profundo conocimiento de las aves. En ese estudio Alfredo demuestra que las presas mas habituales del buho en Valorio son el topillo de campo, el ratón de campo y el ratón moruno que suman entre los tres el 65,5% de sus presas. Luego, las aves, que son un 19,2% de su alimento, entre ellas, sobre todo, el gorrión común, el estornino negro y el mirlo común. El resto de presas es muy variado, entre ellas encontraremos, ratas, pequeños pajarillos (jilgueros, lavanderas, colirrojos, verdecillos,…) e insectos (grillos, chicharras y alacrán cebollero).
Allí estuvimos hasta que la noche se nos echó encima. La última imagen fotografiada fue un pollo que pedía insistemente comida a sus padres. Nuestra visita había terminado y comenzaba la actividad para el buho, el señor de la noche.

martes, 17 de mayo de 2011

Valorio. Territorio de buhos.

En nuestro Bosque de Valorio. Si. Bosque de Valorio, porque es un bosque y no un parque como algunos quieren hacernos creer o quieren que se transforme en tal. En nuestro Bosque de Valorio nos encontramos con una buena población de buho chico, algo que seguramente muchos zamoranos no sepan y que es una muestra más de su importancia.
La primera vez que vi uno fue por casualidad. La mañana estaba agradable y con mi perra de aguas Nala (cuánto la extraño), paseábamos por Valorio. Nos habían salido herrerillos, carboneros, jilgueros, pitos reales, algún conejo y, de repente, Nala se queda fija mirando una rama de un pino bajo. Me acerco y, mi sorpresa fue mayúscula, un buho chico nos miraba entre sorprendido y enfadado, con sus penachos de orejas (que realmente no son las orejas, sino plumas ya que su oído es interno). Eran las doce y media de la mañana y allí estaba, con sus enormes ojos naranjas. Ni se movió. Suerte que llevaba una cámara pequeña y le pude sacar alguna foto.
Han pasado varios años desde aquello y el viernes pasado, con mi amigo Nano, nos acercamos a ver si veíamos alguno. Nos salió un buho adulto, más tarde la pareja; por lo tanto, el nido no andaría lejos.
En esta época los buhos están en plena cría. Los pollos ya son grandecitos y, aunque no sepan volar bien, se mueven de rama en rama, dando pequeños saltos y aleteos, pero sin separarse nunca demasiado del nido original. Allí estaba el nido.
Era bastante grande. Seguramente se habrían ubicado en un nido abandonado de urraca o quizás de otro córvido. En él quedaba un pollo que nos miraba alucinado con sus grandes ojos. Uno sólo no podía estar, ya que normalmente estas rapaces nocturnas crían entre 3 y 5; así que nos pusimos a buscar a sus hermanos en los pinos de alrededor y nos volvió a salir un adulto; diferenciar el macho de la hembra es muy difícil, aunque la hembra es un poquito más grande. Volaba en absoluto silencio. Es increíble cómo pueden volar sin emitir ni un solo ruido. Solamente lo hacen cuando están en celo y chascan las alas a modo de cortejo nupcial. Su silencio les permite capturar todo tipo de micromamíferos (ratones, topillos, musarañas,…) e incluso algún reptil e insecto.
Tras dar varias vueltas localizamos a otros tres pollos que chillaban, como una puerta al abrirse, pidiendo comida a sus padres que no paraban de volar de un lado para otro en busca de comida para llevarles hasta el posadero en el que cada uno se encontraba, siempre, cerca del nido.
Los dejamos tranquilos y nos fuimos a otro nido, mucho más difícil de localizar, pero en el que se oían perfectamente a los jóvenes buhos pidiendo comida. Al regresar al primero nos encontramos con Alfredo. Otro enamorado de la naturaleza que, al vernos allí, se acercó para hablar con nosotros. Alfredo había realizado estudios acerca de Valorio y las rapaces nocturnas. Nos informó que actualmente había  siete u ocho parejas de buho chico criando en el bosque; además de autillos, lechuzas campestres y algún mochuelo.
Los jóvenes buhos permanecerán con sus padres todo el verano y allá, por el otoño, la población de buhos de Valorio se juntará a pasar el invierno en un mismo sitio, todos o casi todos, en el mismo pino. Un pino piñonero grande, viejo, de ramas fuertes pero cansadas, donde unos treinta buhos chicos dormitarán todos los días y observarán, desde su atalaya, a los paseantes, corredores, ciclistas o niños que juegan ajenos a ellos, sin saber que en su bosque (y no parque)  hay una enorme biodiversidad que hay que mantener, cuidar y proteger.

lunes, 9 de mayo de 2011

Días de patos.

Estamos en la temporada en la que todas las patas (ánade real o azulón; por cierto, se llama azulón por el espejo azul de sus alas) salen con sus camadas de patitos, y como la mañana estaba agradable, decidí bajar al arroyo de Valorio (como recordaréis es uno de los puntos de mis paseos por Zamora) que une el bosque con el río Duero. En él hay una zona en la que se concentran gran cantidad de patas, ya que tienen agua, comida y refugio en abundancia.
Nada más salir de casa, un agudo chillido llamó mi atención; era un halcón peregrino, no podía estar muy lejos y, efectivamente, allí estaba, en una antena, atento a todo lo que volaba a su alrededor, sobre todo a las palomas. Continué hasta el arroyo donde, como decía anteriormente, las patas deambulan con sus camadas de patitos.
Las hembras de azulón son las que, allá por el otoño, eligen al macho afortunado que será el padre de sus pequeños. Los dos permanecerán juntos hasta la época de cría, en la que criarán donde la hembra haya nacido. La hembra es muy cuidadosa con su puesta y protegerá los huevos (entre 10 y 14) con fervor; los incubará ella sola y generalmente hará el nido cerca del agua (a veces lo hará en los árboles, curiosamente en una ocasión vi una pata incubando en un nido abandonado en mitad de una colonia de garzas reales), escondido entre los juncos o las hierbas altas.
Si por algún motivo tiene que ausentarse del nido para comer, lo tapará y se irá tranquila, aunque volverá lo antes posible y, si ve peligro, trasladará el nido (como alguna a hecho en el estanque de Félix Rodríguez de la Fuente en Valorio). Tras más o menos un mes, nacerán los patitos que, inmediatamente irán al agua; y allí estaban, en el arroyo, siguiendo a la cuidadosa pata que tiene que andar con mil ojos ya que, sus pequeños, son un suculento plato para gatos, milanos y ratas que van minando las camadas; bajas un sábado, controlas una pata con 12 patitos y a los tres o cuatro días le quedan 6 ó 7, a los 3 ó 4 más, sólo 5, con lo que de una camada de 10 ó 12 sobrevivirán 2 ó 3.
En esta época son una atracción para los paseantes fieles que los admiran entre sorprendidos y entusiasmados; allí estaba yo haciendo fotos a una pata con 11, a la otra con 8, y a la de más allá con 5. De repente, llega nadando una rata; la pata la ve y comienza su estrategia. Empieza a golpear el agua con el ala, simulando que está herida, pero la rata continua hacia sus patitos, los cuales, ante el aviso de su madre, se esconden rápidamente entre unas hierbas; la pata sigue con su táctica de atraer hacia ella a la rata para dar tiempo a sus crías a esconderse (otras veces he visto cómo utilizan otra táctica, la de meterse debajo del agua con sus orificios nasales fuera). Esta rata era pequeña así que la pata, viendo que seguía yendo hacia ella, se armó de valor y se fue directamente a picotearla con todas sus fuerzas. La rata, sorprendida, salió del agua y huyó atolondrada. Hoy la pata había ganado, pero esto no sucede siempre. Las ratas grandes, los gatos y los milanos se encargan de mantener a raya la población de patos y, aunque nos duela, así es la naturaleza, se regula por si misma. 

sábado, 30 de abril de 2011

Mi ciudad.

Zamora es donde vivo y por donde paseo. Tenemos la gran suerte de poseer, dentro de la ciudad, una enorme biodiversidad, la cual muchos zamoranos ignoran. El primer punto clave es el río Duero que la atraviesa de este a oeste y, en sus orillas, la vida surge a raudales; azulones, gallinetas, cormoranes, garzas, milanos negros y reales, águila calzada, galápagos, petirrojos, carboneros, pitos reales, mirlos, moscones, martinetes, garcillas, avetorillos, carriceros, herrerillos, jilgueros, pinzones, somormujos y un sin fin de vida, incluidos, aunque parezca mentira, buho real, martines pescadores y nutrias, si, como lo oís, nutrias, que en teoría, pero solamente en teoría, viven en aguas cristalinas y limpias, pero como ya veremos, de eso nada, donde exista comida y tranquilidad, muchos animales se asentarán.
El segundo lugar es el bosque de Valorio que abraza la ciudad por el noroeste. Su fauna y flora es mas abundante y variada de lo que a simple vista se puede ver. En él podemos encontrarnos gran parte de las aves que también pueblan el río, además de, lavanderas blancas y cascadeñas, erizos, lagartos, buho chico, conejos, ratones, halcón peregrino, abubillas, pájaros carpinteros, algún ciervo despistado, jabalíes y zorros que también hacen sus incursiones.
El tercer punto clave son los jardines de la ciudad, en ellos multitud de pajarillos revolotean en un trajín considerable; verderones, verdecillos, gorriones o mirlos (incluido alguno blanco) y, Los Tres Árboles (antiguo lugar de baño en el río que ahora está integrado a modo de paseo y jardín) ), además de la mayoría de los pajarillos de los puntos anteriores, nos encotraremos con comadrejas, ratas, ratones y algún que otro jabalí y zorro que cruza el río o busca comida. Por último, la ciudad en sí, que está colonizada por cigüeñas, palomas, murciélagos, salamanquesas, golondrinas, lagartijas, aviones y vencejos, además de innumerables pajarillos que se mueven de una zona a otra. Como veis un buen lugar para pasear y ver un montón de vida.