Mostrando entradas con la etiqueta acentor alpino. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta acentor alpino. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de junio de 2012

Por la Alta Sanabria II: Porto.

Porto está en el noroeste de la provincia de Zamora, es un pueblo ganadero por excelencia y es el más alto de la provincia a 1205 m. Se encuentra en la Alta Sanabria y forma parte del Parque Natural del Lago de Sanabria y ahí era el inicio de nuestra ruta.
El comienzo fue fuerte con una empinada ascensión por un camino repleto de agua que rápidamente nos haría ver el pueblo desde muy arriba. Continuamos hasta llegar a un altiplano de floración espectacular donde los amarillos de las escobas y piornos se mezclaban con los morados de los brezos. Donde miraras encontrabas un lugar hermoso y espectacular a la vez. La naturaleza estaba rebosante.
En este tramo nos encontramos con varios acentores alpinos. Ave típica de montaña que te puede sorprender volando muy cerca o cantando mientras vuela de una piedra a un brezo. Según avanzamos nos topamos con una de las peculiaridades de Porto, la ganadería. Una buena vacada de raza alistano-sanabresa nos observaba según pasábamos. Los extraños éramos nosotros.
Estas vacas son duras,  y se adaptan perfectamente al terreno y clima riguroso. Aquí, en Porto, siempre han existido y se han mimado; es famosa la feria de ganado que se celebra desde el siglo XIX el 26 de cada mes, desde Mayo hasta Octubre, siendo la feria principal la del 26 de Agosto a la que acuden compradores y curiosos de Zamora y parte de España, regularmente vienen compradores del País Vasco buscando toros para utilizarlos en el arrastre de piedras.
Continuamos hasta el refugio de Corrais donde hicimos una pequeña parada. Los acentores alpinos seguían rondándonos además del sonido de las ranas cuando pasábamos  junto a alguna de las lagunas que jalonan la zona.
Una manada de caballos nos miraba con recelo y curiosidad según avanzábamos. Poco a poco fuimos subiendo hasta llegar al límite provincial con Orense donde entramos en la reserva de caza de Xares que es un verdadero espectáculo de la naturaleza.
Las lagunas de Ocelo son un complejo glaciar perfecto con valles, cañones y lagunas que dejan ver un pasado de hielo que ha quedado grabado en el terreno. Esta tierra hermosa está habitada por ciervos, corzos, gamos y muflones que tuvimos la suerte de ver antes de que la niebla los engullera por completo.
Al muflón se le considera el antepasado de la oveja y fueron reintroducidos en España en 1954 desde Córcega. Se reintrodujeron con vistas a la caza ya que los machos poseen unos cuernos que se curvan a ambos lados de la cabeza dándole un aspecto característico, por cierto, estos cuernos no se les caen como les sucede a los ciervos o a los corzos que los pierden todos los años.
El grupo que vimos fue de hembras que no suelen tener cuernos o si los tienen son muy pequeños. Este grupo siempre va dirigido por una hembra experta a la que siguen otras y sus crías a las que se añaden, en época de celo, un macho dominante que se haya ganado, mediante luchas con otros machos, el derecho a aparearse con ellas. Nada más vernos salieron espantadas ladera arriba, al refugio de la otra cara de la montaña.
Tras avituallarnos continuamos la ascensión hasta los casi 1.900 m entre una niebla que nos engullía por momentos hasta no dejarnos ver absolutamente nada. La niebla no nos dejó ver la Laguna de la Serpiente y no nos abandonó hasta que no bajamos a los 1.400 m donde una floración espectacular del gamón cubría laderas enteras de la montaña.
El gamón es una planta curiosa que no come el ganado y que incluso sale indemne de un incendio. Desde los antiguos griegos se le asocia con la muerte, con el tránsito a la otra vida por eso estaba muy presente en los ritos funerarios. También era utilizado para hacer pegamento al machacar su bulbo mezclándolo con agua y en la Edad Media se empleaba para tratar eczemas de la piel aunque es muy tóxico si se come.
Agradezco enormemente a Poli prestarme
esta fotografía para ilustrar la entrada.
Según bajábamos el valle del río Bibei se abría a nuestros pies. Pies que levantaron a un corcino recién nacido que pronto buscó la protección de las escobas cercanas. Si encontráis alguno, dejarlo, no lo toquéis, ni lo mováis del sitio si no se mueve. No está abandonado, su madre no andará lejos ya que el quedarse quieto y sólo durante las primeras semanas de su vida es una manera de protegerse de los depredadores.
La madre vendrá varias veces al día a alimentarlo y lamerlo para quitarle el olor y se volverá a ir. No quiere que su presencia, ni el olor de su cría, atraigan a un depredador que pueda matarlo.
Una vez en el valle nos dirigimos hasta Porto por una pista de hormigón que se hace interminable pero se compensa con el paisaje a ambos lados del valle. Pasamos junto a un viejo acebal que sobrevive al paso del tiempo y de los incendios.
Viejo acebal de Porto.
El acebo es un árbol de crecimiento muy lento y sus bosques tienen una gran importancia al ser refugio de innumerables pajarillos y mamíferos en invierno porque suben la temperatura hasta 5 grados y en verano porque su humedad da frescor al ambiente.
El acebo tiene una madera que aguanta mucho la humedad y se utilizaba para construir vallas pero cuidado con sus “bolitas rojas” que son tremendamente tóxicas y además son las causantes de su alarmante descenso ya que se han empleado masivamente para adornos de navidad.
Poco a poco llegamos a Porto donde finalizamos una ruta espectacular de 11 kilómetros de subida desde los 1.200m hasta los casi 1.900m y otros 13 de bajada en una naturaleza desbordante y majestuosa.

miércoles, 4 de abril de 2012

Por la Alta Sanabria.

Desde muy pequeño me gusta recorrer los bosques, pueblos, cañones o lagunas de Sanabria y de vez en cuando hago una ruta por la Alta Sanabria. Todos los meses un grupo llamado "ruteros" hacemos una ruta por la provincia de Zamora de un día completo y en este mes tocaba la Alta Sanabria.
En el camino hasta Sanabria amanecía y
 los ciervos se iban yendo a sus encames.
No voy a hacer un estudio pormenorizado del glaciarismo, flora o fauna de la zona, sería demasiado, sino que voy a explicar el recorrido, ya sé que hay más cosas pero me referiré a lo que nos fuimos encontrando y algunas curiosidades.
Nuestra ruta comenzó en la Laguna de Peces (1.725m); laguna de origen glaciar como casi toda la zona que, por cierto, nunca la había visto tan baja de agua en esta época. Desde ahí nos dirigimos hasta la Laguna de Yeguas (1.795m) situada a los pies de Peña Cabrita (1.904m). 
En esta laguna se aprecia perfectamente el proceso de colmatación, es decir, su muerte lenta. Está recibiendo lentamente sedimentos y nutrientes que se van disolviendo en el agua; cuando existe un exceso de nutrientes (llamado eutrofización) aumenta el crecimiento de algas y musgos superficiales, que impiden la entrada de la luz hasta el fondo de la laguna. Además, cuando éstos mueren van al fondo, originando más materia que no puede ser degradada a buen ritmo por los descomponedores (bacterias sobre todo) La laguna se va rellenando de esta materia y se va colmatando, va perdiendo profundidad. El agua va desapareciendo, formándose una masa compacta, la turba, en donde se empezarán a asentar hierbas, juncos y darán paso a una pradera. Aquí, en la Laguna de Yeguas, se está produciendo este proceso y así actualmente tenemos dos lagunas, la de Yeguas y la de Cubillas (la situada debajo de Peña Cabrita) que fueron una y se están muriendo. En esta laguna nos encontramos con una pareja de porrones europeos y dos parejas de azulones aparte de algunas ranas en la laguna.
Laguna de Yeguas en pleno proceso de colmatación.
A lo largo de todo el recorrido pudimos contemplar y oir el canto de dos tipos de acentor, el común y el alpino. El acentor común es un pequeño pájaro que pudimos apreciar tanto, cantando en las ramas altas de los brezos, como desplazándose agachado entre ellos y las carqueisas por el suelo. Como curiosidad, este pequeño pájaro es un blanco común de los cucos que dejan su huevo en el nido de estos pequeños pajarillos para que críen al pollo invasor.
Acentor común.
También vimos varios acentores alpinos, más vistosos que los comunes, que nos deleitaban con su hermoso canto, tanto en vuelo como situados en la rama más alta de cualquier brezo.
Desde Yeguas nos dirigimos hasta el valle del Tera donde, antes de bajar, disfrutamos de una increíble vista de toda la zona pudiendo apreciar el punto más alto de la provincia de Zamora, Peña Trevinca (2.127m) y varios dosmiles más.
Todo el recorrido de la ruta estaba dentro del Parque Natural del Lago de Sanabria de 22.365 hectáreas, siendo un extenso complejo glaciar. En esta panorámica se pueden apreciar tanto el circo, la lengua como las morrenas y el típico valle glaciar en “U”. Bajamos hasta Vega de Conde donde encontramos varias lagartijas serranas y un pequeño lagarto. En el camino hasta Vega de Tera tuvimos dos nuevas sorpresas.
Hacía mucho tiempo que no veía perdices pardillas y junto al camino levantaron dos, una pareja que no se movió hasta que casi les pasamos por encima.
Macho a la izquierda
(tiene una mancha marrón oscura en el abdomen) y
hembra a la derecha.
Las perdices pardillas son un poco más pequeñas que las rojas y solamente vuelan cuando estás prácticamente encima de ellas. Levantaron junto al camino y se tiraron hacia el centro del valle en un vuelo ruidoso que les hizo perderse rápidamente de nuestra vista. 
La forma del escudo anal nos indica que es una corza.
La segunda sorpresa fueron dos corzos que estaban encamados y se levantaron a nuestro paso. El duende, así llaman al corzo en Sanabria y tienen razón, ya que, los ves y no los ves, en un abrir y cerrar de ojos. En la anterior entrada, relativa al tejón, comenté el curioso caso de que las hembras de tejón tienen la implantación del óvulo retardada, es decir, pueden guardar el óvulo fecundado un tiempo determinado, pues bien, las corzas hacen lo mismo.
Llegamos a Presa Rota, lugar de triste recuerdo para todos los sanabreses por la fatídica rotura de la presa el 9 de enero de 1959 que arrasó el pueblo de Ribadelago.
Tras la comida continuamos por el Cañón del Tera en el que comenzamos a ver robles, acebos, almendros y algunos abedules hasta llegar a la Cueva de San Martín. En este tramo nos encontramos con arrendajos, carboneros y un buen número de pajarillos, además de un mirlo acuático en una de las múltiples pozas que el río forma en el cañón.
Mirlo acuático tras salir del agua.
El mirlo acuático tiene una curiosa peculiaridad como es la de bucear e ir andando por el fondo del río buscando larvas e insectos que se esconden debajo de las piedras. Aquí también nos cruzamos con la famosa ranita de San Antonio que le gusta moverse por las ramas de brezos, hierbas o robles siempre que tenga cerca una zona húmeda.
Rana de San Antonio.
Por encima de la Cueva de San Martín pasamos por un bosque de robles y acebos. El acebo es un árbol muy curioso y amenazado durante mucho tiempo (sobre todo por la costumbre de cortarlo por Navidad como adorno); los bosques de acebos son tremendamente importantes para sus habitantes (pajarillos, micromamíferos,..), porque suben la temperatura ambiente entre 3 y 5 grados, por lo tanto en invierno son un refugio extraordinario para todos ellos.
Aquí comenzó la fuerte subida que nos llevó desde aproximadamente los 1.350 m hasta los 1.733 m del vértice geodésico del Gencional.
En el final de la subida pudimos encontrar los primeros escarabajos, entre ellos un espectacular escarabajo verde metalizado que, por cierto, es la orden del reino animal con más con más especies descritas, unas 375.000. Al llegar al Gencianal bajamos hacia la Laguna de Peces para terminar un largo y estupendo día de ruta por la alta montaña sanabresa.
(Doy las gracias a Poli por haberme prestado su magnífica fotografía de las perdices pardillas)