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miércoles, 6 de octubre de 2021

Berrea el rey del bosque.

La luz del día se va apagando y el gran ciervo comienza a desperezarse. Levanta la cabeza mostrando su potente cuello y sus imponentes armas, abre la boca y un sonido gutural, ronco y potente sale de su garganta. El sonido retumba en el pinar como si de una catedral se tratara. Todos saben que el rey del bosque está allí y se ha puesto en marcha. Berrea.
El gran macho se levanta. Se estira. Comienza a restregar su poderosa cuerna en unos arbustos cercanos para limpiarla y pulirla; sus armas deben de estar perfectas y las hembras deben de ver la majestuosidad de su cuerna. El pequeño arbusto se mueve zarandeado por la fuerza y potencia de las arremetidas del gran macho, según se restriega parece que llora, de las glándulas del lagrimal le salen unas secreciones que dejarán allí su olor. Todos sabrán que ha estado en este lugar.
Sale del pinar. Pinar que le ha cobijado durante gran parte del día. Pinar que le da protección. Pinar que le servirá de protección a la mañana siguiente, cuando vuelva a descansar. Berrea.
La noche es larga y el rey del bosque comienza la búsqueda de hembras. Las buscará e intentará mantenerlas junto a él varios días. El gran macho levanta la cabeza y ventea; busca el olor de las hembras, el olor de las hembras en celo. Un aroma inconfundible le llega por el frío viento de la noche. Rápidamente se pone en marcha. Las ha localizado.
Las hembras lo observaban. Lo evalúan. No le dejan acercarse. El gran macho se para. Observa si algún otro macho está con ellas. Berrea. Las hembras se ponen alerta. Un berrido suena cerca de ellas. Otro macho está allí. El rey del bosque berrea de nuevo. Las hembras observan. Miran cómo son las cuernas. Saben que cuanto más grande y ramificada sea la cornamenta más fértil es el ciervo; elegirán al macho que más les convenga en función de esa percepción, incluso si pierde cualquiera de sus batallas.
El otro macho le contesta. Se están midiendo. Controlando su fuerza. Su potencia. Su poderío. El rey del bosque sabe que el macho que está con las hembras es más joven. No es un oponente para él. Berrea y se acerca seguro de si mismo. El macho de las hembras le contesta pero ya sabe que no tiene nada que hacer. Se acerca. Se miden. Se contemplan a escasa distancia. Berrean.
El macho más joven se retira. Está en inferioridad y lo sabe. El gran macho ha ganado sin pelear pero no siempre fue así. El rey del bosque recuerda días en los que debía enfrentarse a otros machos iguales que él; debían pelear. Enfrentarse. Entrechocar sus cuernas que suenan en la noche con golpes secos, duros, potentes,...Se empujan. Cargan. Se chocan. Se entrelazan las cuernas. Más de una batalla perdió en su juventud. Ahora no. Es el rey del bosque. Recuerda una batalla con un extraño oponente con una cuerna extraña, larga y peligrosa que casi le mata. Berrea. Oponente que dejó herido al rey del bosque. Herida fea que se curó con el tiempo. Berrea.
Un olor a muerte impregna el ambiente. El rey del bosque lo ve. Un antiguo contrincante yace decapitado en el suelo. Ha perdido su vida. Ha perdido su honra. El superdepredador ha estado allí. El hombre ha estado allí. Berrea. Hombres que solamente quieren el trofeo, la cabeza es lo único que les interesa, ese trofeo por el que han pagado miles de euros, ese trofeo junto al que se hacen fotos orgullosos, se jactan de su logro y lo propagan sin pudor. Huele a hombre. Huele a muerte. El gran macho se va. Continúa su camino. Berrea. Él puede ser el siguiente.
Se acerca a las hembras. Las huele. Las persigue. Las controla. Las crías están asustadas. No saben que pasa. Siguen a su madre y miran sorprendidas al rey del bosque que no deja que sus madres se vayan. Las monta en un segundo escaso con un rápido empujón. Estará con ellas varios días, luego buscará otras y comenzará la misma operación. Quiere extender su extirpe entre el mayor número posible de hembras. Un joven ciervo lo observa embelesado. No se acercará. Su momento llegará en unos años. esperará.
Amanece. El rey del bosque berrea. El sol ilumina su majestuosa e imponente figura. Está cansado. Lleva toda la noche activo. Controlando a las hembras. Defendiendo su conquista. Berrea. Hace casi un mes que casi no come. Las hembras le llevan todo su tiempo. Está cansado. Sabe que es vulnerable. Debe comer algo. En verano engordó lo suficiente como para aguantar sin comer el tiempo de la berrea pero perderá muchos kilos. Debe aguantar hasta que las hembras terminen el celo. Debe cuidar de no resultar herido; si así fuera, su vida correría peligro. Un olor le llega con el viento fresco de la mañana. Huele a lobo. Su enemigo está allí. Esperando una oportunidad. Esperando un desliz. Un fallo. El lobo no perdona. Debe de tener cuidado. Su vida está en juego.
El gran macho está cansado, renqueante, lento, necesita descansar, se tumba. Berrea. Camina con la boca abierta y la lengua fuera. Un pequeño robledal le permite descansar. El frescor del ambiente le alivia su cansancio. Levanta la cabeza. Huele a hombre. Sale del robledal. Allí están.
Dos hombres le observan. Dos hombres que no huelen a muerte. Dos hombres que le observan embelesados. Dos hombres que le respetan. Berrea. Dos hombres que admiran su porte. Su belleza. Su poder. Dos hombres que se van con unas fotos en sus cámaras, imágenes inolvidables en sus retinas y sentimientos profundos en su alma. Dos hombres que le respetan. El rey del bosque continua su camino.
El sol va cogiendo fuerza. El rey del bosque berrea. Orina en la arena y se revuelca en ella. Se impregna. Su olor se extiende por el valle. El sol calienta cada vez más. El rey del bosque está cansado.
Es hora de volver al pinar. De volver a la seguridad de su casa. Berrea. De descansar. Lentamente va entrando en él. Se tumba. Está cansado. Berrea. Agacha la cabeza y la apoya en el suelo. Al anochecer comenzará una nueva jornada. El rey del bosque descansa.
(Esta entrada está basada en una que realicé en 2013, ampliada, mejorada y adaptada).

domingo, 4 de octubre de 2015

Berrea 2015.

Desde hace muchos años pasamos un fin de semana en época de berrea en una casa rural de la Sierra de la Culebra; fin de semana que aprovechamos al máximo, que disfrutamos del campo, de la tranquilidad y de la maravillosa compañía de familia y amigos sin los cuales no sería lo mismo y nada tendría sentido. El fin de semana ha sido intenso, muy intenso en observaciones, hemos tenido variedad, cantidad, calidad y emoción.
La berrea es intensidad, es emoción, son sensaciones que conforman un espectáculo sonoro y visual que da igual cuántas veces lo hayas visto u oído, siempre impresiona. Es un espectáculo inenarrable que hay que disfrutar con intensidad; desde la misma casa hemos escuchado a los poderosos ciervos que berrean a los cuatro vientos su fuerza y poderío; estábamos rodeados de machos que competían con un sonido desgarrado para delimitar su territorio y asegurar sus conquistas. Los ciervos buscarán grupos de hembras a las que puedan montar. Pasarán con ellas entre cuatro y siete días, cubriéndolas hasta que, pasado ese tiempo, buscarán otro grupo en el que hacer la misma operación.
Las ciervas entran en celo...
En esos días deberán defender "sus conquistas" de todo aquel macho que intente arrebatárselas. Lo harán con "berridos", miradas y midiéndose con el oponente y si los dos calculan que están en igualdad de fuerzas se entablará una lucha épica en la qué entrelazarán sus cuernas con tremendos choques y fuertes empujones hasta que uno de ellos ceda y se vaya.
Una pelea en la Sierra de la Culebra nos es fácil observar, no es común ver a dos grandes machos peleando por el favor de las hembras, hemos tenido la inmensa suerte de poder ver una pelea en la que los dos oponentes se empujaban febrilmente por echarse de “la tierra elegida”, se separaban y arremetían uno contra otro con una fuerza descomunal que trataba de expulsar al contrincante de la zona elegida por las hembras; un buen rato estuvieron forcejeando hasta que uno de los oponentes, cansado y herido en su orgullo dio media vuelta y salió corriendo en dirección contraria. Había perdido y las hembras se quedarían con el gran vencedor…¿o no?
En muchas ocasiones sucede todo lo contrario, el vencedor de la contienda no se lleva las hembras; estas se van con el perdedor. Este hecho sucede porque el tamaño y la complejidad de la cornamenta de los ciervos está directamente relacionada con su fertilidad, es decir, cuanto más grande y ramificada sea la cornamenta más fértil es el ciervo y, además, las hembras lo saben, con lo cual, elegirán al macho que más les convenga en función de esa percepción. Por eso, en ocasiones, cuando dos machos están pelando y la hembra se va con el perdedor, lo hace porque ella percibe que ese macho perdedor es más fértil, por lo tanto, es el que le interesa para poder conseguir su fin último, quedarse preñada. Ese macho habrá perdido porque está más cansado o débil (los machos comen muy poco durante la berrea perdiendo mucho peso y debilitándose) que el oponente pero, la hembra, se ha ido con él.
...los machos las buscan, reúnen y controlan durante días...
También hemos podido asistir a una monta de ciervos, que se ve precedida de una persecución insistente del gran macho a una de las hembras de su grupo que, tras dar unas vueltas o pequeños paseos, se quedará quieta para que el gran ciervo se acerque, se suba y dé un fuerte empujón que durará un segundo acompañado de un pequeño salto.
...berrean, marcan sus territorios, defienden sus grupos de hembras...
La berrea de este año está siendo bastante buena, Los ciervos se siguen concentrando en determinadas zonas de la sierra en las que se mueven las hembras, en esas zonas he tenido la sensación de ver buenos machos pero no grandes machos que cada vez escasean más o se esconden mejor; me gustaría recordar que en el año 2010 se produjo la gran muerte de ciervos en la sierra provocada por la bacteria pasteurella (o eso dijeron), en ese año murieron muchos ciervos jóvenes y de un año o menos que, quizás, fueran los grandes machos de hoy en día, machos de entre cinco y ocho años que ahora podrían tener veinte o veintidós puntas, esta, a lo mejor es una de las razones por las que se ven menos grandes ciervos, además, murieron también muchas hembras lo cual ha provocado una bajada en los nacimientos de nuevos ciervos que a fin de cuentas también ha repercutido en la falta de grandes machos actualmente (evidentemente desde mi apreciación personal).
...a lo largo de la mañana se irán resguardando en los pinares...
Hemos podido ver el ciclo completo de la vida de un ciervo; primero la berrea, luego la monta, ciervos de este año, ciervos adultos y ciervos muertos por el gran depredador natural que tienen, el lobo y muertos por el superdepredador que les acecha en esta época, el hombre; ciervos muertos que sirven de alimento a buitres, zorros, jabalís, cornejas o cuervos.
...que los ven entrar cansados después de una larga noche...
Los machos están cansados, renqueantes, lentos, necesitan descansar, se tumban y berrean, caminan con la boca abierta y la lengua fuera, es un tiempo duro en el cual su gran depredador está al acecho, está cerca y aprovecha su oportunidad implacablemente; un descuido, una cojera, un síntoma de debilidad es aprovechado por el lobo.
El lobo los sigue, los estudia y espera su momento. Hemos visto varios lobos diferentes y a todos se les veía gordos, sus barrigas estaban llenas, hay mucha comida ya sea por el ciervo cazado por ellos mismos o por el ciervo cazado por el hombre que solamente quiere el trofeo, la cabeza es lo único que le interesa, ese trofeo por el que ha pagado miles de euros, ese trofeo junto al que se hacen fotos orgullosos ante la atenta y estupefacta mirada de gente que va a disfrutar de los animales, a observarlos…
Sentimientos encontrados se han entrecruzado en muchos momentos, el cazador que los quiere matar, nosotros que los queremos ver y, por desgracia, los “observadores de berrea o los contadores de animales” que acuden a la sierra solamente en estos días, son imprudentes e impresentables cuando se meten en lugares que no se puede estar, no se ven ni más ni mejor a los animales cuanto más cerca estés y además, se les molesta.
...buscarán un lugar en el que descansar y pasar el día...
Los lobos caminan despacio, observan, escuchan, evalúan y actúan cuando lo requiere la ocasión, en esta época siempre hay una oportunidad, un momento de debilidad o una carroña a la cual acercarse, carroña en la que pudimos ver el comportamiento de más de ciento veinte buitres leonados y diez negros que comían por jerarquía absoluta, unos comen y otros esperan su momento sobre rocas, en el suelo entre los brezos o incluso subidos a pinos o robles cercanos y, cuando han terminado los superiores, el resto se acerca febrilmente en un baile de saltos, alas entreabiertas y picotazos para terminar de comer el cuerpo del gran ciervo que ha sido abatido por la bala de un cazador al cual solamente le interesaba la gran cuerna de su cabeza.
...pero seguirán berreando, el gran macho está ahí.
Otra de nuestras observaciones fue un fugaz y posible gato montés, digo fugaz porque nos cruzó por delante y digo posible porque aunque su aspecto y cola parecían de un gran gato montés nunca se sabe sino lo ves muy bien e incluso aun viéndolo.
Hemos visto varios jabalís, unos desde la misma ventana de la casa mientras buscaban en el suelo y lo levantaban como pequeños tractores arando la tierra o comían deliciosas manzanas que saboreaban tranquilamente; otros, moverse por el campo en pequeños grupos en los que había de todas las edades o incluso acercarse a la carroña del gran ciervo para intentar sacar partido y tener que irse con el rabo levantado y el pelo erizado tras el acoso de los buitres.
El fin de semana terminó con una impresionante luna que dará paso a más emociones, momentos y vivencias que están por venir. 

viernes, 10 de octubre de 2014

Berrea 2014.

La berrea de este año ha sido muy buena, sobre todo en comparación con los tres años anteriores en los que se notó la muerte, en 2010, de 143 ciervos en la provincia de Zamora, de los cuales 130 en la Sierra de la Culebra (datos a finales de agosto de 2010) por una enfermedad llamada pasteurelosis, provocada por la bacteriapasteurella, que habita en el aparato respiratorio y, ante una elevada diferencia de temperatura (entre el día y la noche), provocaba una bajada de defensas y dicha bacteria comenzaba a multiplicarse provocando la muerte en muy poco tiempo.
Aunque este año haya sido bastante buena todavía no es lo que era antes del 2010. Los ciervos se siguen concentrando en determinadas zonas de la sierra en las que se mueven las hembras y he tenido la sensación de ver bastantes menos grandes machos; la inmensa mayoría eran jóvenes y adultos de hasta 15 ó 16 puntas; los grandes machos de 20 ó 22 puntas han sido muy escasos este año (siempre según mi apreciación).
A finales de agosto comenzaron a oírse los potentes bramidos de los ciervos en la sierra; su intensidad ha ido aumentando a lo largo de los días (el cambio de climatología es básico en la berrea). En este, algo más de un mes, los machos se pasan el tiempo "berreando" para delimitar su territorio y asegurar sus conquistas. Los ciervos buscarán grupos de hembras a las que puedan montar. Pasarán con ellas entre 4 y 7 días, cubriéndolas hasta que, pasado ese tiempo, buscarán otro grupo en el que hacer la misma operación.
En esos días deberán defender "sus conquistas" de todo aquel macho que intente arrebatárselas. Lo harán con "berridos", miradas y midiéndose con el oponente y si los dos calculan que están en igualdad de fuerzas se entablará una lucha épica en la qué entrelazarán sus cuernas con tremendos choques y fuertes empujones hasta que uno de ellos ceda y se vaya, dejando al vencedor con "las conquistas".
Esto es lo normal, pero, en muchas ocasiones sucede que el vencedor de la contienda no se lleva las hembras; estas se van con el perdedor. Este hecho sucede porque según un estudio del Museo Nacional de Ciencias Naturales: “el tamaño y la complejidad de la cornamenta de los ciervos guardan una relación directamente proporcional con su fertilidad”, es decir, cuanto más grande y ramificada sea la cornamenta más fértil es el ciervo y, además, las hembras lo saben y elegirán al macho que más les convenga en función de esa percepción. Por eso, en ocasiones, cuando dos machos están pelando y la hembra se va con el perdedor; lo hace porque ella percibe que ese macho perdedor es más fértil, por lo tanto, es el que le interesa para poder conseguir su fin último, quedarse preñada. Ese macho habrá perdido porque está más cansado o débil (los machos comen muy poco durante la berrea perdiendo mucho peso y debilitándose) que el oponente pero la hembra se ha ido con él. 
Han ido pasando los días y los machos están cansados, débiles, comen muy poco en ese tiempo ya que se dedican a buscar y controlar a las hembras y defenderlas de otros oponentes. Este pasado fin de semana he podido comprobar el enorme cambio que experimentan desde hace un mes.
Están mojados, más delgados, andan cansinamente y se les nota el cansancio en sus lentos movimientos. Hemos podido comprobar como necesitan tumbarse para seguir berreando o como siguen a las hembras con la boca abierta, reventados pero berreando según andan.
También hemos visto machos cojos que han resultado heridos en alguno de sus lances. Esta debilidad o el hecho de estar herido es un momento muy peligroso para ellos ya que los lobos esperan su momento, su oportunidad. El más débil caerá y permanecerán los más fuertes. Será una selección natural.
El lobo los sigue, los estudia y espera su momento. El comportamiento del lobo es apasionante y hemos podido observar como un lobo pasaba entre ciervas y crías, sin hacerles ningún caso, sin inmutarse o intentar ir a por alguna, su objetivo no era ese, eran los machos con problemas que pudieran estar por la zona; y este lobo, en concreto, buscaba a un gran macho cojo que seguía berreando y, que si no se recupera, el lobo tendrá su oportunidad.
En el tiempo de berrea los machos deberán marcar con olor sus zonas, deberán de dejar constancia de que han estado allí y esta zona le pertenece, junto con las hembras que allí se encuentran. Este marcaje oloroso lo hacen cuando restriegan sus cornamentas en pequeños pinos para limpiarlas y mantenerlas en perfecto estado pero, en este momento, también dejan su olor ya que de las glándulas del lagrimal le salen unas secreciones que marcarán ese pino.
En otras ocasiones se restregarán en su propio orín que mezclado con arena formará un barro que queda impregnado en su cuerpo para extender su olor.
Imagen testimonial de dos ciervas revolcándose en el barro.
La berrea termina pero las hembras que no se han quedado preñadas pueden volver a entrar en celo en noviembre e incluso diciembre, mes en el que he oído berrear tanto en la sierra de la Culebra como en zonas más al sur como Andujar; esta es una de las explicaciones por las que los futuros bambis nacen en un periodo tan amplio que llega desde mayo hasta julio.
La berrea es intensidad, es emoción, son sensaciones que conforman un espectáculo sonoro y visual que da igual cuántas veces lo hayas visto u oído, siempre impresiona.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Berrea 2013: El rey del bosque.

La luz del día se va apagando y el gran ciervo comienza a desperezarse. Levanta la cabeza mostrando su potente cuello y sus imponentes armas, abre la boca y un sonido gutural, ronco y potente sale de su garganta. El sonido retumba en el pinar como si de una catedral se tratara. Todos saben que el rey del bosque está allí y se ha puesto en marcha.
El gran macho se levanta. Se estira. Comienza a restregar su poderosa cuerna en unos arbustos cercanos para limpiarla y pulirla; sus armas deben de estar perfectas y las hembras deben de ver la majestuosidad de su cuerna. El pequeño arbusto se mueve zarandeado por la fuerza y potencia de las arremetidas del gran macho, según se restriega parece que llora, de las glándulas del lagrimal le salen unas secreciones que dejarán allí su olor. Todos sabrán que ha estado en este lugar.
El gran macho comienza su andadura. Se mueve entre los pinos lentamente; de vez en cuando vuelve a levantar su potente cuello y berrea, debe anunciar su presencia; las hembras y otros machos deben saben que el rey del bosque se ha levantado.
Va saliendo del pinar. Pinar que le ha cobijado durante gran parte del día. Pinar que le da protección. Pinar que le servirá de protección a la mañana siguiente, cuando vuelva a descansar. Berrea.
La noche es larga y el rey del bosque comienza la búsqueda de hembras. Las buscará e intentará mantenerlas junto a él varios días. El gran macho levanta la cabeza y ventea; busca el olor de las hembras, el olor de las hembras en celo. Un aroma inconfundible le llega por el frío viento de la noche. Rápidamente se pone en marcha. Las ha localizado. 
Se para. Observa si algún otro macho está con ellas. Berrea. Las hembras se ponen alerta. Un berrido suena cerca de ellas. Otro macho está allí. El rey del bosque berrea de nuevo. Las hembras observan. Miran cómo son las cuernas. Saben que cuanto más grande y ramificada sea la cornamenta más fértil es el ciervo; elegirán al macho que más les convenga en función de esa percepción. Una joven cría mira admirado al rey del bosque; quizás suspire por ser como él dentro de unos años.
El otro macho le contesta. Se están midiendo. Controlando su fuerza. Su potencia. Su poderío. El rey del bosque sabe que el macho que está con las hembras es más joven. No es un oponente para él. Berrea y se acerca seguro de si mismo. El macho de las hembras le contesta pero ya sabe que no tiene nada que hacer. Se acerca. Se miden. Se contemplan a escasa distancia. Berrean. 
El macho más joven se retira. Está en inferioridad y lo sabe. El gran macho ha ganado sin pelear pero no siempre fue así. El rey del bosque recuerda días en los que debía enfrentarse a otros machos iguales que él; debían pelear. Enfrentarse. Entrechocar sus cuernas que suenan en la noche con golpes secos, duros, potentes,...Se empujan. Cargan. Se chocan. Se entrelazan las cuernas. Más de una batalla perdió en su juventud. Ahora no. Es el rey del bosque.
Se acerca a las hembras. Las huele. Las persigue. Las controla. Las crías están asustadas. No saben que pasa. Siguen a su madre y miran sorprendidas al rey del bosque que no deja que sus madres se vayan. Las monta en un segundo escaso con un rápido empujón. Estará con ellas varios días, luego buscará otras y comenzará la misma operación. Quiere extender su extirpe entre el mayor número posible de hembras.
Amanece. Berrea. El sol ilumina su majestuosa e imponente figura. Está cansado. Lleva toda la noche activo. Controlando a las hembras. Defendiendo su conquista. Berrea. Hace casi un mes que casi no come. Las hembras le llevan todo su tiempo. Está cansado. Sabe que es vulnerable. Debe comer algo. En verano engordó lo suficiente como para aguantar sin comer el tiempo de la berrea pero perderá muchos kilos. Debe aguantar hasta que las hembras terminen el celo. Debe cuidar de no resultar herido; si así fuera, su vida correría peligro. Un olor le llega con el viento fresco de la mañana. Huele a lobo. Su enemigo está allí. Esperando una oportunidad. Esperando un desliz. Un fallo. El lobo no perdona. Debe de tener cuidado. Su vida está en juego.
El sol va cogiendo fuerza. El rey del bosque berrea. Orina en la arena y se revuelca en ella. Se impregna. Su olor se extiende por el valle. El sol calienta cada vez más. El rey del bosque está cansado. 
Es hora de volver al pinar. De volver a la seguridad de su casa. Berrea. De descansar. Lentamente va subiendo hacia la seguridad del pinar. Lentamente va entrando en él. Se tumba. Está cansado. Berrea. Agacha la cabeza y la apoya en el suelo. Al anochecer comenzará una nueva jornada. El rey del bosque descansa.  

miércoles, 3 de octubre de 2012

Berrea 2012.

Un año más me he acercado un fin de semana a la Sierra de la Culebra a ver a los ciervos. A contemplarlos en todo su esplendor. A ver y escuchar la berrea.
El año pasado fue un año raro. Era el año I después de la muerte de 143 ciervos en la provincia de Zamora, de los cuales 130 en la Sierra de la Culebra (datos a finales de agosto de 2010) por una enfermedad llamada pasteurelosis, provocada por la bacteria pasteurella, que habita en el aparato respiratorio y, ante una elevada diferencia de temperatura (entre el día y la noche), provocaba una bajada de defensas y dicha bacteria comenzaba a multiplicarse provocando la muerte en muy poco tiempo.
Este año es el año II y ahora sí que nadie podrá discutir, como alguno me discutía, que hay una bajada enorme en la población de ciervos de la sierra, sobre todo hembras. Se ven muy pocas y hay zonas de la Sierra de La Culebra que tradicionalmente tenían una muy buena población de ciervas y, por lo tanto, de berrea que se ven muy mermadas e incluso desaparecidas. Los grandes machos se están concentrando en lugares muy específicos de la sierra. Van donde encuentran a las hembras. Oficialmente se estimó que había desaparecido el 2% de la población de ciervos de la reserva. Este año (2012) confirma mis sospechas. La muerte de ciervos fue muchísimo mayor que la estimada o por lo menos la que se hizo oficial.
Han sido tres días intensos por la sierra buscando y observando con detenimiento y admiración a los ciervos que están alterados persiguiendo y controlando hembras. La berrea es el tiempo de celo de los ciervos donde, los machos, emiten un potente sonido gutural. La berrea es un espectáculo sonoro y visual que da igual cuántas veces lo hayas visto u oído, siempre impresiona.
Ciervo berreando en la sierra.
La berrea comienza a mediados de septiembre, en función de la climatología. Los machos pasan prácticamente un mes "berreando" para delimitar su territorio y asegurar sus conquistas. Los ciervos buscarán grupos de hembras a las que puedan montar. Pasarán con ellas entre 4 y 7 días, cubriéndolas hasta que pasado ese tiempo buscarán otro grupo en el que hacer la misma operación.
En esos días deberán defender "sus conquistas" de todo aquel macho que intente arrebatárselas. Lo harán con "berridos", miradas y midiéndose con el oponente y si los dos calculan que están en igualdad de fuerzas se entablará una lucha épica en la qué entrelazarán sus cuernas con tremendos choques y fuertes empujones hasta que uno de ellos ceda y se vaya, dejando al vencedor con "las conquistas".
Primero se medirán. Si se consideran en igualdad de fuerzas...
...lucharán para decidir el que se quedará con las hembras.
En este espacio de tiempo comerán muy poco y se irán debilitando según avanzan los días. Entre peleas, carreras, desafíos y montas (son visto y no visto), el ciervo irá perdiendo un buen número de fuerzas y kilos. Si resulta herido o está demasiado débil tendrá muchos problemas con los lobos que esperan su momento, su oportunidad. El más débil caerá y permanecerán los más fuertes. Será una selección.
En este tiempo deben limpiar y pulir su cornamenta para lo cual se restriegan en pequeños pinos en los que también dejan su olor ya que de las glándulas del lagrimal le salen unas secreciones que marcarán ese pino.
Ciervo restregándose en un pequeño pino.
Después de marcar un buen berrido no viene mal.
Eso estaba haciendo este ciervo que durante un buen rato se dedicó a restregarse en el pequeño pino que se movía de un lado para otro. Tenía todo el pecho oscuro, casi negro. Seguramente se habría revolcado en una mezcla de barro formado por su propia orina y arena. Su fin es marcar su territorio y extender su olor. Esta manera de revolcarse la pudimos observar con un gran ciervo de 16 puntas que parecía un enorme cachorrito restregándose en el suelo.
Macho con la hembra asomada a la derecha.
Ha sido un gran fin de semana en compañía de buenos amigos que todavía hacen más especial el disfrute de la naturaleza. Hemos podido contemplar hembras, crías y machos de todas las edades. Desde grandes machos de cornamentas muy abiertas hasta varetos tardíos que todavía tenían borra en los cuernos (estos son las crías engendradas tardíamente, alrededor de noviembre) pasando por ciervos con cornamentas muy gruesas o separadas, e incluso con una cuerna partida por la mitad en algún lance. 
Los hemos visto lejos, cerca y muy cerca e impresionan por su porte altivo y sereno. De aspecto enérgico y fuerte. Soberbio y elegante. Potente y robusto. Son imponentes.
El fin de semana ha dado para más ya que también vimos corzos, jabalís, zorros, buitres leonados y negros, alcaudón real, halcón peregrino, cernícalos, tarabillas, carboneros (común y garrapinos), colirrojo tizón, cuervos, cornejas, papamoscas cerrojillos, mosquiteros, chotacabras, pito real, milano real, herrerillo común, acentor común, avión, golondrina, lavanderas blancas y petirrojos.
Además algún sapo corredor que libramos de una muerte segura en la carretera y unas cuantas lagartijas, conejos y liebres ibéricas. Y como nota de color aquí os dejo una Xilocopa violacea y una Esfinge colibrí (seguro que mi amigo Ernesto en próximas entradas os cuenta algo más de ellas en su blog).
Esfinge colibrí.
Xilocopa violacea.
En definitiva, un fin de semana intenso, aprovechado y muy agradable en compañía de muy buenos amigos que nos ha dejado momentos impactantes y la sensación de que faltan ciervas en la sierra y si faltan ciervas, faltan crías y con ellas los futuros reyes del bosque.