Ahí está. Me mira. Nuestros caminos se han encontrado. Coincidimos. Nuestras miradas se entrecruzan durante un tiempo eterno, un tiempo que parece haberse detenido, petrificado. Estamos él y yo. No escucho nada. No hay nada a
mi alrededor. Sólo está su mirada. Una mirada de ojos almendrados que parece bucear
en tu interior. Una mirada que como decían desde antiguo: “te hiela la sangre”.
En cierto modo es verdad. Es una mirada
penetrante, profunda, hipnótica. Una mirada que no puedes dejar de mirar hasta
que él decida cambiarla. Es la mirada del lobo. La mirada del más odiado o
admirado, del que despierta pasiones encontradas, del que ha sido el malo de
los cuentos, de mil historias y ha aterrorizado a pueblos, del que despierta
admiración, entusiasmo o nerviosismo. Un animal emblemático, icono de nuestra
fauna, un animal con el que debemos convivir y sobre todo, respetar. Ese es
el lobo y esta es su mirada.
La naturaleza asombra y sorprende. Una mirada o una imagen pueden hacerte descubrir sensaciones, curiosidades o una belleza deslumbrante.
jueves, 29 de noviembre de 2018
Ahí está. Me mira...
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martes, 20 de noviembre de 2018
¿Ánsar chico de primer invierno en Villafáfila?
La tarde estaba nublada y una suave brisa recorría las lagunas cuando paré en el observatorio de Otero de Sariegos. Las lagunas habían cogido bastante agua con las lluvias del fin de semana y se encontraban muy animadas. Sin perder tiempo coloqué el telescopio y me dispuse a observar. Hacía un rato que M. Rodríguez, J. Palacios, J. Morán y J.M. San Román habían visto un tarro canelo en las lagunas de la Casa del Parque; así es que podría estar por la laguna.
Una pareja de asturianos me comentaron que lo habían visto, con lo cual no podía estar muy lejos. Tras unos minutos de prospección por la salina, apareció. Allí estaba, en la otra punta de la Salina Grande, solitario, muy cerca de un grupo de tarros blancos. En Villafáfila las distancias son enormes, así es que un pequeño punto de color naranja es lo máximo que saldría en cualquier foto que pudiera hacer. El último tarro canelo que había visto fue el 4 de febrero de 2013, ya hacía unos cuántos años.
Una pareja de asturianos me comentaron que lo habían visto, con lo cual no podía estar muy lejos. Tras unos minutos de prospección por la salina, apareció. Allí estaba, en la otra punta de la Salina Grande, solitario, muy cerca de un grupo de tarros blancos. En Villafáfila las distancias son enormes, así es que un pequeño punto de color naranja es lo máximo que saldría en cualquier foto que pudiera hacer. El último tarro canelo que había visto fue el 4 de febrero de 2013, ya hacía unos cuántos años.
Continué revisando la laguna, un gran grupo de ánades
patrullaba en busca de alimento: azulones, frisos, silbones y rabudos se
entremezclaban con patos cuchara, cercetas comunes y tarros blancos, mientras pequeños correlimos se movían como si
tuvieran cuerda de un lugar a otro y, las chillonas grullas, pasaban volando y
se posaban en mitad del agua.
Busqué a los ánsares. Había menos que en mi anterior visita, pero descubrí un ánsar careto adulto que dormitaba en una isla, junto a ánsares comunes. Entre todos ellos, uno llamó poderosamente mi atención. Estaba detrás de unas hierbas en la lejanía. Solamente se le veía la cabeza. Era un careto pero…
Busqué a los ánsares. Había menos que en mi anterior visita, pero descubrí un ánsar careto adulto que dormitaba en una isla, junto a ánsares comunes. Entre todos ellos, uno llamó poderosamente mi atención. Estaba detrás de unas hierbas en la lejanía. Solamente se le veía la cabeza. Era un careto pero…
Esperé hasta que asomó de entre las hierbas y lo pude ver
totalmente, comprobando
que era muy pequeño. Patas naranjas. Tan pequeño… ¿y si pudiera ser otra cosa?…Hay
ánsares caretos muy pequeños, podría ser un careto pero…mil dudas me
asaltaron…¿y si era un ánsar chico? Rápidamente lo comuniqué en un grupo de
wasap y el nerviosismo se hizo patente…hice algunas fotos y las envié al grupo …estaba muy lejos, demasiado lejos…
Su tamaño era muy pequeño. Sus patas naranjas. Su pico
corto. Compacto. El cuello muy corto…¿podría ser? Se lo enseñé a los asturianos
(Xurde Acebrás) y tenían las mismas dudas que yo. Las distancias en Villafáfila
son enormes y, en este caso, nos estaban jugando una mala pasada. Estaba muy
lejos, demasiado lejos. Además, era un ejemplar de primer invierno, algo que suponía mucha
mayor dificultad y complejidad en la identificación; si hubiera sido un
ejemplar adulto lo hubiéramos identificado rápidamente.
Nunca he visto un ánsar chico, bueno, uno si pero fue un
escape que localizó J.M San Román en 2016 y que estuvo un tiempo mezclado entre
los ánsares comunes.
| Estas tres fotografías corresponden al ejemplar procedente de un escape localizado en 2016 que permaneció varios meses en las lagunas. |
¿Y antes? ¿Cuándo se había visto este ánsar tan raro en nuestras lagunas?
A. Rodrigo y J. M. San Román son dos grandes ornitólogos y dos enormes pozos de sabiduría e información, así es que era a ellos a quienes tenía que preguntar.
Les agradezco enormemente sus consejos y datos, sin ellos esta entrada hubiera
sido imposible.
Solamente existen dos citas homologadas por el Comité de
Rarezas Nacional, de ánsar chico en Villafáfila: un ejemplar adulto visto el 26
de enero de 2002 por A. Rodrigo, L. Antón et al
y otro visto por A. Gutiérrez et al el 11 de enero de 2003. Ambas incluidas en
el libro: “Aves raras de España” de E. de Juana.
Aparte de estas dos, en la guía de la Reserva de las
Lagunas de Villafáfila, de M. Rodríguez y J. Palacios se citan, textualmente,
las siguientes: “dos ejemplares en 1992 (M. Rico et al, 1997), cuatro en 1993,
dos en 1994 (Pearson, 1997) un ejemplar en 2001 (datos propios), uno en 2003
(J.M. San Román com. per.), tres en 2002 y uno en 2003, 2004 y 2006”.
Muy pocas observaciones de un ánsar que es muy complicado
ver en nuestra tierra, pero ¿cuál es el motivo de que sea tan difícil de ver
aquí?
El ánsar chico está incluido en la Lista Roja de la UICN
(Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) con la calificación
de “vulnerable”. A nivel mundial se estima una población de entre 24.000-40.000
ejemplares; cría en toda la zona de Siberia teniendo tres principales puntos de
población en Rusia del este, Rusia occidental y Fenoscandia
(Noruega, Suecia, Finlandia y la península de Kola (Rusia)).
La población más cercana a nosotros se encuentra en Fenoscandia,
situada al norte de Noruega, junto con la península de Kola (perteneciente a
Rusia). Esta pequeña población ha sufrido un enorme declive en muy poco tiempo.
Pensemos que a principios del s.XX había 10.000 ejemplares reproductores y, actualmente, se estiman en torno a 100 las parejas
reproductoras. En esta zona, el ánsar chico, está catalogado por la UICN como
“en peligro crítico”.
La disminución del ánsar chico en toda esta zona ha sido
demoledora. En Suecia, la última reproducción confirmada de ánsares silvestres
fue en 1991 y en Finlandia en 1995.
En septiembre de 2011 se inició un proyecto internacional
EU Life+Nature (terminado en abril de 2017) de recuperación de esta población
reproductora. Se estimaba que en ese momento, habría entre 15 y 20 parejas
reproductoras, es decir, al borde de la extinción de esta población silvestre.
La evolución ha sido la siguiente:
Estas aves silvestres tienen como principal ruta
migratoria hasta Grecia, Hungría, Bulgaria y Turquía. Un ejemplo de esta ruta
es el viaje realizado, en este otoño de 2018, por un ánsar chico llamado “Mr.
blue”, marcado con emisor GPS, que siguió el siguiente recorrido:
Ante esta situación tan preocupante, a comienzos de los
años 80, se pusieron en marcha diferentes proyectos en Suecia, Finlandia o
Alemania de reintroducción del ánsar chico. Dado que la ruta migratoria hacia
el sureste, la que hacen las aves silvestres, era muy peligrosa y morían
cientos de ánsares cazados en el viaje o se veían afectados por la alteración
de su hábitat, se propuso cambiar la dirección de la migración, para lo cual,
se criaron ánsares chicos con barnaclas cariblancas como padres adoptivos.
Surgieron diferentes problemas, como la hibridación con
ánsar careto o con barnacla cariblanca (incluso de segunda generación). La ruta
migratoria, de estos ejemplares reintroducidos, se modificó; ya no iban hasta
sus zonas tradicionales de invernada sino que
cambiaron hacia los Países Bajos ya que, las barnaclas cariblancas migraban en
esa dirección y con ellas los ánsares chicos.
Llegaron por una nueva ruta de migración alterada hasta
los Países Bajos y, desde ahí, mezclados con los ánsares comunes, hasta nuestra
tierra. Son esos ánsares chicos y sus descendientes provenientes de diferentes
proyectos de reintroducción los que llegan hasta España.
Esos mismos son los que se han visto en las lagunas de
Villafáfila en los años 2001, 2002 y 2003. Eran ejemplares marcados que se
sabía perfectamente su origen, como el que M.
Rouco et al vio el 24 de noviembre de 2001 (permaneciendo ese invierno), que portaba
una anilla roja en tarso derecho. Era uno de los 33 ejemplares de un proyecto
franco-sueco-alemán donde se enseñó a los pájaros en aviones
ultraligeros. Volaron desde Malster Malma (Suecia) hasta Bislicher
(Alemania) y de ahí, este ejemplar hasta Villafáfila. O como el visto el 11 de
enero de 2003 por A. Gutiérrez et al; anillado y anormalmente grande, síntoma
de sus posibles genes de ánsar careto. (Si pincháis aquí podréis ver una
relación de avistamientos).
Con lo cual, la respuesta a la pregunta: ¿Cuál es el
motivo de que sea tan difícil de ver aquí? es relativamente sencilla: no estamos en su ruta migratoria. Pensemos que
esos ánsares reintroducidos y sus descendientes son muy pocos y que la
probabilidad de que alguno se mezcle con ánsares comunes en Holanda y llegue
hasta aquí es todavía más baja.
Las posibilidades son muy remotas, pero cada cierto tiempo llega hasta España algún ánsar chico como
los vistos en la Laguna de la Nava el 20 de noviembre de 2011 por J. Sagardia
et al (que permaneció hasta el 16 de febrero de 2012); o el visto en el embalse
del Ebro el 28 de octubre de 2012 por M. Estébanez et al (que estuvo hasta el
25 de diciembre de 2012) o el que apareció, nuevamente, en la Laguna de la Nava
el 3 de diciembre de 2013 visto por G. Belamendía, R. Arambarri, M. Degaña y F.
Jubete et al (visto solamente ese día).
Si esta posibilidad es tan remota, el hecho de que el
ánsar que estábamos viendo fuera un ánsar chico y además de primer invierno
también lo era.
Allí seguía. Alimentándose en la laguna. Tranquilo. En compañía
de un pequeño grupo de ánsares comunes. Voló pero no se acercó. Continuaba la
duda, ¿sería o no sería? Tenía muchas cosas a favor, pero solo con esta
observación no se podía confirmar o desmentir, alguien debería verlo más cerca,
para poder asegurarlo o no.
Han pasado varios días y no se ha vuelto a localizar.
Mantengamos la esperanza de que se vuelva a ver y podamos salir de esta duda;
desde luego sería una enorme sorpresa y gran noticia que pudiera ser un ánsar
chico y además de primer invierno.
(Los datos de esta entrada han sido aportados por A. Rodrigo, J.M. San Román y extraídos de las páginas: wwf.fi/en/lwfg/ y de
www.piskulka.net)
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domingo, 4 de noviembre de 2018
Aumentan las grullas, aparecen los ánsares y gaviota cana.
Aumentan las grullas, empiezan a aparecer los ánsares pero necesitamos agua. Hace falta agua. Las grullas han llegado a sus mayores números, calculo alrededor de 1.400-1.500 (según mis estimaciones). El año pasado se censaron alrededor de 1.200. Este año está siendo muy bueno para verlas ya que se están quedando a comer en el entorno de las lagunas secas de Villafáfila.
Las aves van viniendo pero como no llueva rápido y mucho…desaparecerán, se irán y la invernada será un auténtico desastre. Se irán a otras zonas como Herrín de Campos o La Nava donde tienen el agua asegurada mediante su llenado artificial. Aquí, en las Lagunas de Villafáfila, la naturaleza sigue su curso. Hay años que llueve antes y otros que llueve más tarde; años que llueve mucho y otros que lo hace muy poco. Mientras escribo estas líneas ha comenzado a llover…esperemos que caiga bien.
Las aves van viniendo pero como no llueva rápido y mucho…desaparecerán, se irán y la invernada será un auténtico desastre. Se irán a otras zonas como Herrín de Campos o La Nava donde tienen el agua asegurada mediante su llenado artificial. Aquí, en las Lagunas de Villafáfila, la naturaleza sigue su curso. Hay años que llueve antes y otros que llueve más tarde; años que llueve mucho y otros que lo hace muy poco. Mientras escribo estas líneas ha comenzado a llover…esperemos que caiga bien.
Los campos están secos. Las lagunas están secas. Perdices,
estorninos y pequeños bandos de avefrías se ven salpicando el seco amarillo de
las hierbas mientras, un pequeño mochuelo, observa desde su atalaya como un
aguilucho lagunero y un cernícalo vulgar patrullan el terreno en busca de
alimento o unos conejos se refugian en sus madrigueras asustados por el vuelo
de un milano real o un busardo ratonero.
El enorme bando de grullas está descansando sobre la
laguna seca, junto a ellas se mueven nerviosos entre el limo y la minúscula
lámina de agua: combatientes, tarros blancos, cercetas comunes, correlimos
comunes, patos cuchara, ánade friso, silbón y azulones se agolpan como
verdaderas sardinas en aceite, sin espacio para moverse…sin agua. Muy pocos
puntos tienen agua en la reserva. En esos puntos se concentra la vida.
Las grandes grullas descansan. Su porte altivo y esbelto
destaca en la planicie. Se pueden distinguir perfectamente las familias, los
adultos y el pollo o los pollos que van con ellos, así como las que no tienen
ningún pollo a su cargo. Entre estas destaca por encima de todas una especial,
está anillada, sus anillas de colores tienen el siguiente código: BuBuY-WGW.
Es una vieja conocida. Es un macho que fue anillado en
Alemania el 9-7-2012 y lo pude ver el 2-12-2013 cerca de Villarrín de Campos y
este año, cinco después, lo he vuelto a ver.
A media tarde se levantan y se van yendo en pequeños
grupos hasta las zonas de alimentación donde se juntan en un gran bando. Bajan y
se ponen a comer.
Las grullas están intranquilas, cualquier mínimo peligro
les hace levantar la cabeza como un verdadero resorte, ya sea un coche por un
camino cercano o un lagunero que pasa sobrevolándolas. Se mueven. Levantan el
vuelo. Dan varias vueltas y se dejan caer en un punto muy cercano. Siguen comiendo.
Entre ellas se han camuflado algunos ánsares comunes que
parecen liliputienses en comparación con las estilizadas grullas. Los ánsares
ya han empezado a venir. Unos 800 se encuentran ya en las lagunas secas. En las
próximas semanas, si todo va bien y llueve, aparecerán algunos miles que se
distribuirán en la zona. Esperemos que con ellos vuelvan los ánsares caretos
que el invierno pasado nos deleitaron con la cifra record de 91 ejemplares
vistos por J. Alfredo Hernández y yo el 29 de diciembre de 2017, aunque sigo
convencido que pasaban de los cien ejemplares.
Al anochecer me dirigí hasta la balsa donde Cristian
Osorio había descubierto una gaviota cana de primer invierno el día anterior. Allí
seguía, entre las gaviotas reidoras y en compañía de dos gaviotas sombrías que
se movían en una finísima capa de agua que más bien era barro junto con tarros
blancos, ánades reales, combatientes, cercetas comunes, avefrías, patos cuchara, algún
correlimos común y una solitaria avoceta.
En la casa del parque algunos correlimos se alimentan en sus orillas. Pequeños correlimos como correlimos común, zarapitín o menudo además de chorlitejos, andarríos, cigüeñuelas y agachadizas que aprovechan las pequeñas playitas rebosantes de comida mientras fochas, porrones, ánsares y zampullines comunes nadan tranquilamente y alguna aguja colinegra descansa plácidamente.
Esta es la mejor época para ver las grullas en Villafáfila. Esperemos que sigan aumentando y comiencen a aparecer los habitantes del invierno en las lagunas. Lagunas que necesitan agua de forma inminente.
Esta es la mejor época para ver las grullas en Villafáfila. Esperemos que sigan aumentando y comiencen a aparecer los habitantes del invierno en las lagunas. Lagunas que necesitan agua de forma inminente.
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domingo, 28 de octubre de 2018
Las cigüeñas de la catedral de Zamora
Allí está. Aparece al final de la rúa. La calle se estrecha y la maravillosa cúpula románica de la catedral de Zamora comienza a mostrarnos todo su esplendor, toda la belleza de una cúpula singular, diferente, la primera en su estilo románico con inspiraciones bizantinas. Una auténtica belleza que sorprende a todo aquel que la ve, da igual todas las veces que la hayas visto, siempre te impacta, siempre te sobrecoge, siempre es digna de admiración.
Acaba la rúa y la plaza de la catedral se abre ante mis ojos. Su hermana está allí, la grandiosa torre del El Salvador de aspecto defensivo cuida de su hermana, la cúpula. Son un todo. Conforman una estampa de una belleza desmedida; sobria una, elegante la otra; altiva una, delicada la otra. La torre y la cúpula de la catedral de Zamora son dos auténticas joyas que observan el paso del tiempo desde su atalaya.
Acaba la rúa y la plaza de la catedral se abre ante mis ojos. Su hermana está allí, la grandiosa torre del El Salvador de aspecto defensivo cuida de su hermana, la cúpula. Son un todo. Conforman una estampa de una belleza desmedida; sobria una, elegante la otra; altiva una, delicada la otra. La torre y la cúpula de la catedral de Zamora son dos auténticas joyas que observan el paso del tiempo desde su atalaya.
Miro a mi
alrededor. La gente se admira y comienza a hacer fotografías. Cientos de
cigüeñas blancas comienzan a pasar volando por encima de nosotros, entran en la
ciudad, entran por la puerta Óptima hasta traspasar las murallas de la bien
cercada, la ciudad del romancero que, como cada anochecer, da la bienvenida a
cientos de cigüeñas que se irán distribuyendo para pasar la noche
en los tejados de iglesias, palacios, edificios o aquí, sobre la cúpula de la
catedral.
En la cúpula y
pináculos de la catedral duermen alrededor de 20-30 cigüeñas todos los días. Entre
ellas hay algunas que tienen una historia que contarnos. Son las cigüeñas que están
anilladas.
Entre estas
cigüeñas las hay que duermen prácticamente todos los días aquí, en el mismo
lugar, cada noche, como lo hace la WA8F, anillada por el grupo GIA el 3-6-2004
en Santa María del Páramo (León) que se sitúa en uno de los pináculos del ábside
que sustituyó al anterior románico destruido en un incendio en 1591.
| La misma cigüeña: WA8F, durmiendo en la catedral (arriba) y comiendo en el vertedero (abajo). |
| La cigüeña con anilla 2316. |
| Cigüeña con anilla: 0|22A en la catedral (arriba) y en el vertedero (abajo). |
La F0W2 es otra de
las que pasan la noche en tan bello lugar. No es una habitual como las otras
pero se deja ver cada pocos días. Fue anillada el 12 de marzo de este año por
Pablo Santos después de ser encontrada con el plumaje congelado tras
una de las duras noches de helada que son tan frecuentes en nuestra ciudad.
![]() |
| La cigüeña con anilla: Z026. |
| La C16M en una de las zudas del río Duero. |
| Comiendo en el vertedero. |
Todo está cambiando. Las aves del norte no bajan hasta
nuestra tierra; cada vez se ven más aves del sur; las aves cada vez migran
menos; cada año la invernada es más floja…si alguien todavía dice que el hombre
no ha influido en la naturaleza o que el cambio climático no afecta a las aves
es que es un ignorante, está ciego o no quiere reconocerlo. En los últimos cien
años el hombre ha influido más en el medio ambiente que en miles de años
anteriores, lo que antes sucedía en miles de años ahora está sucediendo en
menos de cien, con consecuencias que son perfectamente visibles, graves y
preocupantes.
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domingo, 21 de octubre de 2018
Alcaravanes y grullas.
Lo ves y no lo ves. ¿Dónde está? Ahí delante. Buscas con los prismáticos y ves dos, tres…vuelves a pasar, te fijas mucho más detenidamente y, donde había tres, cuatro…había diez y no los habías visto pero ellos a ti si. Te miran con sus enormes ojos de color amarillo-ámbar que parece que estén siempre espantados, asustados, ojos muy abiertos. Grandes ojos rodeados de un fino anillo amarillo. Enormes ojos que necesitan para captar mayor cantidad de luz por la noche o en el crepúsculo, qué es cuando se suelen mover estos curiosos animales.
Es una ave difícil de localizar, de ver y de fotografiar. Es mimética. Silenciosa. Pasa completamente desapercibida a menos que se levante y corra agachada con su característico movimiento o eche a volar. La ves y no la ves. Es una piedra en el camino. Encontrarla es toda una agudeza visual y un reto.
Hace unos días Cristian Osorio había visto un grupo de alcaravanes, de perniles, como se llaman en muchos puntos de Zamora; se llaman así por el canto que se asemeja a esa palabra: pernil. Decidí ir a buscarlos, a probar suerte a ver si los localizaba.
Es una ave difícil de localizar, de ver y de fotografiar. Es mimética. Silenciosa. Pasa completamente desapercibida a menos que se levante y corra agachada con su característico movimiento o eche a volar. La ves y no la ves. Es una piedra en el camino. Encontrarla es toda una agudeza visual y un reto.
Hace unos días Cristian Osorio había visto un grupo de alcaravanes, de perniles, como se llaman en muchos puntos de Zamora; se llaman así por el canto que se asemeja a esa palabra: pernil. Decidí ir a buscarlos, a probar suerte a ver si los localizaba.
El viento era terrible. Soplaba con una enorme fuerza que
levantaba el polvo de los caminos y de las tierras, todo esta seco, muy seco,
lamentablemente seco. Levanté los prismáticos y comencé a buscar. Sería
complicado ya que ante la fuerza del viento los alcaravanes estarían
achaparrados, pegados al suelo, echados lo que hacía mucho más difícil su
localización.
Al poco de buscar apareció uno y otro, otro y otro…a
algunos solamente se les veía la parte de arriba de la cabeza y un gran ojo
amarillento sobresalir entre las hierbas, otros eran verdaderas piedras en el
campo.
Conté 32 pero estoy absolutamente seguro que había más ya
que su localización era realmente complicada. Este grupo es un grupo en migración
que podría llegar hasta el sur de la península o hasta África donde pasarán el
invierno.
Dejé los alcaravanes y continué en busca de las grullas.
Las primeras de la temporada. Grullas elegantes, esbeltas, estilizadas que han
llegado hace pocos días y que irán aumentando sus números en las próximas
semanas.
150.000 grullas invernan en España, de las cuales más de
la mitad se concentra en las dehesas extremeñas donde encuentran una fuente de
alimento fácil y nutritiva, la bellota. El resto lo hace entre Andalucía,
Castilla la Mancha y Aragón pero, un porcentaje muy bajo, se queda en las
lagunas de Villafáfila. La mayoría de estas grullas provienen de Alemania, Suecia
o Noruega y, en un porcentaje muy bajo, de Polonia, Finlandia, oeste de Rusia o
países bálticos.
Las grullas suelen viajar en familias y en pequeños grupos.
Extremadura y la laguna de Gallocanta (Zaragoza) son los principales lugares en
los que las grullas pasan el invierno en la Península Ibérica.
Un grupo de 133 grullas comía tranquilamente en el campo
cercano. La mayoría eran adultos pero algunos jóvenes seguían a sus padres allá
por donde se moviesen; esos
jóvenes que se distinguen fácilmente por ser un poco más pequeños y tener la
cabeza pardo grisácea, tienen que aprender, tienen un año entero para conocer
la ruta migratoria; por dónde ir, a dónde parar y, cuándo llegan al lugar de
destino, donde moverse para comer o para descansar, sin olvidarnos de la ruta
de vuelta hasta sus zonas de cría. Esos jóvenes deberán recordar todo lo que le
enseñen los adultos ya que, al año siguiente, ya no tendrán esos guías tan
especiales, deberán realizar el viaje sin seguir las indicaciones de los adultos
que tendrán otro pollo al que enseñarle el recorrido.
Estaban tranquilas. Mientras unas comían otras levantaban
la cabeza y vigilaban ante cualquier peligro turnándose cada poco. Me acerqué
hasta que consideré el límite al que aguantarían y allí permanecí un buen rato
observándolas. Me fascina observar a los animales, sus movimientos, el por qué
hacen una cosa u otra, como se comportan en cada momento, el por qué y su
reacción. Sé que hay gente a la cual le parecerá un auténtico rollo o pesadez
estar media hora, una hora o dos horas mirando lo que hacen un grupo de
grullas, ánsares o lobos y seguir sus evoluciones pero, para mi, es disfrutar, es
naturaleza pura y es aprender.
Estuve un buen rato observándolas hasta que no me quedó
más remedio que pasar cerca de donde se encontraban para poder continuar. Nada
más que pasé la línea que, ellas consideraban de peligro, se levantaron con su
vuelo poderoso y elegante, se alejaron unos cien metros y continuaron comiendo
en familia, en su grupo.
Las grullas se mueven en familias que se van uniendo y
formando un grupo, el cual migrará desde el lejano norte de Europa hasta la península
ibérica donde pasará el invierno.
Me dirigí hasta el centro de interpretación de las
lagunas de Villafáfila donde esperaba que el chorlito dorado americano hubiera
aguantado toda la semana pero no hubo suerte aunque si pude deleitarme con una
buena variedad de limícolas.
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viernes, 12 de octubre de 2018
Nuevamente por Cantabria: zona de Raos.
Esta vez cuestiones médicas, felizmente resueltas, nos llevaron hasta Santander. Dado el poco tiempo del que disponía, solamente pude acercarme a la zona de Raos (siguiendo los consejos de Ernesto Villodas, uno de los mejores conocedores de las aves de Cantabria y con un libro extraordinario: "Cúando y dónde ver aves en Cantabria"), zona más cercana a la que podía acudir. No conocía nada de este lugar y me sorprendió la variedad
de aves en un entorno tan sumamente industrializado y humanizado que, aun no
siendo la mejor época, pude disfrutar de una buena variedad de observaciones.
En este lugar hay dos zonas claramente diferenciadas; por un lado estaría la zona marítima y por otro la marisma.
En este lugar hay dos zonas claramente diferenciadas; por un lado estaría la zona marítima y por otro la marisma.
Zona marítima: esta zona se llena de aves en cuanto
comienza a bajar la marea. Aves que acuden a rebuscar entre las algas que van
quedando o en los limos de los playones que se van formando. Aves que no paran
un instante de moverse en busca de alimento. Aves como los diferentes tipos de
gaviotas entre las cuales las patiamarillas son las más abundantes, seguidas de
reidoras y cabecinegras, de estas últimas me sorprendió ver un grupo de unos 70
individuos (para alguien de interior eso es una barbaridad) entre los que había
varias anillas (blanca y verde) pero demasiado lejos para leerlas, muy pocas
sombrías y hasta una decena de los impresionantes gaviones que se movían como
gigantes dominadores de las carroñas de peces que aparecían en las islas que se
formaban al bajar la marea.
Junto a las gaviotas una legión de garzas reales,
garcetas comunes y espátulas patrullaban las orillas en busca de todo lo que
pudieran alcanzar. Entre las espátulas pude leer dos anilladas. Ambas espátulas son habituales de la bahía de Santander
donde acuden regularmente cada temporada.
La primera es la: GfGN/aGP (en la imagen superior la de la derecha). Anillada el 31 de mayo de
2015 por Klaus Gunther en Alemania. También ha sido vista en Holanda, Bélgica y
Alemania.
La segunda es la LGL/YfaB. Ejemplar anillado el 22 de julio
de 2013 por Otto Overdijk en Holanda que como nota curiosa 17 días antes de
verla se encontraba en su Holanda natal.
En los limos se movían zarapitos trinadores y reales,
chorlitejos grandes o correlimos comunes que parecían corredores de fondo en
comparación a sus grandes vecinos.
Los charranes patinegros descansaban en los playones o volaban patrullando la orilla lanzando impresionantes picados como pequeños misiles que, tenían su recompensa, en un buen número de ocasiones mientras, grupos de cormoranes grandes o moñudos se secaban plácidamente al sol.
Los charranes patinegros descansaban en los playones o volaban patrullando la orilla lanzando impresionantes picados como pequeños misiles que, tenían su recompensa, en un buen número de ocasiones mientras, grupos de cormoranes grandes o moñudos se secaban plácidamente al sol.
En el agua varios zampullines cuellinegros y somormujos
lavancos se sumergían constantemente mientras sus vecinos deambulaban por las
orillas.
Es increíble la adaptación de los animales a las zonas
humanizadas. Esta zona está muy industrializada y aun así las aves siguen su
vida cotidiana. Es inevitable pensar en ¿cómo sería esta zona sin este gran cambio
provocado por el hombre?
Zona de marisma: la otra gran zona corre paralela al
aeropuerto más otras pequeñas lagunas cercanas. Aquí podemos encontrar aves
completamente diferentes: ánade azulón, ánade friso, focha común, porrón
europeo, zampullín chico, pato cuchara y cerceta común que nadan plácidamente mientras
agachadizas comunes, andarríos grandes, correlimos comunes y algún
vuelvepiedras se mueven por las orillas y las garzas reales, cormoranes grandes
y espátulas descansan sobre la rocas que surgen como pequeñas islas de la
marisma.
También pude acercarme a comprobar la belleza de la costa
y el mar desde Liencres; para alguien de tierra adentro ver el mar es
fascinante, es una sensación placentera pero llena de fuerza, poderío y respeto.
Desde aquí pude observar una gran balsa de alcatraces pescando en constantes y
fulgurantes picados que entraban en el agua a una velocidad increíble para
remontarse nuevamente y comenzar otro nuevo picado.
| Alcatraces en la lejanía. |
El alcatraz es una ave pelágica de enorme belleza como
queda plasmada en las siguientes fotografías que tuve la suerte de sacar en
otra ocasión.
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