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lunes, 10 de noviembre de 2025

El ciervo de Zamora (antes del parking).

Eran las tres menos diez de la tarde cuando iba por la zona del Sillón de la Reina (Zamora ciudad), de repente, miro a mi derecha y no podía creer lo que estaban viendo mis ojos: ¡¡un ciervo en el jardín!!
Ahí estaba caminando despacio, cansado, azuzando sin parar y la boca llena de espuma, su estrés era evidente; giró en el muro y se refugió contra la muralla, en el rincón, entre el muro de piedra de la casa y la vieja muralla. Ahí se sentía mínimamente seguro.
Llamo al 112, a la policía municipal y a medioambiente de la Junta de Castilla y León donde me dijeron que no podían hacer nada ya que dependía de la policía municipal. 
Ahí seguía. Pegado a la muralla donde se sentía relativamente protegido. Levantaba la cabeza expectante, todo era causa de estrés, nerviosismo y miedo. En su lado derecho se le veía una herida. Algunas personas lo vieron y estaban tan asombrados como el pobre animal en cuyos ojos se podía ver la desesperación, el desconcierto y el miedo en un entorno hostil y desconocido.
¡A donde van! Dos personas se quisieron acercar lo máximo posible para hacerle una foto con el móvil y, lógicamente, el ciervo no se iba a quedar ahí esperando; salió corriendo jardín hacia arriba, paralelo a la muralla, giró y se metió en el parking de San Martín. 
Llamé de nuevo para comunicar que se había metido en el parking. Al poco llegó un coche y una furgoneta de la policía municipal que se pusieron en la entrada para impedir que saliera de nuevo. A partir de ahí se revolucionó la ciudad y rápidamente comenzó el peregrinaje por redes sociales a una velocidad de vértigo, además de radio, televisión, internet…y muchos curiosos en la entrada del parking; más de cuatro horas después sacaban al ciervo los bomberos en un remolque después de sedarlo y curarlo los veterinarios para soltarlo en la naturaleza.
El ciervo había entrado desde el bosque de Valorio, recorriendo la calle hasta los jardines de la muralla donde me lo encontré.
En muchas ocasiones los animales se despistan, se pierden, hacen un alto en su viaje porque están heridos o se asustan y, van a sitios, a los que normalmente, no irían. Y no es porque haya superpoblación como se está diciendo desde determinadas asociaciones y agrupaciones, aprovechando que ha entrado en la ciudad este ciervo ya se pide la eliminación de ciervos, conejos y todo lo que que sea porque nos van a invadir.
Aparte de la historia de este ciervo hay otras curiosas historias parecidas a esta que me han pasado en Zamora ciudad hace algunos años como estas dos que viví en las calles de Zamora.
Eran las 12 de la noche. Paseaba con mi perra Nala en la ronda nocturna cuando, al cruzar la carretera y mirar para un lado, a lo lejos, vi un gran perro (o eso parecía a esa distancia) que venía por la carretera. Cuando llegábamos justo por la mitad, un ruido raro llamó mi atención. Miré y…¡un enorme jabalí venía a toda velocidad hacia nosotros! Nala lo miraba como diciendo ¿qué es esto? No me lo podía creer, un jabalí a unos 10 metros y directo hacia nosotros. La verdad es que el animal tenía más miedo que otra cosa y huía despavorido por la carretera. Nos vio y giró por la calle abajo, corrimos detrás de él hasta que lo perdimos. El pobre animal no sabía dónde meterse. Seguramente se despistó, entró en la ciudad y eso fue su final.
Subí a casa alucinado y llamé a la policía municipal esperando que me creyeran, mi sorpresa fue cuando el policía descolgó el teléfono y sin yo decir palabra me dijo: “Si. Un jabalí. ¿Dónde está?” Minutos más tarde se escucharon unos disparos en la calle. Lo habían abatido. Así acaban muchos de los animales salvajes que, por despiste o porque vengan huyendo, entran en la ciudad.
La siguiente historia también es sorprendente y triste. Me encontraba en el bosque de Valorio cuando, un amigo me llama y me dice: “Estoy corriendo por Valorio y acabo de ver un ciervo”. Un ciervo ¿En la ciudad? Me dirigí rápidamente hasta donde lo había visto pasar y, mi asombro y tristeza, a partes iguales, recorrieron mi cuerpo.
El pobre bareto había saltado un muro que por el otro lado tenía un desnivel de unos 8 metros, cayendo entre dos coches. Allí estaba. Tirado. Atolondrado. No tenía heridas visibles pero su aspecto no era muy bueno. Es muy triste ver a un animal de este porte allí, tirado. El pobre ciervo entró por Valorio (al día siguiente, los medios de comunicación, dijeron que vendría asustado de una batida, se despistó y entró) lo atravesó y, de repente, se encontró en la ciudad.
En seguida se arremolinaron los curiosos con las preguntas de rigor: “¿Qué es? ¿Qué ha pasado? ¿Ha caído desde ahí arriba?”. El ciervo no se movía ¿Tendría algo roto? Pasado un tiempo llegaron los veterinarios de la Junta, le lanzaron un dardo para dormirlo, lo cargaron en un camión y se lo llevaron al Centro de Recuperación de la Fauna Salvaje de Villaralbo. Allí seguramente moriría ya que según informaron tenía un fuerte golpe en la cabeza.
Estas historias demuestran que los animales pueden despistarse y aparecer en la ciudad que, para ellos, es una verdadera ratonera de la que es muy difícil que puedan escapar.

martes, 1 de junio de 2021

Anochece en la sierra.

Anochece en la Sierra. El sol va cayendo en el horizonte mientras una pequeña rapaz de endiablada velocidad, gran agilidad y quiebros imposibles surca el aire en busca de insectos; insectos a los que caza en pleno vuelo, en un alarde de agilidad y destreza ante, oponentes tan experimentados en el vuelo, como las libélulas, es el alcotán.
Este pequeño halcón de largas y puntiagudas alas, listas negras en el vientre y zona inferior rojiza es un verdadero maestro en la captura de insectos al vuelo. Insectos que captura y come en el aire. Insectos que en muy pocas ocasiones escapan a su maestría.
Esta ave discreta ha llegado hace unas semanas procedente de África para criar en nuestro territorio o continuar viaje hasta el centro de Europa. En España está catalogado como Casi Amenazado.
Zarcero políglota.
Vuela. Planea. Aletea. Se posa en lo alto de un roble. Descansa. Observa. No pierde detalle mientras un zarcero canta al viento y una collalba gris se exhibe ante su pareja. La sierra se va oscureciendo. El sol cae lentamente y las sombras se van adueñando de brezos, carqueisas y robles. Es el momento de las ciervas. Es el momento de salir de sus encames diurnos, encames que les han proporcionado seguridad; es el momento de alimentarse.
Van saliendo poco a poco. Avanzan lentamente por la pradera. Se agachan y comen mientras otra de las ciervas levanta la cabeza y estira las orejas atenta a cualquier sonido, a cualquier movimiento, su enemigo está en la zona, no pueden descuidarse, el lobo no perdona los errores.
Las ciervas se mueven en grupos familiares con una hembra líder, que suele ser la mayor y, por lo tanto, la más experta, la que conoce el terreno como la palma de su mano, la que decide por donde hay que moverse, la que decide por donde hay que huir en caso de un ataque, incluso la que decide donde hay que comer. Junto a ella irán sus crías de los últimos dos o tres años. Incluidos los machos jóvenes de menos de dos años. Avanzan lentamente, comiendo, vigilando, observando. Toda precaución es poca.
El alcotán levanta el vuelo. La luz es cada vez más tenue, las sombras se van apoderando de la sierra. Sigue cazando. Sigue demostrando su agilidad. Planea por encima de una pareja de liebres ibéricas que comen al anochecer.
La liebre ibérica es junto a la liebre de piornal y la liebre europea las tres especies de liebres que habitan la península ibérica, siendo las dos primeras endemismos ibéricos. Están nerviosas, intranquilas, son desconfiadas, a cualquier movimiento o ruido se yerguen, levantan las orejas, se ponen de manos.
Un suave movimiento entre el brezo las hace estar en alerta máxima, el siguiente movimiento actúa como un resorte que les hace correr a la seguridad del brezal mas cercano. El brezo se abre como una cortina, tras él tres negros jabalís asoman al claro, uno detrás de otro van cruzando. El primero se para. Nos mira. La noche se ha apoderado de la sierra. Hay que estar alerta. Cruzan el camino y desaparecen en el brezo.
Las ciervas siguen tranquilas, comiendo. Un joven macho de incipientes cuernas las sigue, seguramente el próximo año ya no estará en el grupo, irá junto otros jóvenes machos formando un pequeño grupo de "solteros".
Comienza la noche. La sierra despierta a una nueva vida nocturna llena de peligros. Nos vamos y mi hija se va muy contenta y sus padres mas todavía. Ha saboreado la maravilla que es disfrutar de la naturaleza.

lunes, 9 de octubre de 2017

El pelo del jabalí.

Cuando alguien me pregunta: “¿Cuál es el animal que menos te gusta encontrar de cerca en el campo?”. No lo dudo y contesto: el jabalí. Es un animal fuerte, robusto con aspecto de pequeño tanque con el que he tenido encuentros muy curiosos, sorprendentes e incluso algún que otro susto.
Es curioso que después de seis años de historia de este blog nunca haya dedicado una entrada al jabalí, creo que va siendo hora.
El jabalí es compacto; de cuello grueso, patas cortas y aspecto redondo. Es matriarcal, moviéndose en pequeños grupos familiares que se desplazan por un territorio, fundamentalmente de noche. Se adapta a cualquier tipo de terreno y clima, alimentándose de todo lo que puede encontrar. Come absolutamente de todo, no hace desprecio a nada y cría con bastante éxito; con lo cual es un animal que prospera sin dificultad.
Me gustaría hablar de ciertas curiosidades de este animal que, quizás, sean poco conocidas o que cuanto menos resulten interesantes. Una de ellas es relativa a las diferentes utilidades que se le han dado a su pelo, también llamado cerda.
Este pelo resulta imponente verlo cuando el animal se siente amenazado o asustado y se eriza desde el hocico hasta la cola pasando por toda la espalada. Momento en el que, si estás relativamente cerca, debes de iniciar una retirada silenciosa y prudente; como me dejó patente esta hembra (de las siguientes fotografías) que iba con sus rayones cuando nos encontramos por pura casualidad.
El pelo de jabalí es grueso y fuerte siendo utilizado, durante cientos de años, en la fabricación de ciertos utensilios muy comunes que quizás sorprenda a más de uno.
Mi abuelo era un hombre del renacimiento. Era ebanista pero era curioso, activo, dinámico, trabajador que tocada diferentes instrumentos, pintaba al óleo o fabricaba anillos, pulseras o colgantes y siempre te contaba algo que te tenía los ojos abiertos como platos. Algo como cuando me comentó, siendo yo bastante pequeño, mientras se afeitaba en camiseta de tirante blanca, que las mejores brochas de afeitar y pinceles eran de cerdas de jabalí. Me quedó grabado y no se me olvidó en la vida. Siempre que veía su brocha de afeitar o la de mi padre recordaba de qué estaban hechas.
Las brochas de afeitar surgieron a mediados del siglo XVIII en Francia y en el s.XIX se convirtieron en un rango de estatus social ya que los hombres podían afeitarse en casa y según tuvieran un status más alto, más cara debía de ser su brocha de afeitar; así las más caras eran de pelo de tejón y, las más baratas, eran de pelo de jabalí.
Estas brochas de pelo de jabalí eran adquiridas por la mayoría de la población que las estuvo utilizando hasta la aparición de materiales sintéticos (más baratos) en los años 30 del s.XX; actualmente está prohibida la caza del tejón y, para la fabricación de esas brochas más caras, se importa el pelo de tejón, fundamentalmente de China, donde se pueden matar sin límite.
De China se trajo, en el s.XVIII el cepillo de dietnes. Cepillo que también estaba fabricado con cerdas de jabalí. Cepillo utilizado hasta que en el s. XVIII se fueron sustituyendo por crines de caballo y, al igual que la brocha de afeitar, con la llegada de materiales sintéticos se cambiaron por estos nuevos materiales.
El pelo de jabalí se utilizó no sólo para cepillos de dientes, brochas de afeitar y pinceles sino que también para cepillos del pelo. Cepillos que, durante muchos años, se consideraron los de mejor calidad.
Precisamente por el pelo se diferencia las dos subespecies de jabalí que tenemos en la península ibérica. En la parte central y norte de la península se encuentra el Sus scrofa castilianus, o sea, el que tenemos en la provincia de Zamora (todas las fotos anteriores son de esta subespecie) y, en la parte sur, se encuentra el Sus scrofa baeticus. Su diferencia fundamental es que el primero tiene un pelaje formado por borra y cerdas mientras que el segundo solamente tiene cerdas. Las siguientes fotografías son todas de la subespecie baeticus.
Por línea general la subespecie castilianus es más grande y más clara que la baeticus que suele ser de menor tamaño y pelaje más oscuro, desde el gris hasta el negro.
Precisamente de esta subespecie baeticus con cerdo doméstico es el híbrido de la fotografía anterior que pude fotografiar en el Parque Nacional de Doñana que también está erizado, con todas las cerdas de la espalda de punta; señal inequívoca que debes de marcharte sin demora.

sábado, 12 de noviembre de 2016

¿Por qué marcan los animales?

El zorro caminaba delante de mi. No me había visto. El camino estaba casi inundado de altas hierbas que me iban tapando; me ocultaban de su vista, aunque estoy convencido que me percibía, sus sentidos estaban alerta y no le hacía falta verme para detectarme pero no me tenía miedo.
Caminaba lentamente por uno de los laterales con la trufa pegada al suelo, iba recibiendo información constante de por dónde iba, quién había pasado por allí, que posibles peligros había o que posibles presas. Oler es igual a información, ver es igual a información y que me mejor manera de poner tu propia marca que dejar un excremento.
El zorro se paró. Se giró. Marcó en mitad del camino y me miró. Sabía donde estaba. Dejó su información visual y olorosa, cruzó el camino y desapareció entre las altas hierbas del lado contrario por el que se desplazaba. Se perdió en el campo pero había dejado su marca, su olor, su tarjeta de visita, su: “he estado aquí y esto es mío”.
Este hecho tan común en muchos de los animales de nuestros campos le fascina a los niños cuando les hablas de porqué lo hace, de porqué los animales marcan en ciertos lugares. El marcaje es una forma de comunicación; es una manera de mandar información que otros animales recibirán e interpretarán.
El marcaje  de un animal es completamente diferente al de otro. El olor de la orina de un zorro es diferente al de otro zorro y, el de un macho, es diferente al de una hembra por lo tanto, ese marcaje tendrá diferentes finalidades. Servirá por ejemplo para delimitar un territorio pero también para buscar una posible pareja, para saber que esa pareja está en celo o para indicar a miembros de tu mismo grupo familiar que estás ahí.
La orina es un marcaje oloroso y el excremento es un marcaje tanto visual como oloroso. El marcaje mediante un excremento tiene como finalidad principal la demarcación de un territorio.
Un territorio se delimita, principalmente, por la cantidad de comida disponible en él. Así, si un grupo de lobos tienen un territorio, harán saber al resto de lobos que no son de su grupo familiar que, ese lugar, les pertenece. Por lo tanto, la demarcación de un territorio dependerá de la cantidad y utilización de sus recursos alimenticios.
Lobo salvaje marcando en plena naturaleza.
El hecho de que un animal esté en su territorio le proporciona una sensación de confianza y de estabilidad. Sabe lo que hay dentro de él, lo conoce, se sentirá hasta más fuerte dentro de sus límites. Y el hecho de entrar en otro territorio te avisa de los posibles peligros que puedes correr a nivel de enfrentamientos con los dueños de ese lugar. En muchas ocasiones sirve para evitar peleas o enfrentamientos directos. Si un animal entra en otro territorio sabe a lo que se puede enfrentar y tratará de evitarlo a menos que sea un gran grupo y pretenda conquistarlo por la fuerza.
Secuencia de imágenes tomadas en el Centro del Lobo Ibérico
en Robledo (Zamora) en las que se ve a un macho marcando.
Después de orinar rasca con las patas traseras
y delanteras en el mismo lugar.
Rascadura de lobo salvaje en La Sierra de la Culebra.
No solamente hay marcajes con excrementos o con orina también podemos encontrarnos con marcas de uñas en árboles o en el suelo, de cuernas o colmillos en arbustos o pequeños árboles o marcas olorosas como las que pueden dejar los ciervos cuando están en plena berrea y deben limpiar y pulir sus cornamentas restregándose en pequeños pinos en los que también dejarán su olor ya que de las glándulas del lagrimal le salen unas secreciones que marcarán ese pino dejándolo con una marca visual: tronchado o doblado por las cuernas y olorosa: el olor dejado por las glándulas.
Ciervo restregándose y marcando en un pequeño pino.
Cuando un jabalí o un ciervo se revuelcan en barro o se rascan en un árbol también están dejando su olor, su impronta de: "he estado aquí".
El marcaje es fundamental en muchos animales. Es pura comunicación. Es puro trasvase de información.

domingo, 12 de agosto de 2012

Faltó el lobo.

Estoy terminando mi estancia en Puebla de Sanabria y ahora que tengo un poco más de tiempo salgo al campo para intentar ver, sobre todo, al lobo, algo que este año está resultando bastante complicado aunque, de vez en cuando, alguno se ve pero menos de lo que uno quisiera.
Hay veces que sales al campo y no ves absolutamente nada o muy poco, aún estando en un buen lugar; no hay suerte y no se ve nada pero otros días pasa lo contrario, es decir, no paras de ver animales estando en los mismos lugares y a las mismas horas. El campo es así y así hay que admitirlo, sabiendo y asumiendo que muchas veces no ves casi nada. La verdad es que no me puedo quejar ya que fue una mañana muy aprovechada y con un buen número de sorpresas.
Todavía no habían salido los primeros rayos de sol cuando iba por la carretera y casi en mitad de la misma apareció un animal atropellado. Su postura no me permitía ver bien lo que era y me asaltó la duda que pudiera ser un cachorro de lobo, algo que por desgracia sucedió no hace muchos días muy cerca de donde me encontraba. Así es que paré y bajé a ver que pobre animal había sido atropellado. Era un zorro. Había sido atropellado no hacía mucho porque todavía estaba caliente. Siempre que me encuentro con un animal atropellado me da mucha pena pero además a este zorro lo había visto muchas veces en esta zona ya que venía aquí en busca de topillos y gazapos de conejos que abundan a ambos lados de la carretera. La verdad es que los zorros son uno de los animales que más veces encuentro atropellados.
Cierva al amanecer.
Continué y las primeras ciervas con sus crías de este año y el pasado aparecieron comiendo tranquilamente en los claros del bosque. En la entrada anterior hablé de su importancia, algo de lo que cada vez estoy más convencido. Las ciervas rápidamente levantaron las orejas y sopesaron el peligro que podía suponerles y cuando consideraron que la distancia comenzaba a ser comprometida, dieron la vuelta y se fueron tranquilamente, sin correr, simplemente se fueron más lejos y siguieron comiendo tranquilamente.
El amanecer en la sierra tiene una halo de misterio que recorre las venas y, si además, en ese momento, aparecen dos grandes ciervos y te miran, la sensación es mágica.
Preparando armas.
Poderosos. De mirada dulce pero cautelosa dirían unos. Desafiante o temerosa dirían otros. Levantaron la cabeza entre las escobas y me miraron curiosos y expectantes. Sus poderosas cuernas estaban en el momento en el que la borra está a medio desprender. Son como dos poderosos guerreros que preparan sus armas para el combate. Su combate está próximo. La berrea se acerca y deben de estar preparados para intentar derrotar a sus oponentes para conseguir el favor de las hembras.
Las luchaderas todavía recubiertas por la borra y el resto de la cuerna a girones de restregarse en escobas y árboles para desprenderse de una capa que ya les sobra y, además, en este momento, les pica, por lo que se arrascan y restriegan para desprenderla y así dejar la cuerna limpia y afilada. Preparada para la batalla.
Hace años hicimos un campamento cuyo tema eran los vikingos y en él salió la expresión, conocida por todos, “ponerle los cuernos”. Su origen proviene de la época vikinga, siglo X, en el que cuando una mujer llevaba esperando tres años a su marido que se había embarcado en una expedición y no volvía. Tenía el derecho de volver a casarse, para lo cual, todo el mundo debía de saber que buscaba pretendiente de nuevo. Lo hacía de una manera muy sencilla y visible. Ponía una cornamenta de ciervo encima de la puerta de su cabaña y así indicaba que podían cortejarla. Luego ella decidiría su nuevo marido entre los pretendientes. Si por algún motivo volvía el marido cuando ella se había comprometido con otro, el que había vuelto tarde, perdía todos sus derechos y el nuevo seguía con ella. De ahí viene la expresión “le pusieron los cuernos”.
Un nuevo habitante del bosque se cruzó en mi camino. Un zorro que caminaba sigiloso se paró, me miró, dio media vuelta y siguió su camino.
Zorro muy al amanecer, casi de noche, en la sierra.
El zorro es un animal listo, inteligente y un oportunista que aprovechará todo lo que se encuentre en su camino lo que le permite adaptarse a cualquier situación o clima, siendo el carnívoro terrestre más distribuido por el mundo. Además tiene elementos tanto de los felinos como de los cánidos. Por ejemplo tiene las pupilas verticales, como los gatos.
Después de ver un buen número de ciervos y ciervas, la verdad bastantes más que cualquier otro día, era el momento de los corzos. El ver tanto ciervo indica que se están moviendo más ya que su periodo de celo se acerca y las hembras con crías de este año se están empezando a mover y juntarse en pequeños grupos de cara a la inminente berrea que, por cierto, en zonas mucho más al sur, como puede ser Doñana, ya ha comenzado. El clima determina el comportamiento de muchos animales.
Corza atenta entre los arbustos.
El corzo es un animal que siempre me ha atraído. Quizás por ser tan frágiles y pequeños. O por ser como un pequeño duende del bosque que aparece y desaparece entre las escobas, brezos y robles pero de vez en cuando, con paciencia se deja ver y pude observar por primera vez en mi vida una monta de corzos.
Llegué a una zona muy conocida de la Sierra de la Culebra par la observación de lobos y allí coincidí con un grupo de ingleses que llevaba una semana, durante el día, recorriendo la provincia de Zamora  y al amanecer de observación. Como siempre iban con sus libretas apuntando todo lo que íbamos viendo. Cuando se fueron nos quedamos dos salmantinos y una pareja que venía de Andujar en busca del lobo. Los cuatro buenos conocedores y apasionados del campo que habían tenido la suerte de ver un lobo la noche anterior pero, por la mañana, nada de nada, pero siempre hay otras cosas que te pueden llenar y así fue al poder contemplar la monta de los corzos.
Macho de corzo saltando entre los arbustos.
Los telescopios apuntaban a un claro en el que una pareja de corzos correteaba entre las hierbas altas. El celo está terminando y quizás estaban en uno de sus últimos escarceos amorosos así es que estuvimos atentos.
El macho se aproximó, olió a la corza y la montó. Para rematar la escena un águila culebrera apareció en nuestro campo de visión y se posó en un pino cercano a la pareja de corzos. Ni un guionista de documentales hubiera pensado una escena tan curiosa. El corzo se bajó y tras unos minutos de descanso volvió a la misma operación. Se acercó. La olió y la volvió a montar. Toda la escena con la culebrera en el pino, como no queriéndose perder nada de lo que allí ocurría. Nunca había visto una monta de corzos. Cuando terminaron se fueron a una sombra y durante unos minutos se tumbaron para después continuar camino hacia los brezos cercanos.
Entre los brezos y escobas, en una pequeña peña, nos sorprendió la silueta inconfundible de un buitre negro. Allí estaba. Quieto. Solitario. Esperando que las térmicas le permitieran volar en condiciones. Solamente había uno y en una pequeña roca, muy baja. Seguramente hubiera pasado allí la noche. Allí estaba el ave más grande que nos podemos encontrar en la península Ibérica. Sus más de dos metros y medio así lo indican.
La mañana llegaba a su fin y nuevos corzos, ciervos y jabalís se dejaron ver en la sierra además de un grupo de abejarucos que revoloteaban cazando cerca de unos cables, donde un macho se acercó a su amada y le ofreció, en señal de amor, una abeja que la hembra cogió rápidamente y se la comió.
Obsequio amoroso.
Quizás intenten criar en una segunda puesta, algo no muy común, ya que solamente realizan una al año pero si sufren una depredación o la perdida de la misma pueden intentar hacer una segunda puesta.
Había unos veinte que volaban chillando entre piruetas, picados y acrobacias en busca de comida y, de vez en cuando, se posaban en los cables para descansar.
Continué mi camino viendo algún corzo y ciervo más que se retiraban a descansar y una pareja de abubillas buscaba comida en un claro, picoteando en busca de pequeños insectos o gusanos. La mañana terminaba y una hembra de cernícalo no perdía detalle de lo que pudiera aparecer.

El sol calentaba poco a poco y la mañana de observación, terminaba. Mañana sería otro día y otra oportunidad de descubrir y admirar nuevas situaciones y animales en este mundo tan apasionante y maravilloso que es la naturaleza.