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martes, 20 de octubre de 2026

Miradas: la mirada de la nutria.

Aparece. Asoma. Sale. Coge aire y vuelve a sumergirse en busca de alimento. Vuelve a salir. Me mira. Me observa. Sube al tronco y me mira fijamente. Son dos.
Desde hace años las nutrias han experimentado una considerable subida de su población; en los años sesenta, setenta y ochenta del siglo pasado tuvieron una enorme disminución provocada por diferentes factores, como la destrucción de su hábitat, la disminución de recursos alimenticios o la enorme presión que la caza ejercía sobre ellas.
Dicha caza se realizaba por varios motivos: el principal, porque su piel era muy cotizada para la elaboración de abrigos (un abrigo suponía la muerte, más o menos, de veinte nutrias) y, en muchas partes de Zamora, de gorros que decían hechos de "piel de lluntre", nombre con el que llamaban a las nutrias.
El segundo motivo tenía que ver con los alimañeros que, durante los fatídicos años de Las Juntas de Extinción de Animales Dañinos, mataron un gran número de ejemplares. Un tercer motivo era que en muchas zonas de nuestro país se cazaba para comer, hasta la Iglesia autorizó su consumo en la época de cuaresma ya que la consideraba una "carne de pescado". También, un cuarto motivo era que muchos pescadores tenían una enorme manía a las nutrias al considerarlas responsables de la falta de peces en los ríos.
Me miran fijamente. Me sopesan. No me consideran una amenaza. Juguetean en el tronco. Siguen su camino dejando atrás los tiempos en los que su población disminuyó considerablemente.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Un buen día: nutria y búho real.

Se han ido los ánsares y las lagunas de Villafáfila se han quedado sin su principal atracción del invierno. Ha sido la peor invernada de ánsares desde que se tienen recuentos, oficialmente no han llegado a los 3.000 pero, seguramente, hayan rondado los 5.000. Aún así la invernada de ánsares caretos ha sido espectacular; se han visto las mayores concentraciones de estos preciosos ánsares con una cifra record de 91 ejemplares vistos por J. Alfredo Hernández y yo el día 29 de diciembre de 2017.
Estamos en un periodo en el que los invernantes se han ido y todavía no han llegado la mayoría de las aves veraniegas así es que, el movimiento, era muy escaso en las lagunas. Ánade friso, rabudo, silbón y azulón, cerceta común, avocetas, tarro blanco…Toda mi atención la centraron los pequeños pajarillos. 
Pinzón real.
De entre todos me centré en un precioso grupo de unos 200 pinzones reales que se movían nerviosos de unos arbustos a otros; otro de más de 500 pardillos y un pequeño y variado grupo que se encontraba comiendo cerca del observatorio de Otero en el que se mezclaban pardillos, pinzones vulgares y reales, trigueros, jilgueros, gorriones chillones, estorninos, colirrojo tizón, lavanderas y unos 10 zorzales reales.
Zorzal real.
Nunca los había visto aquí y estuve un buen rato observando como se ocultaban entre las hierbas y buscaban su alimento. Se movían temerosos, en ningún momento salieron de la seguridad de las hierbas. Se agachaban, introducían el pico, escarbaban un poco y sacaban una larga lombriz que rápidamente se tragaban.
Como no había mucha actividad decidí cambiar de lugar y me fui hasta un enclave cercano en el que, seguramente, hubiera más movimiento. 
Por el camino no faltaron las preciosas e imponentes avutardas.
Vaya si hubo movimiento. Cerceta común, ánade friso, azulón, zampullín chico o focha común nadaban tranquilamente mientras garcetas grandes y garzas reales se tensaban en las orillas para lanzarse como verdaderos arpones en pos de cualquier pez que se les pusiera a tiro.
Garceta grande.
Cornejas y cormoranes pasaban volando mientras una pareja de arrendajos bebía agua en la orilla, un roquero solitario se asomaba curioso o alguna gaviota sombría se desplazaba por la zona. Las verdaderas estrellas fueron dos especies emblemáticas y preciosas: la nutria y el búho real.
Más de dos horas y media disfrutando de una pareja de nutrias es una auténtica maravilla. Verlas moverse, perseguirse, jugar, pescar, revolcarse en las hierbas o nadar alegremente es una verdadera gozada. Son animales activos, alegres y juguetones pero de fuerte carácter.
Siempre permanecieron juntas. Posiblemente fueran macho y hembra en su celo. Las nutrias tienen un celo especial ya que se les puede retrasar o adelantar en función de la climatología y la comida disponible; así el invierno pasado ya había nutrias que habían tenido a sus pequeños en febrero como sucedió con la triste historia de la pequeña nutria quemada (podéis recordarla pinchando aquí).
Anocheció y las cornejas se empezaron a poner nerviosas. Cada vez que pasaban volando por la ladera se lanzaban empicadas a un punto concreto. Allí debía de estar. Era automático. Corneja que pasaba se lanzaba a los árboles del otro lado de la ladera. Igual sucede con otros córvidos que marcan a un depredador, como cuando las urracas te están marcando la posición de un lince en mitad de la sierra.
Anocheció por completo y apareció volando desde una encina a otra. El búho real se mostró por fin.
Se posó en unas ramas altas y comenzó a mover su cabeza. Comenzaba su día, nuestra noche. Nuevas cornejas le molestaron y levantó el vuelo nuevamente pero esta vez nos sorprendió y vino directamente hacia donde nos encontrábamos. Con fuertes aleteos combinados con pequeños planeos y un silencio absoluto nos pasó por encima y se situó a escasos 30 metros de nosotros, en una repisa. No lo veíamos. Pasados unos instantes se volvió a levantar y deshizo el camino para volver a su ladera.
Es increíble verlo volar. Es un ave muy grande. Poderosa. Elegante. Fuerte y…silencio absoluto. El búho real es la mayor de las rapaces nocturnas. Su envergadura es de más de un metro y medio y es impactante verlo pasar muy cerca de ti.
No pudimos verlo nítidamente. Era de noche pero si disfrutamos de su presencia, de su poder, de su majestuosidad. Su silueta se marcaba en el cielo nocturno. Allí estaba. Comenzaba su día…nuestra noche. Fue un gran día.

martes, 28 de noviembre de 2017

La reina del río.

Asoma. Emerge. Coge aire y vuelve a sumergirse en busca de alimento. Un rastro de pequeñas burbujas te van mostrando por donde va. Vuelve a salir. Observa. Se acerca a la zuda. Las cigüeñas están alerta. Expectantes. La miran. La reina del río se aproxima más. Cuando va a subir. Las cigüeñas van hacia ella a intentar picarla. La echan. No le dejan pasar la zuda por ahí. La nutria se da media vuelta y continua río abajo (si hubiera querido podría haberles dado un gran susto a las cigüeñas). Paralela a la zuda. Unos metros más adelante sale del agua. La cruza y se sumerge en el otro lado.
Un rastro de burbujas te va indicando por donde va...
Desde hace años las nutrias han experimentado una considerable subida de su población; en los años sesenta, setenta y ochenta del siglo pasado tuvieron una enorme disminución provocada por diferentes factores, como la destrucción de su hábitat, la disminución de recursos alimenticios o la enorme presión que la caza ejercía sobre ellas.
Dicha caza se realizaba por varios motivos: el principal, porque su piel era muy cotizada para la elaboración de abrigos (un abrigo suponía la muerte, más o menos, de veinte nutrias) y, en muchas partes de Zamora, de gorros que decían hechos de "piel de lluntre", nombre con el que llamaban a las nutrias, incluso, en muchos pueblos no sabían que lluntre era una nutria (gracias J. Alfredo Hernández por la información).
El segundo motivo tenía que ver con los alimañeros que, durante los fatídicos años de Las Juntas de Extinción de Animales Dañinos, mataron un gran número de ejemplares. Un tercer motivo era que en muchas zonas de nuestro país se cazaba para comer, hasta la Iglesia autorizó su consumo en la época de cuaresma ya que la consideraba una "carne de pescado". También, un cuarto motivo era que muchos pescadores tenían una enorme manía a las nutrias al considerarlas responsables de la falta de peces en los ríos.
La reina del río continuó su camino aguas abajo. Buscaba alimento. Su avance era rápido. Decidido. Se sumergía y salía muchos metros más adelante. Las nutrias son capaces de aguantar hasta tres minutos bajo el agua donde se manejan con enorme soltura gracias a sus características para moverse en un elemento en el que su cuerpo alargado, pelo impermeable, membrana interdigital o su larga cola que utiliza como timón y propulsor son elementos que le hacen una verdadera experta a la hora de nadar y bucear; además tienen un elemento muy útil y necesario que juega un papel fundamental en su vida, las vibrisas faciales.
Estos largos pelos rígidos son receptores táctiles que le proporcionan información constante del entorno. Calcular distancias, percibir corrientes, captar diferencias de temperatura o detectar movimiento son algunas de las utilidades de estos largos pelos que le son enormemente útiles junto con la vista dentro del agua, dado que el oído y el olfato solamente los utiliza fuera.
Asomaba la cabeza. Volvía a coger aire y se sumergía arqueando su largo cuerpo hacia la oscura profundidad del río. La perdí de vista. Desapareció. Pasados bastantes minutos la volví a localizar en otra parte del río. Había conseguido alimento.
Allí estaba. Sobre un tronco medio sumergido comiendo un gran pez. Lo agarraba con sus fuertes manos para sujetarlo y poderlo comer a gusto. Comía rápido. Sin descanso.
Comía rápido, en un contraluz del atardecer.
Como he comentado en otras entradas y, creo que es bueno recordarlo: ¿quién no ha oído decir?: “las nutrias solamente viven en ríos de aguas cristalinas y transparentes; son bioindicadoras de la pureza de las aguas”. Nada más lejos de la realidad. Las nutrias pueden vivir también en aguas oscuras o de color chocolate, lo único que necesitan es alimento, resguardo y tranquilidad, si estas necesidades están cubiertas en un río de aguas turbias, vivirán en él sin ningún problema.
Terminó su comida. Se sumergió elegante, con un fuerte impulso arqueando su cuerpo para salir varios metros más adelante. Nadaba rápido hacia la orilla, hacia los juncos. Una barca se aproximaba. Rápidamente se escondió entre la espesa vegetación donde un avetorillo llegó volando para agarrarse cual experto equilibrista a la inestabilidad de los juncos. La barca pasó. La reina del río volvió a asomar y continuó su recorrido por su territorio. Un territorio urbano. Un territorio en el que nadie la ve. Nadie la molesta. Ella es la reina del río. La nutria. 

sábado, 9 de septiembre de 2017

Los rascones (y sus vecinos) de la presa de San Miguel.

Sabía donde estaban. Los estaba oyendo moverse y emitir su grito típico pero no aparecían. Se movían como pequeños rayos entre los carrizos pero no había manera de poder verlos en condiciones. La familia de rascones vivía en la pequeña presa del río Castro. Días antes, Manolo Segura y Hipólito Hernández, dos grandes amantes de la naturaleza aparte de excelentes fotógrafos y, por supuesto, amigos, habían visto varios juveniles moverse entre los juncos.
El rascón europeo es difícil de ver. Es esquivo, huidizo y tímido que se escucha más que se ve. Es un pequeño fantasma que muy pocas veces sale fuera de la protección de los carrizos; eso era, precisamente, lo que estaba esperando escondido detrás de unos carrizos. Allí agachado, esperé.
Había varios rascones. Se oían en diferentes puntos y los había visto pasar entre los carrizos pero no salían. Amanecía y el sol iba iluminando lentamente el agua de la pequeña presa del río Castro. El sonido (más bien chillido) de los rascones se acercaba al borde de los juncos. Me puse tenso, levanté la cámara y espere. Asomó.
Allí estaba. Un rascón asomó cauteloso y lento entre los carrizos. Miraba de un lado para otro como cuando se va a cruzar una carretera. Allí estuvo unos segundos que se me hicieron interminables. ¿Saldría? ¿Volvería al interior del carrizal?
El rascón no se movió hasta que el sol lo iluminó con su suave luz naranja. Cuando la preciosa luz me mostró todos los colores del tímido rascón se comenzó a mover lentamente, con un infinito cuidado.
Avanzaba lentamente con sus delicadas patas levantándose por encima de la superficie. Miraba a todos los lados e introducía su cabeza dentro del agua. Comía. Estaba confiado y tranquilo.
Continuó avanzando hasta que salió totalmente al descubierto y pude apreciarlo en todo su esplendor. Su pico de color rojizo, su pecho grisáceo, su pequeña cola blanca y esos ojos intensos y despiertos de un fuerte color rojo que llaman poderosamente la atención cuando los ves de cerca.
Era un precioso adulto. Continuó avanzando. Comiendo. Se estiraba como cuando un sprinter llega a la ansiada meta. Se movía entre las hojas y el agua con una enorme delicadeza. Picoteaba la superficie o introducía la cabeza totalmente bajo la superficie. Otros rascones se oían en el carrizal. Había visto, en total, dos adultos y cuatro juveniles pero a este lo estaba disfrutando especialmente.
El rascón se movía tranquilamente hasta que se paró. Miró hacia arriba y, en un segundo, desapareció a una velocidad sorprendente en dirección a la seguridad de los carrizos. Una águila calzada sobrevolaba la laguna. Ese día no los volví a ver.
Uno de los jóvenes rascones fotografiados por Manuel Segura,
al cual le agradezco enormemente la foto para esta entrada.
Esta familia de rascones vive en un lugar peculiar. La presa de San Miguel en el río Castro, en Sanabria. Un lugar que tiene una enorme variedad de vida, una enorme biodiversidad. Un lugar en el que se pueden ver, entre otros: mirlo acuático, martín pescador, galápago europeo, cigüeña negra, garza real, nutria, rata de agua, carricerín común, ruiseñor bastardo, halcón abejero, alcotán, cigüeña blanca, carricero común, focha común, gallineta, zampullín común, andarríos chico, grande y bastardo, agachadiza común o chorlitejo grande y chico además de innumerables pajarillos, mariposas, anfibios, roedores, reptiles o libélulas. Las siguientes fotografías son una pequeña muestra de toda la vida que hay en la presa.
Martín pescador.
Mirlo acuático.
Galápago europeo.
   Rata de agua.
Andarríos grande.
Agachadiza común.
Preciosa fotografía de un archibebe claro realizada por Manuel Segura.
Carricerín común.
Fotografía de una nutria realizada por Hipólito Hernández,
al cual le agradezco enormemente cedérmela para esta entrada.
Garza real.
Zampullín común en primer término y rascón europeo al fondo.
Focha común.
Sin olvidarnos de todos los ciervos, corzos, zorros, jabalís y demás animales que acuden a sus orillas a beber, comer o bañarse. 
Un lugar especial que atesora una enorme biodiversidad de especies residentes o que simplemente estén en paso. Una pequeña presa preciosa con un amplio y diverso ecosistema en el que conviven cientos de especies tanto animales como vegetales que debemos valorar y respetar. Así es la presa de San Miguel en el río Castro.

miércoles, 15 de marzo de 2017

La historia de una pequeña nutria.

Corría un poco de viento pero la tarde era muy agradable para pasear por el río Duero, río que como he dicho en innumerables ocasiones sorprende a todo aquel que le cuentas la diversidad de su fauna en el tramo urbano de la ciudad de Zamora.
Había estado mucho tiempo observando las evoluciones de dos parejas de martín pescador mientras hacían el nido, ese agujero profundo que les servirá como cobijo para una nueva generación de pequeños martines. Los había visto entrar a picar en el agujero, ofrecerse obsequios e incluso un amago de monta. Las garzas reales, los cormoranes, los azulones o alguna gaviota despistada se movían tranquilamente por las orillas mientras mitos, herrerillos, carboneros, mirlos, verdecillos o currucas capirotadas volaban y cantaban alterados ante la llegada de la inminente primavera.
Al poco tiempo de subir del río me llegó un mensaje. Inmediatamente volví y me dirigí hasta el lugar en el que se encontraban Flori Pérez y Lourdes Hernández.
Flori es una mujer tranquila, pausada, de sonrisa permanente, voz dulce y suave que ama la naturaleza, que disfruta con las pequeñas cosas y que siempre tiene una actitud positiva. Lourdes, su hija, es una apasionada de la naturaleza que se indigna ante las injusticias que puede sufrir el medio que nos rodea e intenta hacer todo lo que está de su mano para solucionar el problema. Llegué hasta su altura y me la enseñaron.
Era una pequeña cría de nutria. Tendría entre 15 días y un mes de vida. Estaba quemada: tenía las almohadillas, la trufa y las vibrisas quemadas. Tenía pinta de estar deshidratada y con hipotermia así es que Lourdes y Flori la habían envuelto en una toalla y metido en una caja pero…¿que había pasado?
Hagamos un retroceso en el tiempo. Dos días antes un inconsciente, una persona desalmada o como queráis llamarla (merecería cualquier descalificativo que se os ocurra) prendió fuego a una zona de espadañas junto al río Duero. Se dio la circunstancia que en ese punto del río una de las parejas de nutria que tenemos en nuestro río tenía su cubil, en el que convivían la hembra adulta, una cría del año anterior, es decir, un hermano mayor, y las crías de este año. Crías de no más de quince días o un mes.
El fuego abrasó las espadañas y a las nutrias con ellas. Las pequeñas nutrias intentaron salir como pudieron del terrible fuego. Que sepamos, dos, lo consiguieron; la hermana mayor y esta pequeña nutria que tenía ante mí.
Estaba helada. Se quejaba y respiraba con dificultad. Había que hacer algo. Lourdes ya había llamado al 112, que pasaron el mensaje a la Junta de Castilla y León y…nada. Llamé al servicio territorial de la Junta y me dijeron que hasta las diez de la mañana del día siguiente no la podían recoger, que la dejáramos en el cajón del Centro de Recuperación de fauna de Villaralbo. Le contesté que si la dejábamos allí se iba a morir, no aguantaría. Les daba igual…
Lourdes estaba indignada y no entendía la situación; por desgracia, a mí me había pasado más veces con otros animales que había recogido y tenido en mi casa hasta el día siguiente pero Lourdes no lo entendía, era inexplicable…nadie se hacía cargo del animal, les daba igual…como estaba cerrada la oficina…
Después de varias llamadas en las que no conseguimos nada de nada decidimos que alguien tenía que ver a la pequeña nutria ya que necesitaba cuidados urgentes, si no moriría; así es que los tres nos fuimos hasta una clínica veterinaria cercana al río.
Al llegar, la sorpresa de las veterinarias fue mayúscula. Le pusieron calor e hicieron un reconocimiento de urgencia confirmando nuestras sospechas. Además, nos dijeron que respiraba con dificultad y tenía los pulmones tocados ya que tenía humo y cenizas en la boca, nariz y seguramente pulmones.
Después del reconocimiento surgieron las dudas ya que era un animal muy diferente a los que solían tratar y se nos ocurrió la posibilidad de llamar a un veterinario de fauna salvaje así es que llamamos a Silvia Martín, veterinaria del Centro del Lobo de Robledo (que se daba la circunstancia que tanto Lourdes como yo conocíamos). Vía teléfono nos fue dando unas indicaciones de tratamiento y manejo que trasladamos a la veterinaria así como los cuidados básicos para que aguantara la noche.
Habían pasado algo más de dos horas y media desde que apareció pero el pobre animal llevaría otro día y medio, como mínimo, a la intemperie después del fuego. Lourdes y Flori se la llevaron para casa en un trasportín que, amablemente, nos dejaron en la clínica. Tenía que aguantar la noche hasta llevarla a las 10 de la mañana del día siguiente al Centro de Recuperación de fauna.
La pequeña nutria, que es una hembra, aguantó la noche y Lourdes la llevó hasta el centro donde Silvia la recogió comenzando su tratamiento y recuperación.
Hoy, al amanecer, me acerqué hasta el lugar, quería ver si la otra cría que habían oído estaba por algún sitio, si podía localizarla; era muy complicado que hubiera sobrevivido una segunda noche. No la encontré. Seguramente hubiera muerto.
Un día después estoy contando su historia. Todavía tengo la emoción que me recorre el cuerpo como un pequeño calambre con diferentes ramificaciones de angustia, alegría, rabia, desesperación e impotencia. Emociones encontradas, contradictorias que me permiten lanzar al viento algunas reflexiones:
-¿Cómo es posible que no haya un protocolo de actuación para un animal protegido? ¿Cómo es posible que nadie se haga cargo del animal mientras no esté abierta la oficina? ¿Cómo es posible que no haya un veterinario de urgencia para estos casos?
-¿Por qué se sigue quemando? ¿Por qué alguien tiene la nefasta idea de quemar? ¿No se da cuenta de la importancia de lo quemado? Ah, que sólo es un carrizal del río…ese carrizal supone un refugio para micromamíferos, insectos, puede ser un dormidero de aves, lugar de nidos o, como sucedió, el hogar de una familia de nutrias…sin olvidarnos de lo “bonito” que hace el río quemado. Educación por favor, educación. Tenemos que conseguir que estas personas vayan siendo cada vez menos, que se vayan extinguiendo como la plaga que son.
François de la Rochefoucauld, decía que hay tres clases de ignorancia: no saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe, y saber lo que no debiera saberse. Estas personas cumplen las tres clases de ignorancia, porque no quieren abrir los ojos, porque nadie les ha enseñado a que los abran o, simplemente, porque son unos delincuentes.
-Flori y Lourdes son personas sencillas, amantes de la naturaleza, comprometidas con el medio ambiente y conocedoras de la importancia de lo que nos rodea. Son personas que han hecho todo lo que estaba en su mano por salvar a un animal. Han sido capaces de hacer lo que otros no hubieran hecho nunca y, además, no se dan importancia, lo hacen porque creen, firmemente, en lo que hacen porque les sale de dentro, les sale directamente del corazón.
-Gracias al personal de la clínica veterinaria Kinditín que se portó extraordinariamente con nosotros, por su amabilidad y altruismo.
-Gracias a todos los que llamé para intentar solucionar el problema, especialmente, a Silvia Martín que nos trasladó su sapiencia y sensibilidad.
Espero que la mentalidad vaya cambiando y gestos como este sean más habituales y gestos como el quemar se vayan extinguiendo. Espero que la educación se vaya imponiendo a la incomprensión. Tenemos mucho trabajo. Hay que cambiar mentalidades y para conseguirlo hay que empezar por los más pequeños, por los niños, ellos son el futuro de nuestro medioambiente.
Ahora hay que esperar que la pequeña nutria vaya recuperándose y, si se recupera del todo: ¿Se podrá soltar nuevamente? ¿Podrá volver al río algún día? Esperemos que pueda regresar a su hábitat natural del que nunca debió de salir...el tiempo nos lo dirá.