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domingo, 3 de abril de 2016

Anillas en Villafáfila.

En mis últimas dos visitas a las Lagunas de Villafáfila he podido leer dos aves anilladas, algo que me parece realmente complicado ya que en las lagunas las distancias son enormes y para conseguir leer alguna anilla debes de tener bastante suerte y que esa ave esté situada un poco más cerca de lo habitual.
Como he comentado en algunas ocasiones, me encantan las aves anilladas, me parece muy interesante poder seguir sus evoluciones, poder saber por donde se ha movido, cuando fue anillada o que ruta ha seguido. Estas aves siempre tienen algo que contar, una historia única y fascinante.
En Villafáfila lo que más se suele ver anillado son los ánsares, leer su código es más fácil ya que el collar que portan es bastante más grande y, además, se dejan acercar más; después las grullas y, por supuesto, las fochas las cuales se suelen ver en la laguna de la Casa del Parque aunque he podido leer algunas fochas fuera de ellas. También he leído combatiente y pagaza piconegra.
La primera de las aves anilladas que he conseguido leer estos días es una espátula que vi el 20-3-2016 en la laguna de La Rosa. Este ejemplar se encontraba en un grupo de 16 que estaban descansando en la pequeña laguna.
Esta espátula fue anillada como pollo en Bélgica el 18-5-2012 en Beveren-Verrebroekse-Blikken, su código es AlBf/LYR y es la primera vez que se ve fuera del entorno Bélgica-Holanda.
Ha sido vista dos veces en Holanda, nueve en Bélgica y este avistamiento en Villafáfila (Zamora-España) a 1289 km de distancia de su lugar de anillamiento.
La segunda de las aves es una aguja colinegra que pude ver en la Laguna de La Fuente y que me costó un mundo poder leer entero su código de colores ya que el día era tremendamente ventoso, el telescopio temblaba sin parar, la aguja se movía constantemente y cuando se quedaba quieta lo hacía en el agua tapandose parte de las anillas,
El ave anillada es la del centro pero en esta imagen no se ven
las anillas al estar tapadas por el agua.
Dos horas estuve intentando ver completo el código de colores. Dos horas en las que el grupo de 23 agujas colinegras hicieron la misma rutina varias veces. Primero descansaban en la orilla de una de las lagunas, pasados unos quince o veinte minutos se levantaban volando hasta las praderas cercanas donde comenzaban un frenesí continuo de movimiento para comer sin parar un solo instante. Ahí estaban durante otros diez o quince minutos. Se levantaban. Hacían unos vuelos circulares y volvían a una de las lagunas a descansar nuevamente para comenzar el ciclo otra vez.
Esta aguja colinegra fue anillada en Holanda el 10-6-2015 en Wommels-Zuidhoeksterpolder-Slachtedyk, su código es 2PPCG y fue anillada con 21 días.
Desde su anillamiento solamente se ha visto el 24-2-2016 en Samora Correira (Portugal) y un mes después, el 29-3-2016 en las Lagunas de Villafáfila (Zamora-España).
Siempre que veo un ave anillada me produce una enorme satisfacción y, en este caso, una satisfacción añadida por ser en las lagunas y la dificultad de su lectura.
Como comenté anteriormente hace un tiempo pude leer la anilla de una pagaza piconegra. Estaba anillada en Sierra Brava (Zorita-Cáceres) el 11-7-2007 y la pude ver el 4-7-2014 en Villafáfila, siendo esta la única observación de esta ave desde que fue anillada.
También un combatiente me contó su historia; estaba anillado en Holanda y esta si que la conté en una entrada anterior, pichar aquí para recordarla.
Una anilla es como si fuera el DNI del ave que la lleva. Esa anilla llevará un número y un remite nacional que servirá para saber todos los datos de esa ave. Pero no solamente es importante anillar al ave sino que es tan importante o más, intentar seguir sus evoluciones para lo cual es básica la comunicación de todos aquellos observadores que la ven y leen la anilla. 

miércoles, 24 de abril de 2013

El holandés errante.

Siempre que ves un ave anillada es un momento especial, por lo menos para mi. El pasado 16 de febrero pude observar un combatiente anillado en las Lagunas de Villafáfila. Inmediatamente se lo comuniqué a José Miguel San Román biólogo del parque y anillador del grupo GIA-León que mandó fotografías a diferentes anilladores europeos de combatientes para ver si alguno de ellos lo había anillado.
Finalmente el 1 de abril se recibió la contestación y un pequeño informe de la procedencia de este combatiente.
Fue anillado por el Grupo de Ecología Animal del Centro de Estudios Ecológicos y Evolutiva (CEES) de la Universidad de Groningen el 10 de abril de 2009 a la edad de 2 años, con lo cual, actualmente, tiene 6. Es un macho y fue anillado por Japp Strikwerda en Holanda.
Su primera observación se produjo, también en Holanda, diez días después de ser anillado. Desde ese momento se le perdió el rastro hasta que apareció el 30 de abril de 2012, tres años después, en Bielorrusia a unos 1.700 km de distancia de donde fue anillado y visto por primera vez.
Este pequeño holandés errante no volvió a aparecer hasta el pasado día 16 de febrero de 2013, casi un año más tarde, cuando pude observarlo en la zona de La Rasa, en las Lagunas de Villafáfila, a unos 2.700 km de donde fue observado la vez anterior.
Solamente se le ha podido ver en esas tres ocasiones pero ¿por donde se habrá movido el resto del tiempo? Quizás haya venido más veces hasta España y no lo hayamos podido observar.
La verdad es qué la migración y desplazamientos de las aves es un tema fascinante qué ha alentado y alienta a científicos a hacer estudios qué les permitan saber más acerca de como se mueven, por donde, cuando, cuanto tardan,...un buen número de preguntas que algunas se pueden ir resolviendo poco a poco con estos estudios.
Desplazamientos de este pequeño holandés errante.
Una anilla es como si fuera el DNI del ave que la lleva. Esa anilla llevará un número y un remite nacional que servirá para saber todos los datos de esa ave. Pero no solamente es importante anillar al ave sino qué es tan importante o más, intentar seguir sus evoluciones, es decir, saber a dónde va, qué distancia recorre, cuáles son sus rutas y eso se hace mediante la comunicación de todos aquellos que la ven en un lugar, leen la anilla, el collar o los códigos de colores y lo comunican. Con la documentación de esos avistamientos se pueden saber sus rutas migratorias, su longevidad o sus desplazamientos.
En definitiva el anillamiento de aves es y será un método de gran importancia para conocer más acerca de ellas. Método al que podemos colaborar remitiendo la información de las aves anilladas que nos encontremos en nuestros paseos por el campo.
(Quiero agradecer enormemente a José Miguel San Román (GIA-León), anillador de Villafáfila y amante de la naturaleza, su inestimable colaboración).