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miércoles, 17 de junio de 2020

Nueva vida en Villafáfila.


En estos meses de confinamiento la naturaleza ha respirado. Hemos podido ver el cielo limpio, ha llovido como hacía años que no lo hacía, los pájaros han cantado exultantes, la fauna se ha liberado de la presión humana, la contaminación ha bajado a límites insospechados...
La pena es que, en cuanto se levanten todas las restricciones, volveremos a las andadas como si nada hubiera pasado. Volveremos a nuestra vida consumista y asfixiante para el medio ambiente.
Las lluvias de la primavera han hecho que algunas de las Lagunas de Villafáfila se encuentren, a mediados de junio, con un aspecto inmejorable. La Salina Grande estará al 80% de superficie inundada y al 40-50% de profundidad, presentando unas condiciones inmejorables para la cría de las especies que han elegido estas lagunas para traer al mundo una nueva generación.
Las islas de la Salina Grande están llenas de vida. Las pagazas piconegras han vuelto a criar con fuerza. La Reserva de Las Lagunas de Villafáfila es un lugar de cría regular de esta especie (el más noroccidental de la península ibérica) aunque en los últimos años, debido a la enorme sequía, se habían tenido que trasladar en 2016 y 2017 hasta las balsas artificiales de riego en Villalón y Herrín de Campos (Valladolid) y en 2019 hasta La Laguna de Boada (Palencia).
Pagaza piconegra sobrevolando la planicie en busca de alimento.
Este año con las buenas condiciones han vuelto a criar en Villafáfila. La colonia de pagazas piconegras está en plena ebullición. Mientras un miembro de la pareja incuba o protege a sus pequeños pollos, el otro sale a los campos cercanos en busca de comida. Patrulla la planicie hasta que localiza una presa y se lanza al suelo en busca de cualquier saltamontes, escarabajo o incluso topillo que pueda atrapar.
Avocetas con sus pequeños pollos por la salina.
Los pequeños pollos de las avocetas se mueven incansables en busca de alimento por las orillas de las islas y la laguna mientras las gaviotas reidoras, defienden ferozmente a sus pollos de los ataques de los aguiluchos laguneros, milanos negros o águilas calzadas que buscan su oportunidad.
Gaviota cabecinegra alimentando a sus pollos.
Entre las gaviotas reidoras una pareja de gaviota cabecinegra está sacando a sus pollos adelante. Esta pareja constituye la cría más noroccidental de esta especie en la península ibérica. Preciosas gaviotas que constituyen todo un lujo para disfrutar.
Gaviota cabecinegra.
Hace años los tarros blancos eran muy complicados de ver en las Lagunas de Villafáfila pero vinieron para quedarse y, después, criar (la primera cita de reproducción en las lagunas fue en el año 2004). Huecos, agujeros, bodegas son sitios ideales para que estos preciosos patos con pinta de ganso, saquen adelante a sus pollos que los siguen fielmente por la laguna.
Ánsar común.
También una pequeña población de ánsar común cría en las lagunas. Estos ánsares es probable que sean descendientes de los que fueron introducidos en la Casa del Parque en la década de 1990. Varias parejas, con los pollos muy crecidos, se mueven por la fina capa de agua en grupos familiares.
Cigüeñuelas en plena disputa.
Las cigüeñuelas también crían en este humedal. Estas preciosas y elegantes aves se encuentran en el proceso de incubación de sus pequeños defendiendo sus territorios con valentía.
Focha común alimentando a sus pequeño.
La vida recorre las lagunas. Nuevas generaciones de ánades azulones, frisos, avefrías, fochas comunes, porrones europeos e incluso la posibilidad de que alguna pareja de aguja colinegra esté criando en la salina (tendría que confirmarse. La primera cita confirmada de cría en la Reserva fue en 1997) se agolpan por emerger a la vida. Ante tanta abundancia de crías también están los depredadores que tienen que sacar adelante a sus proles. Cernícalos vulgares y primilla, mochuelos, aguiluchos laguneros, milanos negros, búhos campestres, aguiluchos cenizos, águilas calzadas y busardos ratoneros buscan una oportunidad para poder capturar alguna presa. Sin olvidarnos de los oportunistas como grajillas, cuervos, cornejas o urracas que saben sacar provecho de cualquier situación.
Aguilucho cenizo.
Joven cernícalo vulgar.
Busardo ratonero.
Mochuelo.
En el año 2014 se empezaron a poner cajas nido en la reserva por parte de La Junta de Castilla y León (130 en 2014 y 100 en 2015) y Grefa (Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su Hábitat que había puesto 20 anteriormente) hasta un total de 250 cajas nido. Cajas nido que se implantaron con la idea fundamental de fomentar la cría de determinadas aves que supusieran un beneficio para el control biológico de los topillos. Estas cajas nido han sido un verdadero éxito para la cría de especies como las grajillas, mochuelos, lechuzas y cernícalos.
Jóvenes cernícalos vulgares a punto de volar.
Pareja de mochuelos.
Pero Villafáfila es mucho más: terreras, codornices, perdices, cigüeñas blancas, abejarucos, alondras, tarabillas, estorninos, cogujadas, escribanos trigueros, abubillas, lavanderas blancas y boyeras, gorriones comunes, chillones y molineros también tienen su lugar en este majestuoso enclave. Así como patos cuchara, cercetas comunes, agujas colinegras, fumareles comunes y algún cariblanco, espátulas o garcillas bueyeras sin olvidarnos de vencejos, golondrinas aviones y de las reinas de la estepa: las avutardas y los cada vez mas escasos sisones y gangas ortegas.
Abubilla cazando un saltamontes.
Zampullín chico.
Garcillas bueyeras.
Cualquier sitio es bueno para encontrar alimento.
Vida. Vida es lo que destilan las lagunas. El agua atrae a la vida y con agua en las lagunas la concentración de vida está asegurada. La Reserva Natural de las Lagunas de Villafáfila es un enclave especial, majestuoso y muy importante para miles de aves que viven o pasan por él a lo largo del año. Cuidemoslo. Protejamoslo. Respetemoslo. 
(Quiero agradecer enormemente a J.M. San Román su colaboración para poder realizar esta entrada. Gracias).

jueves, 28 de abril de 2016

Sigue la agujeta escolopácea y mucho bicherio.

Nueva visita a las lagunas de Villafáfila que están espléndidas, con un aspecto inmejorable, el agua es vida y a ella se acercan multitud de aves que buscan en ella refugio, alimento, tranquilidad o un lugar idóneo para criar.
El objetivo principal del día era poder volver a ver la agujeta escolopácea que había visto el pasado día 24, el tiempo del que disponía no era mucho así es que mi intención era dirigirme directamente hasta donde se encontraba pero, dada la gran cantidad de aves, no pude por menos que parar en un par de sitios.
La Salina Grande está impresionante y las aves rivalizan por el escaso terreno disponible para poder construir sus nidos. Poder fijarte en la enorme cantidad de gaviotas, pagazas o fumareles que hay es imposible, dada la distancia y la cantidad, además, se mueven constantemente, se tapan entre la hierba o vuelan y, cuando se vuelven a posar, a buscar otra vez. Así me pasó con dos de las observaciones del día: una gaviota cana de 2º año y una gaviota patiamarilla adulta que pude ver en el gran grupo que paré para observar. Después de localizarlas con el telescopio, sacar la cámara y buscarlas por el visor…¡todas a volar! Un aguilucho lagunero pasó por encima de ellas asustándolas y causando un enorme revuelo.
En ese grupo también pude ver y esta vez si pude hacerle alguna foto testimonial, una gaviota cabecinegra adulta que nadaba por la orilla y se subía a la pequeña isla en la que las gaviotas reidoras rivalizaban por un lugar en el que asentar su nido, incluso algunas ya estaban echadas en él.
Gaviota cabecinegra a la izquierda de la imagen.
Esta pequeña zona en la que localicé la gaviota cana de 2º año, la patiamarilla y la cabecinegra estaba realmente animada ya que conté hasta 18 zampullines cuellinegros que andaban en cuestiones amatorias e incluso hacían también sus nidos entre las gaviotas reidoras mientras un macho de cerceta carretona nadaba por la laguna.
Macho de cerceta carretona detrás de una pareja de pato cuchara.
Todo esto en una pequeñísima zona de la inmensidad de la Salina Grande donde, en las islas mayores, el grupo de gaviotas era muchísimo mayor.
Garcilla bueyera.
Continué hasta recoger a Cristian Osorio entre cernícalos primilla, pagazas piconegras, fumareles comunes, cigüeñuelas, avocetas o garcillas bueyeras para dirigirnos al lugar en el que se podía encontrar la agujeta escolopácea; al llegar, Alfonso Rodrigo (no dejéis de entrar en su gran blog: el Pernil) la tenía localizada, lo cual nos ahorró mucho tiempo, además, nada más llegar pudimos ver una canastera que volaba de la zona.
Agujeta escolopácea entre cigüeñuelas.
Allí continuaba la agujeta escolopácea, en el mismo lugar en el que la dejamos del día 24. Un lugar complicado de ver ya que está lejos y lleno de pequeñas zonas de hierba tras las cuales la pequeña agujeta se mueve como pez en el agua quedando tapada en muchas ocasiones. Es curioso verla nadar entre las cigüeñuelas con las que está asociada. Se mueve alimentándose durante un tiempo para pararse y quedarse descansando otro buen rato.
Cada vez me parece más increíble que una pequeña ave como esta sea capaz de venir desde su lugar de origen, si nos paramos a pensarlo bien, es realmente un esfuerzo titánico, seguramente haya llegado hasta aquí empujada por una fuerte borrasca pero, hay que recordar, que tiene que volver…y eso es mucha tela.
Después de que Cristian Osorio y Alfonso Rodrigo, dos de los mayores conocedores de las lagunas, marcharan me quedé algo más de tiempo observándola hasta que, pasada una media hora, se levantó y voló junto con las cigüeñuelas, todavía más lejos, quedando tapada por completo e imposible de ver.
Pareja de tarro blanco.
Aguilucho cenizo.
Pareja de pato cuchara.
Avoceta.
Cigüeñuela.
Gaviota reidora.
Permanecí en el lugar una hora más, sin éxito, mientras avocetas, aguiluchos cenizos, tarro blanco, correlimos comunes o chorlitejos grandes se movían de un lado para otro sin descanso o surgían disputas entre depredadores por intentar robar unos a otros la comida recién capturada.
Según marchaba un precioso macho de avutarda se esforzaba en conquistar a una hembra ofreciéndole su mejor exhibición haciéndole la famosa rueda. Villafáfila está increíble, hay que verla.

martes, 22 de marzo de 2016

Villafáfila está imponente.

Hacía bastante tiempo que no iba a las lagunas de Villafáfila, hace unos días decidí pasar allí las primeras horas de la mañana y la sensación fue maravillosa. El agua es vida y las lagunas están rebosantes de agua y, por lo tanto, de vida.
Desde luego, si se quieren ver todas las lagunas, hay que ir con mucho tiempo porque hay mucho que ver y más que habrá ya que la temporada de cría se antoja extraordinaria con las condiciones de agua que tienen las lagunas, la primavera se presume muy buena.
Salina Grande desde la carretera de Otero de Sariegos.
Como llevaba tantos meses sin venir disfruté cada momento que me puse al telescopio; me lo tomé con tranquilidad. Mi primera parada fue en la laguna de San Pedro donde los patos cuchara eran los más abundantes deambulando en parejas mientras una par de machos de tarro blanco se enzarzaban constantemente mientras una hembra los miraba sin inmutarse o un grupo de aguja colinegra descansaba y se alimentaba tranquilamente en una de las orillas.
Laguna de San Pedro en Villarrín de Campos.
Huele a primavera y las aves están en preparativos amatorios como pude observar en tres parejas de zampullín cuellinegro en la Salina Grande descubiertos por Alfonso Rodrigo el pasado mes de febrero; el zampullín cuellinegro es un ave preciosa pero la distancia en las lagunas de Villafáfila es enorme y es muy difícil conseguir hacer alguna fotografía, en la siguiente fotografía tomada en Villafáfila el 17 de marzo de 2012 lo podéis ver en todo su esplendor.
Fotografía tomada el 17 de marzo de 2012.
La mañana era muy agradable, no hacía viento y la temperatura era suave; lo cual te permitía disfrutar aún más, miraras donde miraras había algo que ver, ánade rabudo, focha común, ánade azulón, ánade friso, gaviota reidora, tarro blanco, cerceta común, combatiente, silbón europeo…aves, aves y más aves que dan un colorido espectacular a las lagunas.
Una de las observaciones que más disfruté fueron 16 preciosas e imponentes espátulas que descansaban tranquilamente en una de las lagunas y, entre ellas, una anillada que será la protagonista de otra entrada cuando tenga su historia.
Las espátulas descansaban, se aseaban y comían mientras agujas colinegras, patos cuchara, tarros blancos o avocetas se movían a su alrededor y un solitario ansar común las miraba desde la orilla hasta que, pasados unos minutos, se levantaron y marcharon en su vuelo lento y armonioso.
Cigüeñuelas, archibebes comunes, porrones moñudos y europeos o avefrías seguían sus quehaceres en las lagunas mientras las reinas de la estepa, las avutardas, estaban en plena exhibición. Los machos ya están haciendo la rueda y los grupos de hembras los observan como se pavonean delante de ellas y de otros machos que compiten por sus parabienes.
Salina Grande desde el camino que la rodea.
Mi estancia tocaba a su fin mientras las parejas de perdices intentaban no separarse o las liebres corrían velozmente para encamarse nuevamente y desaparecer en la llanura. Villafáfila  está rebosante de agua y de vida, es una gozada para los sentidos, es una gozada que tenemos aquí mismo, a nuestro lado, una gozada que anuncia una primavera que promete ser espectacular.

lunes, 25 de junio de 2012

Última visita a Villafáfila por esta temporada.

Hace unos días fui al Centro de Interpretación de las Lagunas de Villafáfila con el objetivo de ver y hacerles unas fotografías a las polladas de tarros blancos que han criado allí. Pero, como siempre, Villafáfila tiene sus sorpresas...
La primera sorpresa surgió en el camino, en la Laguna Grima de Pajares de la Lampreana me encontré con una garza real, una garceta grande, un grupo de azulones y, sobre todo, con una espátula.
Lo que primero destaca al fijarse en esta ave es su pico. Pico largo y aplanado en su extremo que utiliza para comer ya que al introducir la cabeza en el agua e ir moviéndola de lado a lado, este pico es como un detector de cualquier presa que toque.
Continué camino hasta el Centro de Interpretación pero como llegué demasiado pronto me acerqué hasta la zona del puente romano donde pude observar un buen número de cernícalos comunes y primilla que volaban bajo o "cernían" . De ahí le viene su nombre de cernir, es decir, la habilidad que tienen para permanecer quietos, volando, sobre la vertical en un punto inmóvil. Así es como estaban cazando. Se quedaban "quietos" y caían sobre un insecto que estuviese en el suelo.
Cernícalo primilla macho.
Una abubilla comía tranquilamente en la misma zona de los cernícalos. Por cierto, este año, estoy viendo muchas en lugares insospechados como por mitad de la Avenida Carlos Pinilla en Toro volando por encima de los coches o en plena plaza de la catedral en Zamora.
Cernícalo acosando a un milano negro.
La abubilla solamente se preocupaba cuando un milano negro volaba por la zona. Curiosamente no empleó uno de los actos típicos de las abubillas cuando están amenazadas, desplegar su cresta, sino que lo que quería hacer era pasar desapercibida por completo y, simplemente, giraba la cabeza y miraba al milano negro que, en cuanto asomaba por allí, los cernícalos se tiraban a por él, acosándolo y picándolo hasta que conseguían expulsarlo de la zona. Esa era su zona de caza.
Según me iba una "águila" demasiado blanca llamó mi atención. Venía volando muy baja, la enfoqué con el telescopio y...era una culebrera casi blanca que, seguramente, haya mudado recientemente.
De camino al centro un mochuelo me observaba curioso y expectante a la vez.
Llegué al Centro de Interpretación en busca de los tarros blancos y me dirigí a la laguna de abajo, donde sabía que estaban. Nada más llegar una preciosa pollada de 9 pequeños tarros surgió entre los carrizos.
Nunca los había visto tan pequeños. Se movían todos a la vez, como una pequeña máquina de nueve engranajes, pareciera que remaran sobre el agua. Rápidamente se ocultaron en los carrizos. Allí se encontraban seguros.
Pude ver 5 polladas de tarros blancos de diferentes edades que, cuando sean un poco mayores, se reunirán en un sólo grupo, una guardería. Los juntarán a todos y serán vigilados por alguna hembra o por algún adulto que no haya conseguido criar este año.
El tarro blanco es una ave esbelta y elegante que, podemos decir, está a medio camino entre un ganso y un pato pero que a mí siempre me ha parecido muy hermosa. Estas aves crían en huecos o agujeros del terreno. Aquí, en Villafáfila, suelen hacerlo en viejas bodegas o en huras de los conejos abandonadas. Estos del centro lo habrán hecho en cualquier agujero del entorno de la laguna.
Algo curioso de los tarros blancos es que los adultos, cuando sus crías son un poco mayores, las abandonan y se van a lugares específicos como la desembocadura del Elbe (norte de Alemania) donde se reúnen miles, en bancos de arena, para mudar sus plumas. Durante ese tiempo de muda no podrán volar, lo cual supone un enorme riesgo de cara a los depredadores y por eso se reúnen miles; es una manera de defenderse o de sobrevivir.
Aparte de los tarros pude ver varias polladas de azulones y una de avoceta cuyos pequeños son muy curiosos ya que poco a poco empiezan a tener sn su pico la típica forma curvada que después les caracterizará de adultos.
Pollo de avoceta.
Avocetas adultas, azulones, cigüeñuelas, varias garzas bueyeras, una garza común y un garceta grande deambulaban tranquilamente por sus orillas buscando comida o refugio. También había sus más y sus menos por el terreno como esta cigüeñuela que no paró de picotear a la pobre avoceta hasta echarla de lo que ella consideraba "su territorio".
Un chorlitejo grande deambulaba entre el lodo y un correlimos menudo, identificado por Alfonso Rodrigo, ya que mis dudas tuvieron que ser aclaradas por un experto como él (birdingzamora.blogspot.com.es), se movía rápidamente de un islote a otro en busca de alimento.
Correlimos menudo.
En la laguna de arriba una nutrida colonia de gaviotas reidoras incubaba en los nidos de las isletas mientras sus compañeras volaban sin cesar emitiendo su típica "risita" que las delata.

Entre un nutrido grupo de gansos pude descubrir varios pollos grandes que nadaban tranquilamente entre los adultos. Seguramente fueran alguno de los que pude fotografiar hace unas semanas (pinchar aquí) que han conseguido sobrevivir al constante acoso y ataque de milanos, águilas calzadas e incluso gaviotas que también pueden intentar capturar pollos tanto de tarro como de azulón o ganso. La verdad es que me alegró verlos.
Aquí terminó mi última visita por esta temporada a las Lagunas de Villafáfila ya que en los próximos días me iré a Puebla de Sanabria, al campamento organizado por el C.E.I.P. Sancho II donde estaré buena parte del verano.
Según me marchaba me fijé en dos fochas anilladas (104 y 132) que nadaban tranquilamente en la laguna. Fochas anilladas que tienen su historia como el anillamiento pero eso, será, otra entrada...