Mostrando entradas con la etiqueta anade real. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta anade real. Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de mayo de 2013

Nuevas generaciones de azulones.

En las últimas semanas se pueden ver polladas de azulones que se mueven por el río Duero o por el arroyo de Valorio entre juncos, carrizos y hierbas. Nuevas generaciones de azulones que este año están criando muy bien, no como el año pasado, en el qué las polladas eran muy escasas y muy reducidas en el mismo lugar.
La razón fundamental para que este año sea muy bueno en la cría de estos comunes y simpáticos patitos es el agua. Este año ha llovido en condiciones, lo qué supone alimento y escondrijo en abundancia; lo que necesitan la mayoría de los animales para criar. Seguramente este año sea excelente en la cría de la mayoría de los animales, tanto carnívoros como herbívoros, por esas dos razones. Tienen lugares para esconderse y para alimentarse.
Los azulones son comunes, abundantes y estamos acostumbrados a verlos, por lo tanto, no les hacemos el caso que se merecen; solamente los echamos en falta cuando no están en el río y decimos: "este año no hay patitos". Creo que de vez en cuando hay que hacerles caso a todos esos animales que vemos más comúnmente en nuestros ríos, campos y bosques.
Estas últimas semanas las polladas de pequeños azulones son una atracción para todos los paseantes del río que observan entre admirados y sorprendidos como se mueven por el arroyo ante la atenta mirada de sus madres que tiene que tener mil ojos ya que, sus pequeños, son un suculento plato para gatos, milanos, águilas calzadas, gaviotas o ratas, e incluso alguna garza real, cigüeña o urraca que, si pueden, intentarán capturar alguno de los recién nacidos.
Todos estos peligros van minando las polladas progresivamente y, de una de 11 pequeños azulones, pueden sobrevivir 2, 3 ó 4. Pero, todo comienza meses antes, en el final del otoño o comienzos del invierno, cuando las hembras de azulón eligen al macho afortunado para que sea el padre de sus pequeños. En esa época los machos pelean, se persiguen y se exhiben para qué las hembras se fijen en ellos y uno sea el afortunado elegido.
Este año es fácil observar a las patas que, aún yendo con sus polladas,
son seguidas por algún macho que aprovecha
para acosarla y montarla en determinados momentos. 
La pareja establecerá un vínculo y permanecerá junta hasta la época de cría, en la que criarán donde la hembra haya nacido o muy cerca de allí. La hembra es muy cuidadosa con su puesta y protegerá los huevos (la máxima camada qué he visto es una con 15 y otra con 19 pero esta última era de dos polladas diferentes, es decir, la pata había adoptado a los de otra pata) con fervor; los incubará ella sola y generalmente hará el nido cerca del agua (a veces lo hará en los árboles, curiosamente en una ocasión vi una pata incubando en un nido abandonado en mitad de una colonia de garzas reales), escondido entre los juncos o las hierbas altas.
La pata mira al cielo. Hay un peligro. Un milano sobrevuela el arroyo. 
Sus pequeños permanecerán escondidos entre las hierbas 
hasta qué ella considere que ha pasado la alarma.
Si por algún motivo tiene que ausentarse del nido para comer, lo tapará y se irá tranquila, aunque volverá lo antes posible y, si ve peligro, trasladará el nido.
Tras más o menos un mes, nacerán los patitos que, inmediatamente irán al agua; y allí estaban, en el arroyo, donde diferentes patas tienen a sus pequeños y los defenderán con ahínco como pude relatar en una entrada anterior en la qué a una pata con sus pequeños se les acercó nadando una rata; la pata la vio y comenzó su estrategia.
Empezó a golpear el agua con el ala, simulando que estaba herida, pero la rata continuó hacia sus patitos, los cuales, ante el aviso de su madre, se escondieron rápidamente entre unas hierbas; la pata siguió con su táctica de atraer hacia ella a la rata para dar tiempo a sus crías a esconderse. Esta rata era pequeña así que la pata, viendo que seguía yendo hacia ella, se armó de valor y se fue directamente a picotearla con todas sus fuerzas. La rata, sorprendida, salió del agua y huyó atolondrada.
Esta es una de las tácticas defensivas pero en otras ocasiones he podido comprobar cómo, ante la voz de alarma de su madre, se sumergen pero dejando sus orificios nasales fuera e incluso hace unos días pude comprobar otra táctica cuando un macho de azulón se dirigió a por una pata con intenciones de montarla. Cuando la pata lo vio venir emitió la voz de alarma, a lo cual, sus 4 pequeños se sumergieron totalmente en el agua hasta el fondo del arroyo y salieron, un poco más adelante, escondidos entre las hierbas.
Estas técnicas de defensa les permiten seguir salvándose de los ataques pero esto no sucede siempre. Los depredadores se encargan de mantener a raya la población de patos y, aunque nos duela, así es la naturaleza, se regula por si misma. 
Los pequeños van creciendo y dentro de unas semanas pasarán al río, al río Duero, donde comenzará una nueva vida para ellos. Una vida llena de peligros. Una vida en la que los seguiremos viendo regularmente y formarán parte de nuestros paseos e incluso de nuestra vida porqué los azulones siempre han estado presentes en nuestros quehaceres, en nuestros platos, parques, cuentos e incluso en la poesía, donde, por ejemplo, la gran Gloria Fuertes nos enseñó mediante un simple poema dedicado a dos patos que lo mejor es no discutir:
Don Pato y don Pito
dan un paseíto.
-¡Qué suerte, don Pito,
me encontré este güito!
(sombrero)
Y los dos le quieren
y los dos se hieren.
Y todos se extrañan
de ver que regañan.
Y mientras se zumban,
bailando la rumba…
Viene el dueño, otro patito,
y éste se lleva su güito.
¡No discutid, muchachitos,
no discutid por un güito,
para que nunca os suceda,
lo que a don Pato y don Pito!
Qué razón tenía...

jueves, 15 de noviembre de 2012

Vida en el río Duero a su paso por Zamora I.

El río Duero está íntimamente ligado a Zamora. Ha sido vertebrador de la ciudad, protector, fuente de vida y riqueza, lugar de esparcimiento, paseo y deporte. El río Duero y Zamora van unidos inexorablemente hasta la eternidad.
Mis abuelos vivían en una de sus orillas; antes de llegar al puente de piedra, en la orilla derecha, mi abuelo tenía su taller de carpintería con su fachada rosa que durante muchos años fue lugar de reunión en la Zamora de los años cincuenta, sesenta y setenta de futuros pintores, escultores, músicos, escritores o tallistas como Antonio Pedrero, Ramón Abrantes, Coomonte, Claudio Rodríguez, Julio Mostajo, Alito, Alberto de la Torre Cabero, Arturo, Miguel Pérez, Ricardo Flecha (padre), Alfonso Bartolomé, Jesús Hilario Tundidor, Castilviejo, Julio "el escayolista", Tomás Crespo o Miguel Berdión entre otros, a hablar, componer, tocar música o a que mi abuelo les prestara una madera, un lienzo, un bastidor o unas pinturas. Eran jóvenes artistas y amigos de mis tíos que buscaban un futuro que les sonrió y cuando se hicieron importantes siempre que podían bajaban a ver al señor Manolo y a la señora Angelita; ahí es cuando yo los veía y me admiraba que gente tan importante bajara por allí, por el taller, por una simple carpintería; siempre fueron agradecidos y bastantes años después muchos participaron en un homenaje que le hicieron a mi abuelo con una exposición.
En ese taller pasé gran parte de mi vida. Ese taller forjó mi carácter y ese taller se encontraba al lado del río donde mi abuela o mi madre, de niña, lavaban la ropa en su orilla, se cogía una barca para pasear por sus aguas o se pescaba para la comida. En ese río veíamos multitud de animales. Ese río marcó los barrios bajos. Ese río marcó la ciudad.
Voy muy a menudo a pasear por sus orillas o a hacer deporte. Ese taller ya no existe. Se cerró hace muchos años pero cada vez que paso siempre se me escapa una mirada o una sonrisa.
Es un río lleno de vida. Un río cuyas aguas chocolate están llenas de vida y es, a esa vida, a la que me quiero referir en esta entrada. En ella voy a hablar de las aves que te puedes encontrar un día cualquiera paseando por sus orillas, solamente hace falta tener un poco de suerte. Me referiré a las aves o animales que tienen que ver algo con el agua, que puedes encontrarte en ella o en sus orillas; sin referirme a la fauna que habita en los árboles de su ribera, estos serán otra entrada.
Nidos de garza real en la isla.
Dependiendo de la época del año te encontrarás con unos animales o con otros, así es que voy a exponerlos un poco en general, aunque la época que más me gusta es el invierno con sus nieblas, sus fríos y sus heladas.
Vamos a comenzar un paseo virtual por su orilla derecha, remontando el río, y lo haremos en el barrio de Olivares donde lo primero que verás serán las garzas reales que, en la isla de enfrente, tienen una buena colonia y que puedes ver prácticamente todo el año posadas en sus orillas o volando río arriba o río abajo. De vez en cuando alguna garza imperial se deja caer por allí. Los martinetes también son asiduos a esta zona así como las nutrías que al final del paseo, enfrente del desagüe, se pueden ver, con mucha suerte, por la mañana cruzando el río o algún martín pescador que con su azul metálico destacará como una luz o los somormujos, tan elegantes y llamativos.
Martinete.
Tomando el sol de la mañana.
Andarríos chico junto al puente del tren.
En los carrizos de todo este tramo nos encontraremos con avetorillos, carriceros y gallinetas que van de unos a otros mientras los galápagos toman el sol. Llegamos hasta la zuda que va desde las aceñas hasta casi el puente de piedra. Tanto en esta como en la siguiente, la que está pasado el puente de piedra hasta el de hierro, nos podremos encontrar con multitud de habitantes como son las cigüeñas, los cormoranes, las garzas reales, garcillas bueyeras, garcetas grandes o comunes. También aparecerán andarrios grandes o chicos que buscan comida entre las pequeñas cascadas que oxigenan el agua del río.
De izquierda a derecha: garcilla bueyera, cigüeña, garza real y cormorán.
Foto testimonial de una nutria cruzando el río.
En este tramo he podido ver a la nutria, siempre a primera hora de la mañana, al amanecer nadando entre puentes o en la zuda en busca de posibles presas.
En todo el río nos encontraremos con los azulones, los cormoranes y las gallinetas. Estos tres son habitantes comunes y abundantes que se mueven sin problemas por cualquier tramo del río.
Pareja de azulones aseándose sobre un árbol.
Pareja de gallinetas pasando delante de un macho de azulón.
Pasado el puente de hierro y el puente del tren nos encontraremos con un peculiar grupo de gansos, ocas y patos domésticos e híbridos que desde hace unos dos años se mueven libremente por esta zona y se acercan a las orillas en busca de algún paseante que les eche comida. También en esta zona he podido ver algunas fochas que de vez en cuando aparecen asociadas a estos grupos.
Si continuamos por el canal que forma el río es común ver a garzas reales en la orilla opuesta dispuestas para capturar cualquier pez que se les ponga a tiro. 
Garza real intentando pescar algún pez.
En este tramo también he podido observar, sobre todo los dos últimos inviernos, alguna rata de agua que se movía siempre en la misma zona teniendo en la orilla su madriguera. La rata de agua es un animal en regresión y verla siempre es una satisfacción.
Grupo de cormoranes sobre la zuda.
Llegamos a la siguiente zuda en el puente de la autovía donde nuevamente encontraremos lo más común (patos, cormoranes o gallinetas). Al pasar este puente podemos continuar por la orilla o pasar a la isla. Si continuamos por la orilla, entre este puente y el siguiente, se puede ver nuevamente al martín pescador que se mueve de un árbol a otro. Si queremos continuar nuestro paseo llegaremos hasta la desembocadura del río Valderaduey donde una familia de nutrias se mueve entre el agua y los campos, donde en alguna ocasión se han visto correteando.
Si por el contrario queremos pasar a la isla nos encontraremos con la fauna más común del río que he citado anteriormente. También he llegado a ver alguna rata de agua e incluso una comadreja que se movía rápidamente entre las hierbas de la isla.  
Esto es un pequeño resumen de algunos, hay más, de los animales que podemos ver en un paseo por la orilla derecha del río Duero a su paso por Zamora; en él se pueden disfrutar de multitud de animales que hacen su vida sin que muchos de nosotros nos demos cuenta de la gran importancia y variedad de vida que tiene nuestro río aunque en muchas ocasiones aparezca con basuras que nosotros, los zamoranos, tiramos sin sentido.  
Joven gallineta nadando junto a una sucia botella.
Pero el río es más. Multitud de aves y animales crían en sus orillas y ribera, e incluso cruzan el río de una orilla a otra o simplemente vienen a beber. Todo esto será el tema de una nueva entrada de la vida en nuestro río Duero a su paso por la ciudad de Zamora.

lunes, 9 de mayo de 2011

Días de patos.

Estamos en la temporada en la que todas las patas (ánade real o azulón; por cierto, se llama azulón por el espejo azul de sus alas) salen con sus camadas de patitos, y como la mañana estaba agradable, decidí bajar al arroyo de Valorio (como recordaréis es uno de los puntos de mis paseos por Zamora) que une el bosque con el río Duero. En él hay una zona en la que se concentran gran cantidad de patas, ya que tienen agua, comida y refugio en abundancia.
Nada más salir de casa, un agudo chillido llamó mi atención; era un halcón peregrino, no podía estar muy lejos y, efectivamente, allí estaba, en una antena, atento a todo lo que volaba a su alrededor, sobre todo a las palomas. Continué hasta el arroyo donde, como decía anteriormente, las patas deambulan con sus camadas de patitos.
Las hembras de azulón son las que, allá por el otoño, eligen al macho afortunado que será el padre de sus pequeños. Los dos permanecerán juntos hasta la época de cría, en la que criarán donde la hembra haya nacido. La hembra es muy cuidadosa con su puesta y protegerá los huevos (entre 10 y 14) con fervor; los incubará ella sola y generalmente hará el nido cerca del agua (a veces lo hará en los árboles, curiosamente en una ocasión vi una pata incubando en un nido abandonado en mitad de una colonia de garzas reales), escondido entre los juncos o las hierbas altas.
Si por algún motivo tiene que ausentarse del nido para comer, lo tapará y se irá tranquila, aunque volverá lo antes posible y, si ve peligro, trasladará el nido (como alguna a hecho en el estanque de Félix Rodríguez de la Fuente en Valorio). Tras más o menos un mes, nacerán los patitos que, inmediatamente irán al agua; y allí estaban, en el arroyo, siguiendo a la cuidadosa pata que tiene que andar con mil ojos ya que, sus pequeños, son un suculento plato para gatos, milanos y ratas que van minando las camadas; bajas un sábado, controlas una pata con 12 patitos y a los tres o cuatro días le quedan 6 ó 7, a los 3 ó 4 más, sólo 5, con lo que de una camada de 10 ó 12 sobrevivirán 2 ó 3.
En esta época son una atracción para los paseantes fieles que los admiran entre sorprendidos y entusiasmados; allí estaba yo haciendo fotos a una pata con 11, a la otra con 8, y a la de más allá con 5. De repente, llega nadando una rata; la pata la ve y comienza su estrategia. Empieza a golpear el agua con el ala, simulando que está herida, pero la rata continua hacia sus patitos, los cuales, ante el aviso de su madre, se esconden rápidamente entre unas hierbas; la pata sigue con su táctica de atraer hacia ella a la rata para dar tiempo a sus crías a esconderse (otras veces he visto cómo utilizan otra táctica, la de meterse debajo del agua con sus orificios nasales fuera). Esta rata era pequeña así que la pata, viendo que seguía yendo hacia ella, se armó de valor y se fue directamente a picotearla con todas sus fuerzas. La rata, sorprendida, salió del agua y huyó atolondrada. Hoy la pata había ganado, pero esto no sucede siempre. Las ratas grandes, los gatos y los milanos se encargan de mantener a raya la población de patos y, aunque nos duela, así es la naturaleza, se regula por si misma.